La vulneración de los derechos humanos de las mujeres por la violencia psicológica en el trabajo, por Patricia Barbado






Citar Lexis Nº  0003/013728


"La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano". Concepción Arenal


SUMARIO:


I. Introducción.- II. La violencia psicológica contra las mujeres trabajadoras.- III. Análisis de casos.- IV. Los derechos humanos de las mujeres vulnerados por la violencia psicológica en el trabajo.- V. Reflexiones finales


I. INTRODUCCIÓN


La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer (Convención de Belém do Pará, adoptada en 1994) expresa la convicción de que "la eliminación de la violencia contra la mujer es condición indispensable para su desarrollo individual y social y su plena e igualitaria participación en todas las esferas de la vida" (1) .


Partiendo de este postulado y efectuado el análisis de la problemática de la violencia laboral desde una perspectiva de género, se observa que los lugares de trabajo proporcionan también un escenario donde la mujer es objetivizada y discriminada por el solo hecho de ser mujer. Las ideologías machistas tienen raíces muy profundas y al ser generalmente aceptadas terminan reafirmando el poder dado socialmente al hombre y, al propio tiempo, conducen a la admisión de un rol de sometimiento de la mujer, como objeto e inferior, lo cual favorece la proliferación de la violencia en su contra, incluso en las formas más sutiles de maltrato que están involucradas en los procesos de acoso laboral tanto sexual como psicológico.


No hay que olvidar que el género como significación cultural asignada a las diferencias biológicas relacionadas con la reproducción y los rasgos fisiológicos entre los seres humanos (2) , resulta una construcción que altera disvaliosamente la percepción que el hombre tiene de la mujer y viceversa, lo cual permite reproducir un círculo de violencia a partir de relaciones de poder abusivas del hombre respecto de la mujer en cualquier aspecto y situación de la vida (3) . Podemos ver entonces cómo la asignación de roles se traslada al mundo del trabajo, donde el fenómeno de la violencia se acentúa aún más por la degradación de los valores y la perversión que actualmente experimentan las relaciones sociales en general y los vínculos laborales en particular. Juan Pablo Gallego explica cómo el concepto de género ha circulado durante siglos en el imaginario colectivo. Recuerda que Aristóteles decía que la mujer era un "macho defectuoso" y que Santo Tomás sostenía, siguiendo al Estagirita, que era "algo imperfecto y ocasional, ya que la virtud activa, que reside en el semen del varón, tiende a producir algo perfecto semejante a sí mismo en el género masculino. Y que nazca mujer se debe a la debilidad de la virtud activa, o bien a la mala disposición de la materia, o también a algún cambio producido por un agente extrínseco, por ejemplo, los vientos australes...", que "...son húmedos". A su vez, Ramón y Cajal afirmaba que la mujer "es la píldora amarga que la naturaleza y el arte han complacido en dorar para que el hombre la trague más fácilmente"; y, por su parte, Marañón sostenía que el trabajo de la mujer "...está ligado directamente al sexo, como actividad frontera y paralela a la femenina de la maternidad".


Esta problemática, remarca Gallego, requiere un abordaje en condiciones similares al que tienen la violencia familiar y al abuso sexual infantil, por lo que, como toda manifestación de violencia, su análisis requiere el estudio de las dimensiones culturales y de las relaciones de poder, sin descuidar la atención eficaz de las personas afectadas (4) .


Lo expuesto nos aclara por qué la propia cultura patriarcal determina que el colectivo de las mujeres presente una especial vulnerabilidad también en el área laboral.


Belvy Mora apunta que las condiciones de trabajo para las mujeres nunca han sido fáciles, pues siempre fueron discriminadas con las dificultades de contratación, los menores salarios y la doble jornada, entre otros factores que también se han utilizado para legitimar y mantener la relación entre los géneros en términos de poder, lo cual aparece evidente en los procesos de acoso laboral (5) . Mirian Curletti explica que las mujeres no sólo padecen con más incidencia el abuso de poder por condicionamientos de género, sino que también padecen otra forma invisible de violencia con la discriminación que se observa en la inequidad salarial o en el fenómeno llamado "techo de cristal", que opera como un límite invisible al desarrollo ascendente de la carrera de las mujeres, impidiéndoles acceder a cargos de mayor jerarquía y poder de decisión (6) .


También la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral, creada por la resolución MTEySS 0/2007, que funciona en el marco de la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres en el Mundo Laboral, en el informe presentado en el año 2007 da cuenta de los resultados de la labor cumplida durante el período de enero a septiembre de ese año y destaca que, observando todas las situaciones de violencia de manera conjunta, se advierte que la violencia sexual es la sufrida en mayores proporciones por las mujeres hasta llegar al 95%, en tanto que la violencia psicológica afecta a los varones en una proporción levemente mayor (7) . Sin embargo, esta diferencia se desdibuja si consideramos que ambas formas de violencia son psicológicas, ya que necesariamente implican conductas amenazantes, intimidatorias y coercitivas.


Pero el problema se profundiza aún más si reparamos en que las mujeres, hoy en día, asumen casi con exclusividad la responsabilidad simultánea de mantener la familia y de cuidar del hogar. Además, según el informe elaborado en agosto de 1999 por el INDEC, ya existía para esa época una segregación horizontal porque los tipos de tareas reservadas a las mujeres "son precarias, de baja productividad, con remuneraciones comparativamente menores en igual tarea que los varones, etc." (8) . Por otro lado, el Censo de Población, Hogares y Viviendas de 2001 del citado organismo indica que las mujeres se encuentran entre los grupos más vulnerables a la precariedad laboral (9) .


Siguiendo estas premisas, a lo largo de las reflexiones expondremos cómo se manifiesta la violencia psicológica ejercida contra las mujeres en el lugar de trabajo mediante los procesos de acoso sexual y psicológico (fenómeno éste llamado también "mobbing" (10) ). Para ello tomaremos como eje de la investigación los fallos más significativos dictados tanto por la jurisprudencia nacional como por tribunales extranjeros.


En algunos de ellos se puede observar cómo el proceso de acoso sexual contiene actitudes persecutorias y de maltrato compatibles con las del acoso psicológico, y que éste se puede desencadenar cuando el acosador no logra concretar sus intenciones libidinosas. Marie France Hirigoyen ya había advertido esta posibilidad cuando señalaba que el acoso sexual no es sino un paso al hostigamiento moral y que si las mujeres rechazan los avances de un superior o de un colega, se ven marginadas, humilladas y maltratadas (11) , lo cual también fue reconocido explícitamente por la jurisprudencia nacional (12) .


Analizaremos, asimismo, cómo los vínculos de poder son facilitadores del desarrollo de este tipo de violencia ejercida contra las mujeres trabajadoras que atenta contra su integridad psicofísica, su dignidad y al derecho a una vida libre de violencia; al propio tiempo se podrá advertir que se trata de un problema grave de seguridad personal y de salud reconocido como tal por la OIT (13) .


II. LA VIOLENCIA PSICOLÓGICA CONTRA LAS MUJERES TRABAJADORAS


En el ámbito laboral se observa que las víctimas de maltrato, discriminación, acoso sexual y mobbing pueden ser mujeres u hombres. Sin embargo, no se puede discutir que la incidencia respecto de las mujeres es mayor, pues está basada en relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, donde el varón es el agresor y las mujeres las víctimas, debido a que éstas carecen de poder o se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, o bien se las percibe como competidoras por el poder (14) . Además, siempre su ejercicio responde a estereotipos socioculturales admitidos, cuenta con el aval social y el respaldo histórico del pensamiento colectivo (15) y se apoya en las más variadas y extravagantes justificaciones (16) .


En el ámbito del trabajo, el acoso sexual -que según la OMS es una forma de violencia sexual- resulta ser la expresión más difundida o perceptible con que se manifiesta la violencia laboral contra la mujer. Su explicación no se encuentra en el erotismo ni en la atracción de los sexos sino en las relaciones de poder, porque, tal como lo explica Belvy Mora, citando a Sue Wise y Liz Stanley, el acoso sexual constituye un mecanismo de control del varón para dominar y subordinar a la mujer, convirtiéndola en un objeto del cual puede disponer a conveniencia.


Examinando la relación entre violencia y masculinidad, Marina Graziosi señala que las mujeres representan en la criminalidad del mundo no más del 5%, o sea, un porcentaje mínimo (17) . Esto nos permite afirmar entonces que ambos conceptos presentan una estrecha relación, a punto tal que para Ester Nani van juntos (18) . Según Marie France Hirigoyen, las normas de virilidad justifican las conductas de violencia y dominación (19) , y Jorge Corsi considera a la violencia masculina como emergente de las relaciones de poder legitimada culturalmente a consecuencia de la socialización de género (20) . Por su parte, María S. Villaverde explica que es un componente propio de la masculinidad debido a que basta con que se piense que los varones, por su naturaleza, son los que deben mandar, para que quede justificado el maltrato y la subordinación de las mujeres. Sólo a partir del reconocimiento de los roles y los atributos asociados a tales roles asignados en razón del género es posible inaugurar un cambio (21) .


III. ANÁLISIS DE CASOS


El recorrido de los pronunciamientos nacionales y extranjeros, efectuado desde la perspectiva de género, nos permitió llegar a las siguientes conclusiones.


Por lo pronto, hay pocos antecedentes (22) , lo cual se puede deber al desconocimiento de los derechos de las víctimas, a la imposibilidad de acceder a la defensa legal o a su silencio (23) o al miedo a perder el trabajo (24) , ya que, en algunos casos, la consecuencia de la denuncia puede dar lugar al despido, el cual en estos supuestos merece ser calificado como discriminatorio (25) . También sucede que muchos de los casos de violencia laboral son conciliados, pues las empresas prefieren mantener las denuncias en reserva para cuidar su imagen y no perder prestigio (26) .


Se ha advertido, asimismo, el indudable impacto en la salud de estas formas de violencia (27) , como el síndrome depresivo reactivo en período de estado moderado a grave (28) , que puede llevar hasta el suicidio (29) , y los ataques de pánico (30) , entre otras manifestaciones.


Por otra parte, la vulnerabilidad social es un factor que puede estar acrecentado por tener las mujeres una posición cultural inferior (31) , timidez o condicionamiento como tales (32) , o por ser la trabajadora el único sostén del hogar y la escasez del trabajo (33) , por necesitar el trabajo para pagar el alquiler (34) , por haber padecido una licencia por enfermedad (35) o ser portadora de VIH (36) , por la inexperiencia laboral y las cargas de familia (37) , por ser el primer empleo (38) o bien por estar sola o sin pareja (39) .


Otro factor determinante que se debe considerar cuando se trata de mujeres víctimas de violencia laboral es el menosprecio que sufren y el consiguiente descreimiento por su condición de mujer. En algunos de los casos que hemos revisado se ha aludido: a) a su falta de salud mental, descalificándosela con motes como "loca", "chapi", "multiuso" (40) , desequilibrada psíquicamente (41) ; b) a la conducta sexual de la víctima, a las varias relaciones con clientes de la empresa y su actitud de seducción, por su vestimenta provocativa (42) ; c) a su comportamiento equívoco (43) ; y d) a la relativa importancia de los testimonios por provenir de personas de sexo masculino "amigos" de la víctima (44) .


También se afecta su dignidad como mujeres cuando se las ataca con comentarios y gestos de índole sexual (45) , se las discrimina al ser despedidas por estar embarazadas (46) o por padecer enfermedades como epilepsia (47) , o se investigan sus antecedentes psiquiátricos o su vida personal y familiar, que en caso de existir sólo indican que el acosador tiene en cuenta la especial vulnerabilidad de su víctima, sin que sirvan, de ninguna manera, para justificar el maltrato (48) .


Un comentario especial merece la forma de violencia psicológica conocida como "acoso sexual ambiental", que se presenta en los lugares de trabajo donde el trato es intimidatorio, hostil o humillante para la trabajadora, a pesar de que no exista una amenaza concreta de pérdida del trabajo o desmejoramiento de las condiciones laborales. Podemos sostener entonces que constituye también una manifestación de acoso moral con connotaciones sexuales porque se la denigra con comportamientos obscenos, soeces, burdos y toscos, y se busca que la víctima abandone el trabajo (49) . Un ejemplo de esta situación se puede observar en el filme "Tierra fría" (50) , que relata las vicisitudes de una trabajadora de una mina de Minnesota, Estados Unidos, que fue hostigada por los compañeros varones con toda clase de continuos insultos, actitudes, abusos y comportamientos vejatorios de naturaleza libidinosa. Si bien cuando se juzgó el caso fue categorizado como de acoso sexual, se advierte claramente que la persecución presentaba todos los componentes de la violencia psicológica de un proceso de mobbing y tenía la finalidad de excluirla del ámbito laboral.


Lois Jenson decidió plantear el reclamo cuando tomó conocimiento de la denuncia que por acoso sexual había formulado públicamente ante el Senado Anita Hill, una profesora de derecho que había sido hostigada sexualmente por Clarence Thomas, por entonces candidato al cargo de juez de la Corte Suprema de Estados Unidos, quien finalmente fue designado a propuesta del entonces presidente George Bush (padre).


Jenson sufrió asimismo serias humillaciones durante el juicio, en el que se llegó a investigar su vida íntima, el cual concluyó transcurridos diez años de la primera demanda y veinte años más tarde de que comenzaran los abusos. Examinados los comportamientos violentos ejercidos contra las mujeres, teniéndolas en cuenta como afectadas, se puede afirmar que existe una asociación entre la probabilidad de ser víctima de acoso sexual y el grado de dependencia económica y la vulnerabilidad general de la mujer (51) .


Tal como lo destaca el mencionado informe de la OAVL/CTIO, es más acentuada la incidencia de la violencia laboral contra las mujeres, porque observado el proceso desde la visión de género el maltrato psicológico hacia ellas implica un mecanismo de control del hombre fundado en la condición de poder dependiente del contexto sociocultural, donde la mujer es tomada como un objeto que tiene a su disposición.


Tampoco se debe pasar por alto que los comportamientos machistas reproducidos por otras mujeres en contra de sus propias congéneres responden generalmente a un mandato patriarcal internalizado. En efecto, en la película aludida anteriormente se puede ver cómo los roles estereotipados de interacción social influyen en la conducta de una mujer sindicalista que, si bien quería ayudar a sus compañeras, para participar y no ser rechazada por sus compañeros adoptaba una actitud masculina, lo cual es un dato de particular interés que muestra hasta qué punto la cultura condiciona a las mujeres y las lleva no sólo a copiar los comportamientos masculinos, sino además a asumir los códigos machistas para ser aceptadas por los hombres. Esta arista del fenómeno también es puesto de resalto por Elpidio González cuando señala que las mujeres que acceden al poder, a menudo, se mimetizan con el medio para subsistir sin hacer peligrar su posición, convirtiéndose en símbolos de la permanente subordinación de la mujer a los intereses de clase, genéricos y étnicos del Estado (52) .


A su vez, Marie France Hirigoyen advierte que mientras los países escandinavos y Alemania muestran una loable y concreta preocupación por la igualdad de oportunidades entre los dos sexos, en los países latinos como Italia y España y los latinoamericanos impera una atmósfera machista y discriminatoria, donde muchos hombres consideran que el hecho de que una mujer trabaje es la causa de que un hombre no consiga trabajo (53) , o bien que el hecho de que trabajen las mujeres es la causa de los males del ámbito laboral de que se trate (54) .


El clima laboral tóxico que se genera provoca la indefensión de las afectadas, que soportan en silencio los ataques a su dignidad ante la disyuntiva de perder sus empleos, porque tienen la esperanza de que la situación termine, y por la vergüenza y el lógico temor que produce develar y hacer públicas las situaciones de acoso sexual (55) . Lo mismo ocurre con el acoso psicológico, y si las víctimas abandonan finalmente el empleo para escapar del maltrato, la situación da lugar a consecuencias socioeconómicas tales como la pérdida de ingresos y la disminución del patrón de vida. Se consuma asimismo la vulneración de sus derechos humanos económicos, sociales y culturales, lo que en el caso de las mujeres, debido a su constante desigualdad en este ámbito, contribuye a perpetuar la subordinación que padecen, haciéndolas más vulnerables a otras violencias, a la explotación y a diversas formas de abuso (56) . Pero también deben afrontar obstáculos mayores que los habituales para hacer valer sus derechos y tomar medidas contra estas prácticas y actitudes discriminatorias (57) .


Si bien el acoso sexual se diferencia del psicológico en tanto el victimario tiene interés sexual en su víctima y poder real de mando, en el acoso psicológico tales intereses son irrelevantes, pero el proceso se nutre, de todas maneras, de los estereotipos culturales y sociales asignados y aceptados para imponerse sobre la víctima a través de la manipulación y el dominio. Si el acosador obtiene la complicidad activa o pasiva del entorno pone en marcha las dinámicas grupales para liderar el "linchamiento colectivo" de la víctima elegida, denigrando su dignidad al atacarla en su condición de mujer. Tal como lo sostiene Marie France Hirigoyen, cuando el acoso psicológico respecto de la mujer contiene además componentes machistas, sexistas y vejatorios de esa condición se convierte en un acoso moral sexuado (58) .


IV. LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS MUJERES VULNERADOS POR LA VIOLENCIA PSICOLÓGICA EN EL TRABAJO


Este fenómeno afecta seriamente la vida y la integridad psicofísica y moral de las mujeres trabajadoras, y ello nos da una idea siquiera aproximada del problema social que entraña y que ataca los estándares internacionales de derechos humanos.


El cumplimiento de tales normas constituye un compromiso asumido por los Estados al ratificar los instrumentos internacionales que deben acatar impulsando un marco jurídico eficiente y fomentando la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. La garantía de los principios y derechos fundamentales en el trabajo debe asegurar a las mujeres la posibilidad de reivindicar, libremente y en igualdad de oportunidades con los varones, una participación justa en las riquezas a cuya creación han contribuido, como así también la de desarrollar plenamente su potencial.


A continuación pasaremos revista a los instrumentos internacionales que protegen a la mujer trabajadora contra la violencia laboral en todas sus formas, incluso contra el acoso sexual y el psicológico, por cuanto la amplitud de las normas permite considerar incluido también al mobbing en el marco protectorio, aun cuando no se lo mencione expresamente.


La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW) (LA 1994-B-1669), que tiene rango constitucional desde 1994, consagra en el art. 11 Ver Texto el derecho inalienable al trabajo y la protección de la salud y de la seguridad en las condiciones de trabajo, los cuales se ven claramente afectados por la violencia laboral. Este instrumento presenta una visión holística del género, al abordar los derechos de la mujer en todas las áreas de su vida y en todas las situaciones (59) .


En la recomendación de las Naciones Unidas n. 12 de la sesión 8ª del Comité sobre la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer de 1989 se insta a los Estados a legislar para proteger a la mujer contra la incidencia de todas las formas de violencia en la vida diaria, entre las que incluye, a modo de ejemplo, el hostigamiento sexual en el lugar de trabajo. Esta recomendación está reproducida por la n. 19, adoptada en la sesión 11ª del mismo Comité de 1992.


Tanto la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer de las Naciones Unidas, aprobada el 20/12/1993, como la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer de Belem do Pará (ratificada por nuestro país el 25/7/1996 y convertida en ley 24632 Ver Texto [LA 1996-A-160]) contienen una definición de violencia contra la mujer que comprende el sufrimiento "psicológico" tanto en el ámbito público como el privado (art. 1 Ver Texto ), y dentro de los actos de violencia -entre sus formas incluye la psicológica- contemplan el acoso sexual en el lugar de trabajo. Asimismo, reconocen el derecho de toda mujer a su integridad física, psíquica y moral, a la libertad y seguridad personales (art. 4 Ver Texto ) y declaran que la violencia impide y anula el ejercicio libre y pleno de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de las mujeres.


En la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de las Naciones Unidas de Copenhague se establece un plan de acción, en cuyo cap. III se recomienda a los gobiernos a crear políticas y programas destinados a proteger a los trabajadores, y en particular a la mujer, del hostigamiento sexual y la violencia. La IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, considera que la violencia contra la mujer puede tener las formas, entre otras, de "violencia psicológica a nivel de la comunidad en general", incluyendo "el hostigamiento y la intimidación sexuales en el trabajo" y de violencia "psicológica" perpetrada o tolerada por el Estado donde quiera que ésta ocurra.


Por su parte, la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) reconoció los avances logrados en la integración de la perspectiva de género en la Declaración y el Plan de Acción de la Tercera Cumbre de las Américas. En la Declaración y en el Plan de Acción de Ottawa de la XII Conferencia Interamericana de Ministros de Trabajo, celebrada en octubre de 2001, se advirtió que dichos avances sólo podrán materializarse en la medida en que tengan continuidad y sean concebidos como políticas a largo plazo, proponiendo como líneas de acción, entre ellas, la promoción del desarrollo de estrategias para prevenir, suprimir y sancionar el acoso sexual y otras formas de violencia en el trabajo.


Por otro lado, el Informe del Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer de 2004, respecto del V Informe de la Argentina, expresó la preocupación por la incidencia de la violencia contra la mujer, en la forma de violencia doméstica y acoso sexual, pero también se refirió a las prácticas discriminatorias en el empleo, que indudablemente incluyen el fenómeno del acoso psicológico.


Si bien hasta aquí hemos recorrido los derechos humanos de las mujeres (aunque con especial detenimiento en los de las trabajadoras), no se nos escapa que las patologías sociales que constituyen todas las expresiones de violencia laboral contra ellas, y en particular los procesos de acoso sexual y psicológico en el trabajo, vulneran los derechos humanos genéricos, de los que también gozan por su condición de personas.


No obstante los derechos humanos fueron pensados dentro del universal masculino, es obvio que su titularidad no sólo corresponde a los hombres, aunque la reafirmación de los derechos de las mujeres se hizo necesaria en la década de los '90 (60) , tomándoselas como una minoría (61) . Tal como lo menciona el juez Sergio García Ramírez en su voto razonado emitido en la sentencia dictada en el caso "Castro Castro" (Perú), del 25/11/2006, no fue suficiente con las declaraciones y los pactos que garantizan los derechos y las libertades de los seres humanos en general. A pesar del esfuerzo realizado por las sucesivas generaciones, fue necesario contar con nuevos instrumentos de alcance más específico que abarquen hipótesis de importancia cualitativa y cuantitativa como la protección de los derechos de la mujer, vulnerable por diversos motivos y acosada por riesgos, restricciones y vulneraciones que fundamentalmente derivan de condiciones culturales.


No está de más que nos adentremos ahora en las normas internacionales genéricas que amparan a las mujeres contra la violencia laboral, aunque más no sea para tener un panorama general.


El art. 23 Ver Texto , DUDH. de 1948 (LA 1994-B-1611) estatuye que toda persona tiene derecho a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a una remuneración -también equitativa y satisfactoria- que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana.


El art. XIV, DADDH. (LA 1994-B-1607) dispone que toda persona tiene derecho al trabajo en condiciones dignas.


Por su parte, el art. 5 Ver Texto , inc. 1, CADH. (Pacto de San José de Costa Rica) establece que toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral y agrega, en el inc. 2, que nadie debe ser sometido a tratos crueles, inhumanos o degradantes. Y en el art. 31 Ver Texto establece como objetivos lograr oportunidades de empleo y de trabajo aceptables para todos, como así también condiciones que hagan posible una vida sana, productiva y digna.


Por otro lado, la Convención Contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes dispone en el art. 16 Ver Texto que "Todo Estado parte se comprometerá a prohibir en cualquier territorio bajo su jurisdicción otros actos que constituyan tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes y que no lleguen a ser tortura, tal como se define en el art. 1 Ver Texto , cuando esos actos sean cometidos por un funcionario público y otra persona que actúe en el ejercicio de las funciones oficiales, o por instigación o con el consentimiento o la aquiescencia de tal funcionario o personal".


Asimismo, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales Ver Texto establece que el Estado debe garantizar el derecho de toda persona de ganarse la vida mediante un trabajo, tomando todas las medidas necesarias para ello, en particular para que tenga una ocupación plena y efectiva, condiciones de existencia dignas, seguridad e higiene en el trabajo, garantizando las libertades políticas y económicas fundamentales de la persona humana (arts. 6 Ver Texto y 7 Ver Texto ).


Aquí debemos detenernos para resaltar que esta clase de derechos humanos de segunda generación tienen un significado especial con relación a las mujeres debido a los efectos desproporcionadamente grandes que tienen la pobreza y la marginación cultural y social. Un informe revela que, en la actualidad, las mujeres constituyen aproximadamente el 70% de los 1200 millones de seres humanos que están sumidos en la pobreza. En todo el mundo la desigualdad en las oportunidades de disfrutar los derechos económicos, sociales y culturales es un aspecto central en la existencia de las mujeres y un síntoma central de su naturaleza subordinada al poder social, económico y político (62) .


Bajo otra perspectiva, una ligera aproximación a la historia de los derechos humanos nos indica que su reconocimiento implica una delegación de la soberanía de los Estados, es decir, una autolimitación que se imponen a partir de la creación de las Naciones Unidas. En efecto, en el mandato que el conjunto de las Naciones del mundo le dan, primero a la Sociedad de las Naciones y a las Naciones Unidas después, encontramos la base de la construcción actual del concepto de derechos humanos tal como llega a nuestros días, y que, más allá de cualquier régimen imperante, nace para que los Estados reconozcan un conjunto de derechos que estarán obligados a respetar y a garantizar (63) .


Esto, como lo menciona el juez Cançado Trindade en el voto antes citado, enseña el camino a recorrer hacia la construcción de una comunidad internacional organizada, del nuevo ius gentium del siglo XXI, es decir, del Derecho Internacional para la humanidad.


V. REFLEXIONES FINALES


La jurisprudencia que hemos analizado muestra la situación de especial vulnerabilidad social que presentan las mujeres trabajadoras que las hace proclives a sufrir procesos de acoso sexual o psicológico porque el solo hecho de ser mujer es un factor de riesgo creado por una cultura patriarcal favorecedora de los vínculos de dominación y sometimiento a los que están sujetas.


Se requiere entonces una protección especial, debiendo el Estado promover la prevención, movilizar los interlocutores sociales, fomentar la investigación, desarrollar los programas y publicar los estudios que recomienden las prácticas a seguir y arbitrar los mecanismos de exigibilidad de los derechos fundamentales. Para ello debe adoptar las medidas eficaces para erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres, incluso en el ámbito laboral y de manera integral, esto es, articulando los mecanismos que permitan desarrollar programas que eliminen los estereotipos de género y corrijan las desigualdades que influyen en las conductas violentas y discriminatorias.


Entre las medidas que se pueden tomar, la información y la capacitación de las mujeres en derechos humanos son prioritarias, como así también la protección contra toda forma de maltrato, acoso, abuso y discriminación en el trabajo, el establecimiento de códigos de conducta y buenas prácticas laborales, el apoyo a campañas informativas y la articulación de procedimientos y fórmulas para recibir denuncias, investigarlas y sancionar a los agresores, pero también para solucionar las eventuales situaciones de violencia laboral de cualquier naturaleza contra las mujeres antes de que se causen daños.


En suma, la prevención de este fenómeno debe estar basada en la posibilidad de lograr un sustancial cambio cultural de valores, actitudes, expresiones verbales y maneras de interacción entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida, incluso el laboral. Dicho cambio, como proceso a largo plazo, puede ser favorecido por esfuerzos combinados dirigidos a crear conciencia y a despertar la percepción clara e individual del problema (64) .


En suma, cerramos estas reflexiones insistiendo en la prevención, en tanto es una herramienta ética que permite la anticipación y, sobre todo, porque la no prevención es también una forma de violencia (65) .


NOTAS:


(*) pbarbado@sinectis.com.ar; este artículo reproduce y actualiza la ponencia distinguida con Mención Especial que fue presentada en el I Congreso Internacional y III Congreso Nacional sobre Género y Derechos Humanos de las Mujeres, realizado los días 29 y 30/11/2007, sobre "Políticas públicas, acceso a la justicia y equidad de género: reflexiones y tendencias en el contexto nacional e internacional", organizado por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos -IIDH- en el marco del "Proyecto CEDAW-Argentina", auspiciado por la Agencia Sueca de Cooperación Internacional -ASDI- y el Instituto de Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata.


(1) Considerandum 5, Preámbulo. Esta Convención, en lugar de consagrar nuevos derechos, agrega más bien el análisis de género. La presente cita corresponde al voto razonado del juez de la Corte IDH Antonio Cançado Trindade, emitido en el fallo de la prisión de Castro Castro del 25/11/2006.


(2) Jaramillo, Isabel C., "La crítica feminista al Derecho", en West, Robin, "Género y teoría del Derecho", Bogotá, 2000, p. 299.


(3) Pérez Contreras, María, "Discriminación de la mujer trabajadora", México, 2004, p. XVII; Mena, Norma y Proaño, Silvia, "Acoso sexual laboral en la floricultura", estudio de caso, Sierra Norte de Ecuador, International Labor Rights Fund, abril de 2005, .


(4) Gallego, Juan P., "Niñez maltratada y violencia de género", Buenos Aires, 2007, p. 46.


(5) Mora, Belvy, "Del acoso sexista a la sexualización del acoso sexual", .


(6) Curletti, Mirian, "Violencia laboral, cuestión de derechos humanos y de género", en AA.VV., "Aportes para una mejora en la calidad institucional. Violencia laboral: un debate pendiente", publicado por el Senado de la Nación y el Instituto Federal de Estudios Parlamentarios, Buenos Aires, 2006, p. 21.


(7) OAVL/CTIO, "Violencia laboral, una amenaza a los derechos humanos. Aportes para su comprensión", Buenos Aires, 2007, ps. 37 a 39.


(8) Cadoche, Sara N., "Violencia familiar", Buenos Aires, 2002, p. 83.


(9) .


(10) El término "mobbing" fue ya utilizado por Lorenz en 1961, un etólogo estudioso del comportamiento animal, y lo hizo para nombrar los ataques de un grupo de animales pequeños que consiguen aterrorizar a un animal más grande. Más tarde un médico sueco, Heinemann, en 1972, utilizó este término para describir el comportamiento destructivo de pequeños grupos de niños contra un único niño. Leymann, psicólogo y psiquiatra nacido en Alemania pero afincado en Suecia desde 1955, utilizó este término en los primeros años de la década del '80, cuando encontró comportamientos similares en los lugares de trabajo. Para dejar aclarado el origen del término "mobbing" recurriremos a la explicación que brinda Manuel Velázquez Fernández, que es la que nos parece más esclarecedora. Este término deriva del término inglés "mob", cuyo significado en castellano sería una multitud excitada que rodea o asedia a alguien (una persona) o a algo (un edificio, un objeto), bien sea de forma amistosa o bien de forma hostil. El sustantivo "mob" es el gentío, el vulgo, la plebe o "populacho", mientras que el verbo "to mob" describe la acción de ese gentío de agolparse o atestarse en torno a algo, o bien la de asediar o atacar en masa a alguien. El origen de la palabra describe, por tanto, una acción colectiva de un grupo de personas frente a algo o a alguien, y curiosamente no siempre de modo negativo, tal y como ahora está siendo tratada en el ámbito de las condiciones de trabajo (Velázquez Fernández, Manuel, "La respuesta jurídico legal ante el acoso moral en el trabajo o mobbing", ; para consultar la traducción del término ver también ).


(11) Hirigoyen, Marie France, "El acoso moral en el trabajo. Distinguir lo verdadero de lo falso", Buenos Aires, 2001, p. 90.


(12) C. Nac. Trab., sala 6ª, 15/3/2001, "Dentone, J. v. Seguridad y Custodia S.R.L. s/despido" Ver Texto .


(13) Pérez Contreras, María, "Discriminación..." cit., p. 249; Rivas Pérez, Miryam y Lugo Madriz, Luis, "El acoso sexual en el trabajo", .


(14) Rivas Pérez, Miryam y Lugo Madriz, Luis, "El acoso sexual..." cit.


(15) Pérez Contreras, María, "Discriminación..." cit., p. 202 y nota 237; e Hirigoyen, Marie France, "El acoso moral..." cit., p. 89.


(16) Lo que decimos se puede observar en las conversaciones cotidianas e incluso en los comentarios vertidos con total naturalidad en los medios de comunicación, grandes responsables, también, de esta problemática. En julio de 2007, en el programa de televisión "Intrusos", el conductor Jorge Rial se refirió al hecho de la ruptura de la relación laboral de una actriz que fue despedida públicamente por Gerardo Sofovich. Para explicar las razones de cómo se dio esta humillante situación, Rial afirmó que siempre es más fácil "pegarle" a una mujer, y agregó que ello es así porque "al poder le gusta el olor a b...". Más allá de la poca elegancia de la explicación dada, esto nos demuestra cómo la violencia contra las mujeres se instala en la conciencia social a partir de la construcción "sólo cultural" de su vulnerabilidad que ellas, desafortunadamente, terminan aceptando.


(17) Graziosi, Marina, "El derecho nunca ha tratado de manera igualitaria a las mujeres", diario Clarín del 30/9/2007.


(18) Nani, Ester, "Género y violencia", en Cadoche, Sara N., "Violencia familiar" cit., p. 259.


(19) Hirigoyen, Marie France, "El acoso moral..." cit., p. 91.


(20) Corsi, Jorge, "Los programas de recuperación de hombres violentos. Su inserción en las políticas globales de atención al problema de violencia doméstica", en Cadoche, Sara N., "Violencia familiar" cit., p. 113.


(21) Ruiz Bravo López, Patricia, "Una aproximación al concepto de género", en "Género, Derecho y discriminación", citado por Villaverde, María S., "La violencia doméstica es una violación de los derechos humanos", LNBA 2006-5-491.


(22) C. Civ. y Com. Lomas de Zamora, sala 1ª, 19/11/2002, "M., L. B. v. Isa, Juan E. y otro".


(23) Íd.


(24) C. Nac. Trab., sala 2ª, 6/3/2007, "Sassi, Sergio G. v. Grupo Ilhsa S.A. y otro".


(25) Juzg. Trab. Rosario, n. 2, 31/7/2006, "C., C. L.".


(26) Rodríguez, Marcela, en "Aportes..." cit., p. 61.


(27) C. Nac. Trab., sala 6ª, 4/8/2005, "Perinetti, Daniel A. v. Megrav S.A." Ver Texto ; íd., sala 3ª, 12/7/2007, "Veira, Mónica P. v. Editorial Perfil S.A." Ver Texto .


(28) C. Trab. Mendoza, 6ª, 3/8/2005, "C. C., P. A. v. Aguas Danone de Argentina S.A.".


(29) C. Nac. Civ., sala M, 5/6/2001, "P., M. v. Cía. de Servicios Hoteleros S.A.", JA 2001-IV-384; High Court of Justice Queen's Bench Division, London, 1/8/2006, "Helen Green v. Deutsche Bank Group Services (UK) Ltd.", .


(30) C. Nac. Trab., sala 2ª, 12/10/2007, "Reinhold, Fabiana v. Cablevisión S.A.


(31) C. Nac. Trab., sala 3ª, 22/11/2006, "P., E. V. v. Bandeira S.A." Ver Texto .


(32) C. Nac. Trab., sala 6ª, 4/8/2005, "Perinetti, Daniel A. v. Megrav S.A." Ver Texto ; íd., sala 7ª, 15/3/2001, "D., J. M. v. Seguridad y Custodia S.R.L." Ver Texto .


(33) C. Civ. y Com. Lomas de Zamora, sala 1ª, 19/11/2002, "M., L. B. v. Isa, Juan E. y otro".


(34) C. Nac. Trab., sala 2ª, 6/11/1997, "S., G. J. v. Bestov Foods S.A.".


(35) C. Nac. Trab., sala 2ª, 6/3/2007, "Sassi, Sergio G. v. Grupo Ilhsa S.A. y otro".


(36) C. Nac. Trab., sala 6ª, 22/12/2005, "Luquez, María Concepción v. Mario A. Salles S.A. y otro" Ver Texto


(37) C. Nac. Trab., sala 2ª, 6/3/2007, "Sassi, Sergio G. v. Grupo Ilhsa S.A. y otro".


(38) C. Nac. Trab., sala 6ª, 4/8/2005, "Perinetti, Daniel A. v. Megrav S.A." Ver Texto íd, sala 7ª, 15/3/2001, "D., J. M. v. Seguridad y Custodia S.R.L." Ver Texto .


(39) C. Nac. Trab., sala 2ª, 6/3/2007, "Sassi, Sergio G. v. Grupo Ilhsa S.A. y otro".


(40) C. Nac. Trab., sala 2ª, 12/10/2007, "Reinhold, Fabiana v. Cablevisión S.A.".


(41) High Court of Justice Queen's Bench Division, London, 1/8/2006, "Helen Green v. Deutsche Bank Group Services (UK) Ltd.", .


(42) C. Civ. y Com. Lomas de Zamora, sala 1ª, 19/11/2002, "M., L. B. v. Isa, Juan E. y otro"; C. Nac. Trab., sala 6ª, "Dentone, Josefina v. Seguridad y Custodia S.R.L." Ver Texto .


(43) C. Nac. Trab., sala 7ª, 13/3/1995, "T., M. N. v. ELMA S.A.", Revista Doctrina Laboral, t. IX, Ed. Errepar, p. 995, citada por H. Mansuetti, "Acoso sexual en las relaciones laborales", .


(44) C. Nac. Trab., sala 7ª, 8/5/2006, "Rojas, María Rosa v. Boedo 708 S.R.L. y otro".


(45) C. Nac. Trab., sala 3ª, 22/11/2006, "P., E. V. v. Bandeira S.A." Ver Texto el caso fallado recientemente por el Tribunal Supremo de España que condenó a prisión a un guardia civil por el trato vejatorio de una alumna de prácticas, se destaca que aquél decía que "se iba a follar a la eventual" (conf. , 23/12/2007).


(46) C. Nac. Trab., sala 3ª, 5/3/1998, "Guisado de Jacobs, Paula v. KB Servicios S.S." Ver Texto .


(47) C. Nac. Trab., sala 6ª, 15/11/2006, "Toro, Dora v. SPM Sistema de Protección Médica S.A. y otro s/despido".


(48) High Court of Justice Queen's Bench Division, London, 1/8/2006, "Helen Green v. Deutsche Bank Group Services (UK) Ltd.", .


(49) Pérez Contreras, María, "Discriminacion..." cit., p. 222, pto. V.B.


(50) Su título original en inglés es "North country", y el caso real al que se refiere es el de Lois Jenson, quien en los años '70 entró a trabajar en una mina que hacía poco había permitido el empleo de mujeres (Eveleth Mines). A Jenson se le recomendó guardar silencio ante los abusos e intimidaciones de sus compañeros, e incluso se la instó a considerar el maltrato como parte de sus obligaciones. El juicio promovido por ella, que se saldó en 1998, se relata en el libro de Clara Bingham y Laura Leedy "Class action: La historia de Lois Jensen y el juicio que cambió la Ley de Acoso Sexual".


(51) Davi, Héctor C., "Valoración médico legal del acoso sexual", RDLSS 2005-15-1186.


(52) González, Elpidio, "Acoso sexual", 2ª ed., p. 47.


(53) Hirigoyen, Marie France, "El acoso moral..." cit., p. 89.


(54) En el caso fallado recientemente por el Tribunal Supremo de España antes mencionado se señala que el acosador decía frecuentemente: "La Guardia Civil se jodió cuando ingresaron las mujeres".


(55) Trib. Sup. Just. Cataluña, sala Social, Barcelona, 6/6/2001, sent. 4847/2001.


(56) Amnesty International, "La mujer y los derechos económicos, sociales y culturales (DESC)", ; Rivas Pérez, Miryam y Lugo Madriz, Luis, "El acoso sexual..." cit.


(57) Informe del Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer elaborado en 2004 respecto del V Informe periódico de la Argentina.


(58) Hirigoyen, Marie France, "El acoso moral..." cit., p. 88.


(59) Del voto razonado del juez Cançado Trindade emitido en el caso "Castro Castro", Corte IDH, 26/11/2006.


(60) Montalbán Huertas, Inmaculada, "Perspectiva de género: criterio de interpretación internacional y constitucional", Madrid, 2004, p. 18.


(61) García Muñoz, Soledad, "Los derechos humanos de las mujeres: fortaleciendo su promoción y protección internacional", publicación del IIDH y CEJIl, cap. II, "El marco teórico: la perspectiva de género y la protección internacional de los derechos humanos de las mujeres", San José de Costa Rica, 2004, p. 71.


(62) Amnesty International, "La mujer y los derechos económicos, sociales y culturales (DESC)", .


(63) Ravenna, Horacio, "La globalización de los derechos humanos", .


(64) Cassitto, María G. y otros, "Raising awareness of psychological harassment at work", Protecting Workers'Health, series n. 4, World Health Organization, .


(65) Záborská, Anna, presidente de la Comisión Europea de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género, Congreso Internacional de Violencia de Género, Valencia, 19 y 20/4/2007, .


 


12/3/2008