La reparación integral de los daños causados por el acoso psicológico en el trabajo (mobbing) por Patricia Barbado


Fuente:  JA 2006-III-917 -  SJA 27/9/2006 


"El derecho que aspira a tutelar a la persona humana, salvaguardando su dignidad, no sólo no declina sino que se supera a sí mismo".


Eduardo Couture


SUMARIO:


I. Planteamiento del tema.- II. El derecho centrado en lo humano: La regulación legal de la violencia como necesidad impostergable.- III. La reparación integral de los daños materiales y morales causados por el acoso psicológico laboral (mobbing).- IV. Conclusiones


I. PLANTEAMIENTO DEL TEMA


Marie F. Hirigoyen explica que el acoso moral en el trabajo se manifiesta como un proceso de maltrato psicológico mediante el cual un individuo puede hacer pedazos a otro hasta un punto tal en el que el ensañamiento podría conducir, incluso, a un verdadero asesinato psíquico. Según la experta, este proceso involucra cualquier manifestación de una conducta abusiva y, especialmente, los comportamientos, palabras, actos, gestos y escritos que puedan atentar contra la personalidad, la dignidad o la integridad física o psíquica de un individuo, o que puedan poner en peligro su empleo o degradar el clima de trabajo (1) .


Precisa asimismo la experta que lo que se pretende es excluir a una persona de una comunidad privándola poco a poco de su identidad, su papel, su función, su categoría y de su imagen, "desintegrándola socialmente" y "anulándola simbólicamente". Cuando se acosa a una persona no se pretende, en realidad, criticar su trabajo sino que lo que se busca es desestabilizarla para dejarla inerme e incapaz de responder, hacerla perder el sentido y llevarla a la autoinculpación. Mientras tanto el agresor niega la violencia o su responsabilidad con justificaciones que se ponen en cabeza del agredido.


Para ilustrar un poco más sobre este proceso insidioso podemos añadir que tiene la finalidad de intensificar el trabajo para castigar, disciplinar, amenazar o simplemente obtener el placer de hacer daño (sadismo) a quienes están en una situación de inferioridad e indefensión.


"Ningunear", ese verbo (nuevo) tan de moda que mezcla indiferencia con subestimación, es una de las características más típicas de la violencia psicológica en el trabajo. También lo son las cargadas y ofensas permanentes de los compañeros y la desvalorización de las tareas (2) ; dificultar el ejercicio de sus funciones mediante la falta de consignas o consignas contradictorias; los requirimientos paradójicos, exigiendo sin proporcionar los medios; el ocultamiento de los logros y éxitos del trabajador; la exageración y difusión, fuera de contexto, de todos sus fallos, tanto reales como aparentes; comprometer su salud, física y psíquica, mediante una constante presión estresante que favorece las alteraciones depresivas, psicosomáticas, y actos de huida que pueden llegar hasta la renuncia brusca al puesto laboral o al suicidio; la asignación de funciones sin sentido, tareas degradantes o misiones por debajo de la cualificación del trabajador, o la privación de ellas; la desacreditación pública atribuyéndole sistemáticamente errores, despreciando o descalificando su trabajo en presencia de otros compañeros, o comparándolo con otro supuestamente mejor; la crítica de aspectos de la personalidad o de la vida privada de manera continua, hablando mal a sus espaldas y ridiculizando a la víctima; dar a entender que tiene problemas psicológicos (3) , entre otras conductas que pretenden reducir o menoscabar el propio valor del afectado.


Las recientes investigaciones realizadas han hecho posible que se pueda visibilizar este tipo de violencia, porque antes permanecía oculto y escondido por una cultura que no nos dejaba incursionar en el terreno de lo sutil, pero real e insidioso, que permanecía inadmisiblemente impune y exento de reproche. Afortunadamente ahora lo sutil es evidente, pero lo que es más importante aún es que ello permite augurar un cambio fundamental en las relaciones humanas, tanto en lo cotidiano como en la faz laboral, que involucra a la vida misma (4) .


II. EL DERECHO CENTRADO EN LO HUMANO: LA REGULACIÓN LEGAL DE LA VIOLENCIA COMO NECESIDAD IMPOSTERGABLE


La persona humana es el centro del mundo y eje del sistema jurídico (5) , y, en tanto fin en sí mismo -más allá de su naturaleza trascendente-, es inviolable y constituye el valor fundamental con respecto al cual los restantes valores tienen siempre carácter instrumental.


Según Mosset Iturraspe, para captarla en su totalidad y en profundidad el saber jurídico requiere de una complementación con otros saberes: médicos, psicológicos, psiquiátricos, antropológicos, sociológicos e incluso filosóficos (6) .


En esta nueva etapa en la dinámica evolución del Derecho que transitamos se ha dejado atrás una prolongada indiferencia de los juristas respecto de la protección preventiva, unitaria e integral del ser humano (7) . Recién en las postrimerías del siglo XX ocupa el lugar céntrico que le corresponde en el escenario jurídico, desplazando al patrimonio de este lugar de privilegio -que fue su sitial por siglos- por el que realmente corresponde en la jerarquía de valores. Nadie puede discutir que se debe proteger el patrimonio de cada cual, indispensable para su realización personal, pero es axiológicamente más importante la tutela de la persona humana, en sí misma y en cuanto fin supremo de la sociedad y del Estado (8) .


Desde el enfoque humanístico que proponen las actuales corrientes de pensamiento, y tomando al hombre como centro del universo jurídico, no se puede dudar de los efectos devastadores que el acoso psicológico tiene sobre el trabajador al incidir negativamente sobre su integridad física y psíquica por la patología grave que en muchos supuestos se desencadena, sin dejar de señalar el costo extraordinario que presenta también para la propia empresa (despidos, licencias por enfermedad, crisis en el ambiente laboral) (9) , ya que reduce su eficacia y eficiencia por la degradación del clima laboral y por la reducción de la productividad de los trabajadores debido a la confusión mental que genera (10) .


Consideramos impostergable que se encare la regulación legal del problema, pues la seguridad y las garantías no surgen de manera espontánea, sino como fruto del consenso colectivo y la inversión pública.


Pero, además, si partimos de la base de que el Derecho debe rescatar necesariamente los valores y no puede dejar impunes los actos de violencia laboral que avasallan los derechos fundamentales de la persona, debemos evitar que en nuestro país más personas que las que ya consignan las estadísticas oficiales de desempleo queden "fuera del sistema" a consecuencia del maltrato que sufren. No parece justo que a los trabajadores se les dé a entender que deben estar preparados para aceptar cualquier cosa con tal de conservar su empleo, inclusive la violencia (11) .


La Corte Suprema ha señalado que el art. 14 bis CN. (LA 1995-A-26) no ha tenido otra finalidad que hacer de todo hombre y mujer trabajadores sujetos de preferente tutela constitucional, norma que se ha visto fortalecida y agigantada por la singular protección reconocida a toda persona trabajadora en textos internacionales de derechos humanos, que desde 1994 tienen jerarquía constitucional (art. 75  inc. 22 CN.) (12) .


Además, tanto la prevención como la erradicación de la violencia en el trabajo en cualquiera de sus formas son prioridades de salud pública. La Organización Mundial de la Salud (13) y la Organización Panamericana de la Salud reconocen que la violencia es un obstáculo para el desarrollo de las Naciones y una amenaza para la salud pública. Si consideramos que salud se define -según el Hastings Center- como la experiencia de bienestar e integridad del cuerpo y la mente, caracterizada por una aceptable ausencia de condiciones patológicas y, consecuentemente, por la capacidad de la persona para perseguir sus metas vitales y para funcionar en su contexto social y laboral habitual, es evidente que el mobbing siempre causa daños a quienes lo padecen. Tengamos en cuenta también que el derecho a la salud deriva del derecho a la vida y es complemento indispensable de todo proyecto vital, está expresamente consagrado en instrumentos internacionales incorporados a la Constitución Nacional después de la reforma de 1994 (14) y aparece asimismo consagrado en la Carta Magna (15) .


En la actualidad la violencia ha dejado de enfocarse indirectamente y de esconderse tras apelativos como "cuestiones de salud pública controvertida" y "hecho inevitable de la vida", para reconocerse como una epidemia soslayada que pronto superará a las enfermedades infecciosas como causa principal de morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo. Por ende, la conceptualización, la medición y el análisis de las conductas violentas en diferentes contextos y la comprensión de sus causas y factores asociados deben ser tareas urgentes a implementar para orientar las acciones de salud pública, poniendo el acento en la prevención de la violencia y en la atención a las víctimas (16) .


III. LA REPARACIÓN INTEGRAL DE LOS DAÑOS MATERIALES Y MORALES CAUSADOS POR EL ACOSO PSICOLÓGICO LABORAL (MOBBING)


Como consecuencia de los comportamientos de acoso los trabajadores pueden presentar diversos síntomas psicosomáticos y reacciones anormales hacia el trabajo y el ambiente laboral. Este fenómeno, a diferencia de la violencia física, se caracteriza por no mostrar señales externas, a no ser por el deterioro progresivo de la víctima, que suele ser atribuido intencionalmente a otras causas, tales como problemas de relación, de personalidad, carácter difícil o bien incompetencia profesional, lo cual es aprovechado hábilmente por el acosador para reforzar sus ataques.


Hay que tener presente que el acoso psicológico en el trabajo produce un daño pluriofensivo, progresivo y continuo que lleva una carga capaz de desintegrar la dignidad en sí misma considerada (no la pretendida "dignidad laboral") como valor jurídico que sustenta el orden político y la paz social (17) .


Piñuel y Zabala dice que las víctimas de la violencia psicológica en el trabajo comparten con otras víctimas de la violencia, tales como las del terrorismo, las de los campos de concentración y las de las violaciones, el llamado "síndrome de estrés postraumático". Precisa asimismo que en la situación de acoso no concurre un único acto de violencia, sino una serie de actos que provocan verdaderos microtraumatismos.


Hirigoyen hace hincapié también en este extremo cuando explica que en el proceso de acoso se realizan pequeños ataques repetidos, a menudo sin testigos, a veces no verbales, o ambiguos, por ser susceptibles de doble interpretación. Cada ataque por separado no es verdaderamente grave, pero el efecto acumulativo de tales microofensas frecuentes y repetidas constituye una agresión (18) .


En la misma línea argumental, Blanco Barea y López Parada (19) advierten que las manifestaciones clínicas de quien sufre acoso moral se asemejan a los del síndrome de desgaste profesional, o burnout, aunque con mayores dudas sobre la autoidentidad, y con tendencia a la idealización de las mismas estructuras o personas responsables de la persecución. Entre las manifestaciones que señalan se encuentran las siguientes: a) cansancio emocional, que se traduce en agotamiento físico y psíquico, abatimiento, sentimientos de impotencia y desesperanza, desarrollo de un autoconcepto negativo y actitudes negativas hacia el trabajo y la vida en general; b) evitación y aislamiento, traducidos en su conducta a través de ausentismo laboral, resistencia a participar en reuniones o a enfrentarse con personas, o en su actitud emocional, que se vuelve fría, distante y despectiva; c) sentimiento complejo de inadecuación personal y profesional, con deterioro progresivo de su capacidad laboral y pérdida de todo sentimiento de gratificación personal en el trabajo.


Como se puede apreciar, los daños que se generan son de variada índole, y para repararlos se debe partir de una comprensión profunda del problema que permita mensurar en su real magnitud cómo resulta afectada la persona sometida a un proceso de acoso, para lo cual el nuevo "Derecho de Daños" ofrece una perspectiva más humanista, pues al desplazar al sistema de responsabilidad civil busca la tutela de la persona en forma íntegra y el ideal de la restitutio in integrum de las consecuencias, de todo orden, generadas por un daño al ser humano.


Han quedado superadas, pues, la postura que identificaba al daño como un simple menoscabo a los bienes y las opiniones que lo concebían como la lesión a un derecho subjetivo, las cuales habían brindado una noción mezquina y acotada del fenómeno del daño, por cuanto éste implica siempre la lesión a un interés patrimonial o extrapatrimonial, jurídicamente protegido, que provoca consecuencias patrimoniales o extrapatrimoniales, respectivamente (20) .


En esta misma línea, Fernández Sessarego señala que para descubrir la existencia y complejidad del daño a la persona es menester hacer girar el Derecho en torno al ser humano, porque sólo comprendiendo al ser humano, a la persona, es posible distinguir la diversa y compleja gama de daños que se le pueden causar, su diferente entidad y las consecuencias que ellos representan para su vida. De esta manera se consigue determinar las reparaciones adecuadas que merece cada tipo de daño (21) .


Ahora bien, siendo los intérpretes quienes deben categorizar los daños a través de las múltiples y mudables posibilidades que les proporciona una interpretación funcional del Derecho, es oportuno recordar aquí las recomendaciones de la Comisión 1 del II Congreso Internacional de Derecho de Daños, celebrado en Buenos Aires en 1991. En esa ocasión se consideró que: "a) la persona debe ser protegida no sólo por lo que es y en la integridad de su proyección; b) debe jerarquizarse la esfera espiritual, biológica y social del hombre, sin dejar de tener en cuenta que los bienes materiales son necesarios para preservar su dignidad; c) el daño a la persona configura un ámbito lesivo de honda significación y trascendencia en el que pueden generarse perjuicios morales y patrimoniales; y d) la reparación del daño a la persona debe ser plenamente adecuada a la magnitud de lo que representa, descartando las indemnizaciones simbólicas" (22) .


Antes de la reforma de 1994 la regla de Ulpiano (alterum non laedere) estaba contemplada en la parte 2ª del art. 19 CN. (23) . Ahora se desprende también de la consagración de los derechos humanos (24) , por cuanto dicha regla es el fundamento básico de los derechos humanos. Es, además, el primer precepto jurídico y moral que debe ser respetado en una sociedad civilizada, un principio general del Derecho que subyace en numerosas normas jurídicas, más allá de la cláusula general del art. 1109  CCiv. (25) , y se puede inducir de numerosas preceptivas, pero fundamentalmente constituye el deber de conducirse en la vida en sociedad con la debida prudencia y diligencia, de forma tal que el comportamiento de cada uno no ocasione perjuicios a los otros individuos, sea en sus personas o en los bienes y cosas de su pertenencia.


En las causas "Santa Coloma v. Ferrocarriles Argentinos" y "Gunther v. Estado Nacional"  (26) la Corte Suprema declaró que el art. 19  Carta Magna prohíbe a todas las personas dañar al prójimo o perjudicar derechos de terceros; regla que consagran también los arts. 1109 y 1113 CCiv., por cuanto el principio alterum non laedare, que se encuentra vinculado a la idea de reparación, tiene raíz constitucional y la reglamentación que efectúa el Código Civil en cuanto a las personas y las responsabilidades consecuentes no las arraiga con carácter exclusivo y excluyente en el Derecho Privado, sino que expresa un principio general que alcanza a cualquier disciplina jurídica.


Con posterioridad, en la causa "Aquino, Isacio v. Cargo Servicios Industriales S.A. s/accidente ley 9688 ", 21/9/2004, el alto tribunal afirmó que el hecho de que los menoscabos a la integridad psíquica, física y moral del trabajador, prohibidos por el principio alterum non laedere, deban ser indemnizados sólo en cuanto a la pérdida de la capacidad de ganancias del trabajador -y de manera restringida- vuelve al art. 39 inc. 1 LRT. contrario a la dignidad humana, ya que ello entraña una suerte de pretensión de "reificar" a la persona, por vía de considerarla no más que un factor de la producción, un objeto del mercado de trabajo.


También la teoría del abuso del derecho está ínsita en la legislación laboral, y por remisión interpretativa al Derecho común (art. 1071 CCiv.), quien no ejerce en forma regular sus derechos, al agraviar innecesariamente la dignidad del trabajador, debe responder por el perjuicio causado.


La conducta media exigible es la del "buen empleador", en la que está presente el principio de la buena fe, excluyéndose toda forma de abuso del derecho, debiendo ponderarse siempre la desigual situación de las partes, en el plano económico, jurídico y social, y la dependencia de uno de los sujetos frente a la posición dominante de la otra parte (27) . Por tal razón, promover un proceso de acoso psicológico o consentir que suceda importa el incumplimiento del empleador de sus deberes, que lo obligan al respeto de la dignidad humana (28) .


La Corte Suprema también señaló que frente a los riesgos psicosociales el trabajo humano tiene características que imponen su consideración con criterios propios que obviamente exceden el marco del mero mercado económico y que se apoyan en principios de cooperación, solidaridad y justicia comprendidos en la Constitución Nacional, que obligan a quienes utilizan los servicios a la preservación de quienes los prestan (29) . Por ende, no sólo el empleador tiene como obligación principal la de satisfacer la prestación remuneratoria que tiene sustancia eminentemente patrimonial, sino que asimismo es deudor de la obligación de seguridad, la cual le impone adoptar todas las conductas positivas que, según el tipo de trabajo, la experiencia y la técnica, sean necesarias para tutelar la integridad psicofísica del trabajador, y es la genérica imputación del deber de obrar con especial prudencia y previsión (calificante según los arts. 902 y 909 CCiv.), de un grado de previsibilidad superior al del hombre medio (30) . Por lo tanto, su responsabilidad debe juzgarse con un estándar agravado, ya que su condición de empleador lo responsabiliza de manera peculiar.


Es indudable que ese deber incluye la protección del trabajador por los riesgos psicosociales, entre los cuales se ubica el acoso moral en el trabajo (31) . Los menoscabos a la integridad psíquica, física y moral del trabajador están prohibidos por el principio alterum non laedere (32) y se pueden materializar en los procesos de acoso moral en el rechazo de comunicación directa, la desacreditación y el aislamiento del afectado (33) , o bien mediante el proceder dirigido a socavar su ánimo y su voluntad para lograr su retiro "voluntario", cambiándolo de oficina varias veces, no asignarle tarea alguna, convocarlo continuamente a "Recursos Humanos", asignarle tareas que físicamente superan sus capacidades (34) , conductas todas contrarias al comportamiento exigible a un "buen empleador" y que sin duda generan angustias y padecimientos que deben ser motivo de una reparación ejemplificadora (35) .


En definitiva, si el empleador instala tales comportamientos abusivos o los consiente, ello demuestra un desprecio absoluto del principio de buena fe y de prudencia que le exige su carácter de tal.


IV. CONCLUSIONES


En tanto el moderno Derecho de Daños tiende hacia la tutela de la víctima, es obvio que esta protección debe ser más intensa cuando la víctima es un trabajador, porque no tiene otro capital que su salud, ni otra forma de vivir que poniendo a disposición de otro su fuerza de trabajo.


Partiendo de la base de que el derecho a la reparación importa una prolongación de la seguridad jurídica, valor ínsito en el ordenamiento fundamental del Estado que deviene consecuencia lógica de la violación de un derecho y es un desprendimiento conceptual del derecho de propiedad y del valor justicia, que tiene, además, raíz constitucional, creemos que la reparación integral debe contemplar la real existencia y la verdadera dimensión de los daños materiales y morales causados a la integridad psicofísica del trabajador, tal como lo establece la ley 23592 (LA 1988-C-3136) al ordenar la reparación de todos los daños causados por las conductas discriminatorias.


De lo contrario la insuficiencia del resarcimiento termina legitimando estas conductas, se pervierte el sistema de derecho, al conceder impunidad de alguna forma al responsable de la reparación, y se vulnera la percepción social sobre la eficacia del orden vigente, lo cual provoca desaliento.


Para finalizar diremos que la resistencia a la regulación legal del tema argumentando una eventual "industria del juicio", o bien el aumento de la litigiosidad o de los costos laborales, no es nada más que un enunciado derrotista que postula la imposibilidad de encontrar a través del Derecho las soluciones eficaces para erradicar o prevenir la violencia laboral, sin tener en cuenta que el Derecho es básicamente una herramienta para resolver problemas (36) .


NOTAS:


(1) Hirigoyen, Marie F., "El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana", 1999, Ed. Paidós, Barcelona. Precisamente esta definición es la que transcribe la C. Nac. Trab., sala 6ª, en la causa "Perinetti, Daniel v. Megrav S.A. s/despido", del 4/8/2000.


(2) Neffa, J. C., opinión vertida en "El infierno en la oficina", http://.


(3) Fernández, A., "El acoso moral en el trabajo", .


(4) Hirigoyen, Marie F., conferencia dada en Valencia, 17/9/2004, subvencionada por la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, .


(5) Kemelmajer de Carlucci, A., "El daño a la persona. ¿Sirve al Derecho argentino la creación pretoriana de la jurisprudencia italiana?", Rev. de Derecho Privado y Comunitario, n. 1, p. 69.


(6) Mosset Iturraspe, J., "El daño fundado en la dimensión del hombre en su concreta realidad", Rev. de Derecho Privado y Comunitario, n. 1, p. 9.


(7) Fernández Sessarego, C., "Nuevas reflexiones sobre el daño psíquico", Rev. de Responsabilidad Civil y Seguros, t. 2000, p. 135.


(8) Mendelewicz, J. D., "El daño existencial. Alcances de la doctrina y jurisprudencia italiana", LL Supl. Act. del 30/9/2004, p. 2.


(9) Juzg. de lo Social n. 2, Girona, 19/8/2001, ; Hirigoyen, Marie F., "El acoso moral en el trabajo", p. 135 y ss.


(10) Pacheco Vásquez, A., "El mobbing o acoso moral en el trabajo", .


(11) Barbado, P., "La necesidad del tratamiento legal de la violencia laboral", JA 2005-II-901 .


(12) Corte Sup., 21/9/2004, "Aquino, Isacio v. Cargo Servicios Industriales S.A. s/accidentes ley 9688 ", RDLSS 2004-19-1362.


(13) Informe Mundial sobre la Violencia de la Organización Panamericana de la Salud para la Organización Mundial de la Salud, 2002, Washington DC., .


(14) Ver arts. 1 Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (LA 1994-B-1607); 3 Declaración Universal de Derechos Humanos (LA 1994-B-1615); 6 Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (LA 1994-B-1639); 4 V Convención Americana de Derechos Humanos (LA 1994-B-1615); 6 Convención de los Derechos del Niño (LA 1994-B-1689); etc.


(15) El art. 42 CN. hace mención a la salud de los consumidores, y en el art. 75 inc. 2, se establece que le incumbe al Congreso dictar un régimen de protección del niño en situación de desamparo y de la madre durante el embarazo y la lactancia.


(16) Scialpi, D., "La violencia en la gestión de personal de la Administración Pública, como condición necesaria para la corrupción", .


(17) Blanco Barea, M. J. y López Parada, J., "La dignidad y el mobbing en un Estado social y democrático de Derecho", .


(18) Hirigoyen, M. F., "Conferencia sobre el acoso moral en el trabajo", presentación subvencionada por la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, 17/9/2004, Valencia.


(19) Blanco Barea, M. J. y López Parada, J., "La dignidad y el mobbing en un Estado social y democrático de Derecho" cit.


(20) Calvo Costa, C. A., "Las nuevas fronteras del daño resarcible", LL del 17/8/2005.


(21) Fernández Sessarego, C., "Daño moral y daño al proyecto de vida", Rev. de Derecho de Daños, n. 6, p. 25.


(22) Mosset Iturraspe, J., "El daño fundado en la dimensión del hombre en su concreta realidad" cit.


(23) Kemelmajer de Carlucci, A., "La Ley sobre Riesgos del Trabajo 24557 y los principios generales del derecho de daños desde la óptica del Derecho Constitucional", Revista de Derecho Privado y Comunitario, n. 15, p. 265 y ss.


(24) El art. 75 inc. 23 CN. impone preservar el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por la Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos.


(25) Calvo Costa, C. A., "Las nuevas fronteras del daño resarcible" cit.


(26) 5/8/1986, ED 120-649.


(27) Goldenberg, I. H., "El daño moral en las relaciones de trabajo", Rev. de Derecho de Daños, n. 6, p. 261.


(28) C. Nac. Trab., sala 6ª, "L., M. C. v. Mario A. Salles S.A. y otro", del 22/12/2005.


(29) Corte Sup., 21/9/2004, "Aquino, Isacio v. Cargo Servicios Industriales S.A. s/accidentes ley 9688 ".


(30) C. Nac. Trab., sala 7ª, 27/8/1993, "Rivarola, Virgilio v. Antognoni, Carlos s/despido" .


(31) Flores Vera, J. A., "Perspectivas jurídicas del acoso moral en el trabajo en la legislación española", JA 2005-II, número especial del 27/4/2005, p. 27; Velázquez Fernández, M., "El tratamiento jurídico legal de la violencia en el trabajo", JA 2005-II, número especial del 27/4/2005, p. 89.


(32) Corte Sup., 21/9/2004, "Aquino, Isacio v. Cargo Servicios Industriales S.A. s/accidentes ley 9688 ".


(33) C. Nac. Trab., sala 6ª, "L., M. C. v. Mario A. Salles y otro", del 22/12/2005 .


(34) C. Nac. Trab., sala 1ª, "Quinteros, Néstor A. v. Telecom Argentina -Stet-France Telecom", del 22/5/2003.


(35) C. Nac. Trab., sala 6ª, "L., M. C. v. Mario A. Salles y otro", del 22/12/2005 .


 


(36) Lorenzetti, R. L., "Teoría de la decisión judicial, Fundamentos de Derecho", 2006, p. 11 y nota 2.