El impacto del cambio climático en la salud de los grupos vulnerables, por Patricia Barbado


Citar  Revista de derecho ambiental, editorial Abeledo Perrot, Newsletter 2009


Sumario: 1.- Introducción.- 2.- El cambio climático.- 3.- Concepto de vulnerabilidad.- 4.- La vulnerabilidad frente al problema del cambio climático y los derechos humanos.- 5.- La reorientación de la cultura como herramienta para contrarrestar el cambio climático


 


1.-Introducción


El presente trabajo aborda el impacto del cambio climático en la salud de la población haciendo foco en aquellos que conforman los llamados grupos vulnerables. Estarán presentes en nuestro estudio, algunos de los aspectos de esta grave amenaza que se cierne sobre la humanidad, cuyas consecuencias perjudiciales se irán agudizando si no se adoptan las medidas adecuadas para neutralizarlas, mitigarlas o evitarlas.


 


2.- El cambio climático


La Convención Marco de las Naciones Unidas atribuye -directa o indirectamente- este fenómeno a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y a la variabilidad natural del clima que se observa durante períodos comparables (Artículo 1, párrafo 2).


Para entender el concepto de cambio climático es necesario tener en cuenta que puede obedecer, tanto a factores naturales (como los cambios en la intensidad del sol o pequeños cambios en la órbita de la Tierra alrededor del sol) o a procesos naturales comprendidos en el sistema climático (por ejemplo, cambios en la circulación oceánica), como así también a las actividades humanas que modifican las condiciones atmosféricas y la superficie terrestre (por ejemplo, la deforestación, la desertificación, etc.).


Respecto de América Latina y el Caribe, una reciente investigación del Banco Mundial muestra algunas señales alarmantes. Allí se mencionan tanto el repliegue de glaciares que afecta los flujos estacionales de agua, como la muerte de selvas tropicales causando la  desertificación en vastas áreas de América del Sur, e incluso de América del Norte. También advierte un aumento de enfermedades como malaria (paludismo) o dengue y el declive de los arrecifes de coral impactando en las reservas pesqueras y el turismo de la zona caribeña. Asimismo, el estudio informa que ya se registró en la región una reducción de las lluvias y un aumento en las temperaturas a causa del cambio climático.


 


3.- Concepto de vulnerabilidad


El concepto de vulnerabilidad se refiere a un estado de riesgo o circunstancia desfavorable, de desventaja o carencia en el que se encuentran personas pertenecientes a un grupo identificable con relación al grado de satisfacción general de sus necesidades específicas.


La vulnerabilidad importa, pues, una condición de indefensión, una incapacidad para anticiparse, hacer frente, resistirse o reponerse del impacto de un evento de la naturaleza o de un acontecimiento social por no contar con los recursos para reducir sus efectos negativos.


En otras palabras, impide que los afectados por una situación determinada puedan conducirse normalmente en la cotidianidad de su devenir histórico, personal y social y se presenta como el resultado de la acumulación de desventajas y una mayor posibilidad de presentar un daño, derivado de un conjunto de causas estructurales o coyunturales que pueden ser naturales (por ejemplo, inundaciones o terremotos) o sociales (tales como conmociones, tensión,  crisis económicas) o de algunas características personales (v. gr., edad, género, estado físico o mental) y/o culturales (por ejemplo, pertenencia a una comunidad étnica, religiosa, etc.). 


Nuestra Constitución Nacional contempla los grupos vulnerables cuando en el art.  75 inc. 23 establece que el  Congreso “debe legislar y promover medidas de acción  positiva  que  garanticen la igualdad de oportunidades y de trato, y  el  pleno  goce  y  ejercicio  de  los  derechos reconocidos por la Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular, respecto de  los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad.


No obstante, existen otros colectivos que pueden presentar una mayor o menor vulnerabilidad derivada de las condiciones higiénicas en que viven sus integrantes, la degradación ambiental, la victimización, la pobreza, la enfermedad, la privación de la libertad, la pertenencia a comunidades indígenas o minorías, la migración y el desplazamiento interno o la circunstancia de habitar zonas carentes de agua, inestables, bajas e inundables o  propensas a los huracanes o en lugares aislados.


 


 


4.- La vulnerabilidad frente al problema del cambio climático y los derechos humanos


 


Según la OMS, el aumento del riesgo de fenómenos meteorológicos extremos e inclusive en las modificaciones de la dinámica de las enfermedades sensibles a las condiciones climáticas (por ejemplo, diarrea infantil, fiebre amarilla, mal de Chagas, cólera), configuran peligros para la salud, sobre todo si se pondera que en la actualidad ya se puede observar un aumento de la mortalidad por las olas de calor y algunas alteraciones de la distribución de los desastres naturales. También afirma este organismo internacional que el cambio climático afectará inevitablemente a necesidades básicas para el mantenimiento de la salud: aire y agua limpios, alimentos suficientes y abrigo adecuado.


No hay que olvidar tampoco que los efectos del cambio climático y de la degradación del medio ambiente natural son asimismo generadores de una carga extra de estrés que opera sobre los afectados como factor predisponente para la manifestación de violencias sociales.


Estos estresores creados por el cambio climático potencian la descomposición social y la pérdida de valores y fomentan la delincuencia y las agresiones físicas, pero también el desarrollo de conductas donde la violencia puede adquirir exclusivamente ribetes de índole psicológica mediante el ejercicio de comportamientos violentos que, al igual que las agresiones físicas, impactan en la salud de los afectados, máxime si éstos integran grupos vulnerables, dado que la propia fragilidad es un elemento potenciador de las consecuencias perjudiciales.   


Ahora bien, tanto las conductas humanas como también las políticas públicas causantes del cambio climático deberían ser percibidas como manifestaciones de falta de responsabilidad y de irracionalidad. Desde este punto de vista, resultan ser expresiones de una de las tantas formad de violencias sociales, ya que aparte de que son conductas que se oponen al modelo que tiene en cuenta el interés general o colectivo y los principios de solidaridad, causan daños o lesiones y crean de nuevas víctimas. También vulneran los derechos de las generaciones futuras y lo que es peor aún, constituyen una amenaza a su misma existencia.


Recortando entonces la problemática del cambio climático como objeto de estudio, surge evidente, desde este enfoque, que la cultura imperante es el factor que permite las actividades que degradan el medio ambiente, por lo que una intervención eficaz deberá necesariamente partir de la reorientación de las pautas culturales carentes de ética y de previsión que permiten que se desarrolle el cambio climático.


Frente a esta situación, los Estados tienen la obligación de proteger específicamente a los sectores vulnerables, ya que se trata de una necesidad que no es más que la formulación explícita de los derechos humanos que deben ser respetados y, por sobre todo, garantizados. Precisamente, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales ha declarado que los Estados tienen el deber de proteger a los miembros más vulnerables de la sociedad, incluso en momentos de grave escasez de recursos.


            Dicha protección deberá tener en cuenta que el cambio climático constituye un problema emergente de salud pública, la que, según la OMS, es la razón última de las estrategias contra este fenómeno.


En este orden de ideas, debemos tener presente asimismo que el derecho a la salud deriva del derecho a la vida y que éste es el primer derecho natural de la persona humana respecto del cual los restantes valores tienen siempre carácter instrumental. Preexiste además a toda legislación positiva ya que el derecho a la vida es un derecho implícito sin el cual no se podrían ejercer los demás derechos y que, obviamente, resulta reconocido y garantizado en nuestra Constitución Nacional, los tratados Internacionales de Derechos Humanos y  las leyes.


El art. XI de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre -cuya jerarquía constitucional le fue acordada en el art. 75 inc. 22 del nuevo texto de la Carta Magna- establece que toda persona tiene derecho a que su salud sea preservada por medidas sanitarias y sociales, relativas a la alimentación, el vestido, la vivienda y la asistencia médica.


Por otra parte, el art. 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos –también de jerarquía constitucional- dispone que toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar y, en especial, la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios.


El art. 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales –también con jerarquía constitucional como los anteriores- establece que entre las medidas que los Estados parte deberían adoptar a fin de asegurar la plena efectividad del derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental deberían figurar: el mejoramiento en todos sus aspectos de la higiene del trabajo y del medio ambiente (inc. b), la prevención y el tratamiento de las enfermedades epidémicas, profesionales y de otra índole y la lucha contra ellas (inc. c), y la creación de condiciones que aseguren a todos asistencia médica y servicios médicos en caso de enfermedad (inc. d).


Tampoco hay que olvidarse que este derecho está íntimamente vinculado con los principios de dignidad humana, ya que el pleno bienestar psicofísico es imprescindible para el ejercicio de la autonomía personal, pues un individuo gravemente enfermo no está en condiciones de optar libremente por su propio plan de vida.


 


5.- La reorientación de la cultura como herramienta para contrarrestar el cambio climático


 


La cultura que ha sido favorecedora del cambio climático deberá reorientarse inexorablemente hacia una concepción acorde con el panorama de nuestro tiempo y que opere según una nueva escala de valores construida en base al concepto de la responsabilidad de la especie, dejando de lado el viejo modelo de responsabilidad unitario y antropocéntrico, y tomando a la precaución como el motor del otro cambio necesario en el tratamiento de las actividades humanas potencialmente degradadoras que el medio ambiente viene sufriendo en los últimos años.


Si bien la OMS advierte que no será fácil revertir la disvaliosa incidencia del cambio climático en la salud pública en general, y su impacto más profundo en  los grupos vulnerables, considera que existen cursos de acción que deben ser seguidos.


En particular, este organismo señala que se puede reducir la exposición al cambio climático y sus efectos nocivos, controlando los factores predisponentes de enfermedades y reduciendo la contaminación generada por gases provenientes de los automóviles causantes del efecto invernadero mediante su reemplazo por bicicletas o transporte público. A ello se debe agregar el uso eficiente de la tierra y del agua.


En cuanto a la elaboración e implementación de políticas públicas, éstas deben apuntar a una gestión eficaz de riesgos que permita el control, la reducción o “mitigación” o la “evitación prudente” de los efectos adversos del cambio climático y, asimismo, la atención de las emergencias y de la recuperación post impacto.


Tanto la sociedad como los propios individuos no pueden permanecer ajenos a esta tarea.


Por ello, los esfuerzos deben ser articulados en conjunto e incluir la intervención de los interlocutores sociales para concientizar y sensibilizar a la sociedad civil y permitir, no sólo encontrar soluciones coyunturales que atiendan lo urgente, sino también los remedios a largo plazo que contemplen los derechos de las generaciones futuras, cuyo bienestar fue preocupación de la Carta de las Naciones Unidas y de instrumentos internacionales posteriores que lo enmarcaron, en una primera fase, en las cuestiones ambientales y, luego, en el desarrollo sustentable.


El campo de la ética se ha ampliado en la actualidad, siendo frecuentes las reflexiones sobre la incidencia del accionar humano en las generaciones futuras. Junto a la ética de la simultaneidad aparece entonces la ética diacrónica dirigida a la valoración de las consecuencias futuras de las conductas.


Siguiendo esta tendencia, el art. 4 de  la ley 25.675 consagra como principios rectores el de la equidad intergeneracional y el de solidaridad por cuanto dispone que los Estados nacional y provinciales tienen la responsabilidad de prevenir y mitigar los efectos ambientales transfronterizos adversos de su propio accionar, así como la minimización de los riesgos ambientales sobre los sistemas ecológicos compartidos.


En corredor paralelo, deja de ser prioritario el rol del principio de prevención en virtud del concepto jurídico clásico de responsabilidad que exigía un obrar diligente que contemplase las consecuencias previsibles de los actos. El principio precautorio consagrado en la Declaración de Río de 1992  asume ahora una posición protagónica pues tiende a evitar que se desencadenen efectos todavía desconocidos y, por lo tanto, imprevisibles, cuando exista la sospecha de un riesgo potencial de daño grave o inminente.


 


Bibliografía:


Bibiloni, Héctor J., El deber de preservación ambiental, J.A. 2008-III, fascículo 5 del 30.7.08, p. 47.


 


Goldenberg, Isidoro H. -  Cafferatta, Néstor A., El principio de precaución, JA 2002-IV-1442


 


Jaura, Armes, Cambio climático: Acciones para eludir crisis financiera, http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=90017


 


Kemelmajer de Carlucci, Aída, El principio de precaución en un documento de la UNESCO, Exposición efectuada en el 1° Programa de Capacitación Jurídica para Jueces de Cortes Supremas y demás tribunales de la justicia Argentina, Año 2005.


Kottow, Miguel, JA 2003-III-955, Vulnerabilidad, susceptibilidades y bioética.


Lavell, Allan , Sobre la Gestión del Riesgo: Apuntes hacía una Definición, http://www.bvsde.paho.org/bvsacd/cd29/riesgo-apuntes.pdf


Wilde, Zulema, Las viejas generaciones futuras, JA 2005-III-891 -  SJA 20/7/2005


 


http://www.alertatierra.com