El Bullying: un problema actual acuciante, por Patricia Barbado


 


 


 


"La gente que tiene un profundo compromiso personal con una determinada visión del futuro está plenamente involucrada en la lucha por sus objetivos, aunque hoy los resultados parezcan remotos e improbables”.


Marvin Harris


 


 


1.- Introducción


La violencia es un problema social debe ser estudiado y analizado con la preocupación que despierta su verdadera trascendencia, ya que tanto los estudios de psicología y las investigaciones recientes, cuanto los informes de organismos internacionales, demuestran una alarmante repercusión mundial que la ha convertido en objeto de reflexión forzosas que requiere soluciones urgentes[1].


La Organización Mundial de la Salud define este fenómeno como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, años psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones[2].


El concepto abarca tanto la violencia interpersonal como el comportamiento suicida, los conflictos armados, los actos que van más allá del acto físico para incluir las amenazas e intimidaciones. Entre las consecuencias que acarrea se mencionan la muerte y las lesiones, los daños psíquicos, privaciones y deficiencias del desarrollo que comprometen el bienestar de los individuos, las familias y las comunidades.


La creciente ola de violencia que experimenta la sociedad actual incide también en los comportamientos que los niños y jóvenes tienen en los ámbitos educativos, quienes, tanto en el rol de víctimas como en el de victimarios, constituyen el reflejo de los adultos con los que están relacionados en la familia, en la escuela, en el barrio, en el club, etc.


Los climas que generan la desorganización familiar, las fallas en la educación, las disciplinas autoritarias o excesivamente permisivas, la influencia nefasta de ciertos mensajes que se transmiten mediante los medios masivos de comunicación y lo que ocurre en la interacción de las personas en los foros y los sitios de Internet son variables socioculturales que determinan que la violencia imponga su realidad y sea cada vez más visible en la sociedad., irrumpiendo en los colegios que se convierten en meros espacios de reproducción de la violencia en lugar de espacios para el aprendizaje de otro convivir[3].


Silvia Calleja destaca que las transformaciones  sociales y culturales de los últimos veinte años han planteado una crisis global y han puesto en cuestión lo que antes no se cuestionaba. En los establecimientos educativos se reproducen las relaciones sociales y tanto alumnos como profesores son víctimas de violencia, tanto en las aulas como en los pasillos, patios y baños e, inclusive fuera de ellos, profundizando el impacto de las otras violencias sociales y urbanas y afectando a los que la padecen, dejándolos con secuelas nocivas y desestructurantes[4].


Como toda forma de violencia, la que se manifiesta en las escuelas ha llegado a ser un fenómeno mundial que amenaza la salud de los damnificados –incluso puede llegar a ser letal- y que debe ser considerado como un problema de salud pública, un ataque a dignidad de las personas afectadas y un problema capital de derechos humanos.


La violencia escolar degrada asimismo la calidad del sistema educativo e incide negativamente la formación y educación de los alumnos e, inclusive, sus etapas de desarrollo. Este problema ha sido denominado con la palabra bullying, anglicismo que no forma parte del diccionario de la Real Academia Española, pero cuya utilización es cada vez más habitual en nuestro idioma. Refiere a la dinámica de la violencia relacional entre iguales, es decir, entre escolares, niños y niñas en proceso de entrada a la adolescencia. La voz bullying  proviene del término inglés “bully”, que significa matón, hostigador o abusador.


El bullying se denomina también patoterismo, matonaje o matoneo escolar, acoso escolar u hostigamiento escolar.


Se trata siempre un proceso de estigmatización y privación de los derechos de la víctima, la cual es sometida por el agresor a una especie de tortura, metódica y sistemática a través de la cual queda expuesta física y emocionalmente, experimentando terror ante la idea de asistir a la escuela y mostrándose nerviosa, triste y solitaria en su vida cotidiana. Ello sucede a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros, como lo veremos más adelante al estudiar el entorno en el que se desenvuelve el proceso.


Las formas más frecuentes en que se manifiesta el bullying están relacionadas con el maltrato físico, verbal o psicológico que se produce de forma reiterada y a lo largo del tiempo en el ámbito escolar, siendo ligeramente mayor el porcentaje de niñas entre las víctimas.


Implica siempre un abuso de poder –aunque se dé entre iguales o pares- ya que es ejercida de manera intencional y persistente por uno o varios agresores más fuertes (ya sea esta fortaleza real o percibida subjetivamente) respecto de una víctima que está en inferioridad de condiciones lo cual le genera indefensión e incapacidad para salir de la situación. Esta asimetría o desbalance es lo que hace al acosador más poderoso que el atacado, el cual, como contrapartida, se paraliza experimentado desgaste de sus recursos psíquicos.


No se trata de un episodio aislado, esporádico o de  bromas entre niños, sino de un proceso violento que se ejerce durante un tiempo más o menos prologado, por lo que la duración es la nota central y lo que diferencia el bullying de una situación conflictiva puntual o de un intercambio interaccional[5]


Las conductas o comportamientos violentos que, como en el mobbing o acoso laboral, se suceden en el tiempo, tienen un nexo común y por sí mismos pueden no parecer suficientemente significativos o relevantes pero, considerados en conjunto, adquieren real importancia. Si el proceso se prolonga se puede producir el abandono escolar debido al daño psicológico infligido y lo que es peor, aún, el suicidio del agredido.


Sin perjuicio de lo que se explicará luego, el bullying se puede manifestar mediante agresiones físicas (peleas, palizas, pellizcos, mordidas, patadas, golpes, etc.) y con conductas violentas tales como insultos, motes, humillaciones, maltrato social, psíquico u homofóbico, propagación de difamaciones, amenazas o críticas que aluden a rasgos o limitaciones físicas, además del chantaje, exclusión, aislamiento, ninguneo, discriminación y también en los procesos de acoso u hostigamiento o intimidación silenciosa. También puede ejercerse de otras formas, como las acciones de esconder las cosas de la víctima, robarle su dinero, pertenencias o la merienda y a través de las redes sociales aprovechando la impunidad que da el anonimato en el nuevo escenario que proporciona Internet dando lugar a la variante del bullying no presencial que es el ciberacoso.


El Dr. Dan Olweus fue el pionero en el estudio de este tipo de intimidación en los ambientes escolares, que inició en Noruega en 1973. Siguiendo los estudios del mobbing, fenómeno estudiado por el etólogo Konrad Lorenz al observar el comportamiento de un grupo de pájaros que atacaba a un individuo de otra especie, en la década de los 70, acuñó el término bullying para identificar toda conducta agresiva, negativa, repetitiva, realizada por un individuo o un grupo contra otro individuo que tiene dificultades para defenderse a sí mismo, lo que produce un desequilibrio de poder.


A raíz del suicidio de tres escolares entre 10 y 14 años en 1982, lo que motivó que las autoridades noruegas reaccionaran, el Dr. Olweus dedicó las décadas siguientes a la investigación del tema para ayudar a proteger a los niños en las escuelas y a la aplicación de valores.


En Inglaterra ha existido también preocupación por el tema habiéndose creado los bully coufls o tribunales escolares en 1989 a los que acuden quienes requieren consejos sobre situaciones de acoso escolar.


Cuando Marie France Hirigoyen habla del acoso moral en el trabajo, lo cual se puede aplicar también al bullying, advierte que el ensañamiento puede conducir a un verdadero asesinato psíquico. Hace hincapié en que la violencia, como dinámica de agresión y victimización, es un producto cultural que se aprende y responde a estereotipos socioculturales admitido. Como tal, cuenta con el aval social y el respaldo histórico del pensamiento colectivo  y se apoya en las más variadas y absurdas justificaciones.  Por ello, se deben reorientar las culturas en las que impera. José Sanmartín enseña a este respecto que la biología determina la agresividad de un ser humano, pero la cultura es lo que puede hacerlo pacífico o bien hipertrofiar la agresividad natural convirtiéndola en violencia[6].


Las recientes investigaciones permiten percibir y reconocer las formas de violencia invisible que se dan en los comportamientos y que antes permanecían ocultas y escondidas por una cultura que no permitía incursionar en el terreno de lo sutil, pero real e insidioso, por lo que permanecían impunes y exentas de reproche. Hay que tener en cuenta que cuando se ejerce la violencia psicológica se manipula lo cultural, los significados y la comunicación que definen la identidad social del agredido. La Dra. Hirigoyen destaca que si bien siempre existió el acoso escolar, es necesario estudiarlo con mucha cautela en la sociedad moderna. En particular, advierte que muchos padres tienden a buscar la aprobación constante del niño y no le ponen límites, priorizan el éxito y su libertad por sobre la obediencia, lo cual es un error[7].


 


2.- El problema del bullying y su repercusión en el mundo


El bullying es un fenómeno ampliamente extendido que no es casual ni limitado a determinados sectores de la población.


El proyecto sobre la naturaleza y prevención del fenómeno, realizado por el European Training and Mobility of Researchers Programm (TMR)[8] que concluyó en 2001, ha diagnosticado las causas y la índole del problema y de la exclusión social en las escuelas, analizado sus consecuencias a largo plazo, hasta la vida adulta y evaluado los programas de intervención exitosos para identificar los modos de prevención, por medio de la integración de diferentes metodologías de estudio[9].


En Holanda, René Veenstra, profesor de la Universidad Groeningen, dice que el 15% de niños y jóvenes del planeta sufren el hostigamiento de sus pares. A su vez, el Ministerio de Educación holandés informa que un 4% de los alumnos de entre 9 y 16 años sufrió acoso por Internet en 2010 y 9 de cada 10 escuelas de primaria cuentan con protocolos para prevenir incidentes de este tipo. En 2011 se presentó en el Parlamento un proyecto de ley para hacer obligatorio el registro de acoso escolar.


En Suecia y en Noruega la ley obliga a las escuelas a contrarrestar el bullying debiendo los profesores poner en conocimiento del director del colegio y del centro educativo cualquier denuncia o sospecha del problema.


En España, el suicidio del adolescente Jokin Zeberio, ocurrido en septiembre de 2004, hizo cambiar la consideración social del acoso escolar. La investigación Cisneros X de 2007 indica que el 23% de los alumnos de ese país sufrió alguna vez hostigamiento continuado por parte de compañeros, señalándose que la situaciones más graves llegan al 4% y que las edades más conflictivas se ubican entre los 11 y los 14 años.


La Unicef ha estimado que entre un 50 y un 70% de los estudiantes de América latina han sido acosadores, acosados o testigos de bullying[10].


Un estudio realizado por la Secretaría de Educación de México, revela que el 77% de los estudiantes de primaria y secundaria del Distrito Federal se asume como víctima, agresor o testigo de maltrato e intimidación hacia sus compañeros[11].


En Colombia el 29% de estudiantes de 5° grado y el 15% de los de 9° grado se declararon víctimas de intimidación[12]. Otro estudio indica que un 37.2% de los estudiantes de 5° a 11° grado de establecimientos oficiales informaron que algún compañero de su curso llevó armas blancas a su colegio, mientras que en las escuelas privadas la cifra registra el 23.9 %[13].


Una investigación realizada en Brasil determinó que el 40,5% de los 5.875 alumnos entre el 5° y el 7°grado admitieron estar directamente implicados en actos agresivos en la escuela. En ese total, 16,9% admitía haber sido víctima, 10,9% haber sido víctima y acosador, mientras que el 12,7% reconocía haber sido acosador.


En Chile se observó en 2011 una prevalencia del 10.2 % de agresores, 12% de víctimas y 12% de víctimas/agresores.


En nuestro país, pese a que hace tiempo se han detectado y tipificado este tipo de agresiones, no hay estadísticas oficiales que permitan trazar un mapa del acoso en los colegios.


La encuesta realizada por el Observatorio de la Convivencia Escolar de la UCA, indicó que 1 de cada 4 alumnos de entre 10 y 18 años, manifestó tenerle miedo a alguno de sus compañeros y que, frente a la violencia indirecta, el 46 % dice sufrirla a veces y el 11%  mucho. Finalmente, un 32% expresó haber padecido a veces agresiones físicas y el 62 % agresiones verbales, en tanto el 62% declaró haber maltratado a sus compañeros alguna vez y el 6 % confesó que lo hace continuamente[14].


Para la organización Bullying Cero Argentina, el 70% de la comunidad escolar está involucrada, de alguna forma, en este tipo de acoso[15].


Otro estudio reciente realizado por la Universidad de Flores sobre casi 1.000 alumnos de entre 11 a 13 años de nueve colegios públicos de la Ciudad de Buenos Aires, destaca que insultar, hablar mal del otro y elaborar sobrenombres ofensivos son las tres formas de acoso escolar más comunes en los establecimientos educativos porteños[16].


La investigación "Clima, situaciones conflictivas y de violencia en escuelas secundarias de gestión pública y privada del área metropolitana de Buenos Aires", realizada en 2011 por UNICEF - FLACSO muestra que dos tercios de los alumnos tienen conocimiento de situaciones constantes o frecuentes de humillación, hostigamiento o ridiculización de alumnos en clase. Los niños que fueron víctimas frecuentes de maltrato, acoso y hostigamiento sufrieron burlas por alguna característica física (18,1%), comentarios desagradables en público (16,4%), fueron evitados o no quisieron compartir alguna actividad (10,2%), fueron tratados de manera cruel (9,5%), sufrieron el robo de bienes o dinero por la fuerza o con amenaza de uso de la fuerza (8.7%). A su vez, el 15,3% de los alumnos estuvo involucrado en peleas con intercambio de golpes, en más de la mitad de los casos, entre una y dos veces.


En Río Cuarto, Córdoba, una encuesta realizada entre 438 adolescentes reveló que gran parte de los chicos asegura haberse sentido acosado por sus compañeros. El estudio indica que el 52,50 % de las mujeres lo fueron alguna vez (42,50 %) o frecuentemente (10 %). Las respuestas son similares en el caso de los varones. Otra de las realidades que muestra la encuesta es que la agresión se ha transformado en una especie de espectáculo para los chicos, entre los cuales el 70 % confiesa mirar y no intervenir cuando acosan a un compañero. Los investigadores concluyeron que el bullying ya tiene el carácter de una epidemia, por lo que se vuelve necesaria una política de tratamiento y prevención a nivel nacional para que los chicos no sigan dividiéndose entre víctimas y victimarios[17].


La Ong Bullying Sin Fronteras señala que sólo en el primer semestre de 2013, en escuelas de la Capital y de la provincia de Buenos Aires, se han conocido 780 casos de acoso, cifra que de por sí es alarmante, pero lo que es peor aún es que sólo algunos de los hechos de esta naturaleza se denuncian en tiempo y forma[18].


Repasemos ahora algunos de los casos ocurridos en el país que informan los medios periodísticos.


En el año 2004 se dio el caso resonante de Junior, un adolescente de 15 años de Carmen de Patagones, quien el 28 de setiembre llevó a la escuela la pistola Browning calibre 9 milímetros de su padre y disparó, sin pausa, sobre sus compañeros de primer año. Asesinó a tres compañeros, cansado por las agresiones y como venganza por la acumulación de sus sufrimientos.


En Chivilcoy, Provincia de Buenos Aires, Jonathan Montenegro sufrió acoso escolar cuando ingresó a 2° año de la escuela secundaria. Algunos de los compañeros lo molestaban a él y a otros chicos que estudiaban porque no hacían líos como ellos, no dejaban dar las clases, daban escupitajos, arrojaban sillas sin que los docentes intervengan. Un día le pegaron con un borrador en la cara, estando presente el profesor, quien continuó la clase luego de preguntarle si quería mojarse el rostro. Fue cambiado a otro turno y terminó 2° año sin conflictos y sin llevarse ninguna materia, pero al comenzar 3° año volvió a recibir agresiones, insultos, provocaciones y amenazas y hasta le pegaron en el recreo. El adolescente se defendió solo, mientras un compañero lo filmaba con el teléfono. Se sucedieron amenazas e insultos en forma continua, en el aula, en el recreo, en la formación y a la salida. Varias veces comunicó lo sucedido a las preceptoras, pero nadie hizo nada, salvo una profesora que lo acompañó una vez a tomar la bicicleta para evitar que le pegaran[19].


En la Escuela Básica Nº 23 de Wilde, un grupo de alumnos, dentro de un aula, sometió a una paliza a un compañero que padece un retraso madurativo. El ataque fue conocido por el video tomado por un celular que fue subido a la Web por los propios victimarios, tres varones y una chica. El asedio había empezado tiempo atrás, sin que intervinieran ni docentes ni autoridades, salvo un alumno que intentó defenderlo[20].


 


3.- El abordaje del problema a través del modelo multidisciplinario


La violencia –y sus verdaderos autores- constituyen la causa de uno de los dramas humanos más devastadores que se desenvuelve en el nuevo escenario en el que se desarrolla el entorno social, familiar y educacional de nuestros días. Esta percepción del fenómeno es el punto de partida para hacerle frente, pues, como bien se ha dicho “para favorecer la violencia colectiva, hay que reforzar su inconsciencia. Y, al contrario, para desalentar esa violencia, hay que mostrarla a plena luz, hay que desenmascararla”[21].


Al ser encarado el tema, el primer obstáculo que se presenta es de orden cognoscitivo. Para superarlo, la difusión de los estudios actuales constituye un mecanismo eficaz para que la violencia sea percibida, reconocida y comprendida. Pero además, la cultura debe ser reconstruida para que no queden exentas de reproche las latentes insidias que están presentes en los nuevos modelos de comportamiento humano, los cuales son capaces de constituir, con frecuencia, serias amenazas al libre y sereno desarrollo de la vida[22].


La multidimensionalidad y el diverso atravesamiento que posee esta patología relacional que se advierte en todos los procesos de acoso como el bullying, ponen de manifiesto su carácter especialmente complejo, de tal manera que lo aconsejable es un abordaje multidisciplinario[23], como en los demás tipos de violencias, pues, ya sea en su origen como en su desarrollo y efectos, tiene implicancias médicas, psicológicas y sociales para las víctimas y también consecuencias para las escuelas y la sociedad.


La intervención multidisciplinaria es imprescindible dado que la violencia se instala y se perpetúa por los procesos psicosociales y operaciones psicológicas que actúan como facilitadores de la expansión y propagación de los actos violentos, grandes, pequeños y medianos, si es que tal distinción es aceptable. Según Graciela Peyrú, estos procesos y operaciones (naturalización, invisibilización, insensibilización y encubrimiento), resultan verdaderos catalizadores tanto de las concepciones violentas como de su paso a la acción. Asimismo, los procesos psicosociales de facilitación de la violencia aparecen formando parte de procesos activos de desconocimiento y la problemática se torna invisible cuando el observador carece de herramientas conceptuales que le permitan identificarla y recortarla como objeto de estudio.


La interrelación de las ciencias de la salud con las sociales permite buscar el núcleo común, debiendo encontrarse la intersección en la realidad, pero si la interpretación de ésta es diferente, el enfoque multidisciplinario debe basarse en la víctima. Siempre la mirada debe estar centrada en lo humano y tender a proteger adecuadamente los valores éticos, la dignidad, el respeto mutuo y la no discriminación y la tolerancia. El abordaje debe hacerse en condiciones similares al que tienen la violencia familiar y al abuso sexual infantil, por lo que el análisis del bullying requiere examinar las dimensiones culturales y las relaciones de poder, sin descuidar la atención eficaz de los afectados[24].


La interdisciplina debe tener en cuenta y evaluar los factores de riesgo, buscar soluciones preventivas o transformadoras[25] y ser acompañada también por la participación de los afectados para que puedan ser escuchados, informar de sus vivencias y comprender y superar lo que han vivido.


Para combatir el bullying, Marie France Hirigoyen recomienda a los padres y educadores poner límites, no ser permisivo y enseñar normas y valores a los niños desde pequeños. Añade que la escuela debería ser un lugar privilegiado para transmitir normas y valores con el fin de vivir en convivencia. Cuando se conoce un proceso de acoso escolar hay que detenerlo cuanto antes, porque cuanto más tarde se detecte, menos posibilidad de solución habrá. Muchos niños terminan abandonando la escuela, cambiando de centro de estudio, y esto es lo peor, porque ellos terminan sintiéndose como los culpables, mientras el resto sigue como estaba. Los padres deben estar atentos a cambios o síntomas en sus hijos (desde dolores de estómago a comportamientos de aislamiento), hablar con ellos sobre el tema y preguntar, directamente, si están siendo amenazados por compañeros de clase. En ese caso, deben recurrir a la escuela y plantear el tema al cuerpo docente[26].


Por su parte, Silvia Bleichmar pone el acento en la ética y en la construcción de legalidades como principio educativo, en hacer de la escuela un lugar que no sólo sea de transmisión de conocimientos sino de resubjetivación[27].


 


4.- Los comportamientos


Una de las actuaciones básicas del acosador, matón o bully es lograr la dominación del acosado, sometiéndolo a una constante presión estresante que le causa alteraciones depresivas y psicosomáticas hasta llegar incluso a producir estados psicológicos tan anómalos como para provocar comportamientos suicidas.


Las agresiones físicas pueden incluir vejaciones, abusos sexuales, golpes, puñetazos, empujones, patadas, mordidas, pellizcos, ahorcamientos, tironeo del pelo, cachetadas, tirarle objetos, etc. Indirectamente, pueden consistir en robarle sus pertenencias o esconderlas, etc.


Las agresiones psicológicas pueden cobijar una gran variedad de conductas atentatorias tanto contra la autoestima como contra la reputación de la víctima, por lo general, en grados extremos, por ejemplo, con ridiculización colectiva o pública, la intimidación, la persecución, el "ninguneo" que mezcla indiferencia con subestimación, la marginación, las continuas recriminaciones, las acusaciones insidiosas reiteradas, así como los comentarios, las actitudes, los gestos y las manipulaciones ambientales y psicosociales y las actuaciones dirigidas a atemorizar, aterrorizar, tiranizar, dominar, amedrentar, desconsiderar, ignorar e invalidar a la víctima, a sus capacidades, sus amistades, su familia, etc.


Se trata de procesos activos  que se nutren de diversos comportamientos que cuando son encubiertos no aparecen como hostiles de manera expresa o abierta, pero constituyen una verdadera sevicia por su profunda hostilidad y sincronización concatenada que horadan la dignidad y la autoestima del acosado[28].


En la dinámica bully-victim, como en las otras formas de acoso, se produce de forma sistemática y extrema, el "aniquilamiento" de la personalidad de la víctima con posibilidades de proyección exterior y hacia el futuro. Es una forma de perversión cuyas manifestaciones disvaliosas contienen un alcance lesivo de alcance impredecible e implican el aislamiento y la confusión totales de la víctima, con la consiguiente ruptura de sus vínculos sociales y de grupo y, a veces, los familiares.


Para Iñaki Piñuel y Zabala y Araceli Oñate, el acoso escolar incide sobre las víctimas de las siguientes maneras:


4.1. Bloqueo social (29,3%): se busca el aislamiento social y la marginación del acosado prohibiéndole jugar en un grupo, hablar o comunicarse con otros, o logrando que nadie le hable o se relacione con él, para quebrar la red social de sus apoyos. También puede importar hacerle sufrir presiones o humillaciones para hacerlo llorar y mostrarlo socialmente, entre el grupo de iguales, como débil, indefenso, estúpido, llorón, susceptible, hipersensible, apocado, etc. Hacerlo llorar desencadena socialmente en su entorno un fenómeno de estigmatización secundaria conocido como mecanismo de chivo expiatorio. De todas las modalidades de acoso escolar, el bloqueo social es la más difícil de combatir porque es frecuentemente invisible y no deja huella. El propio niño no identifica más que el hecho de que nadie le habla o de que nadie quiere estar con él o de que los demás le excluyen sistemáticamente de los juegos pero no advierte el porqué.


4.2. Hostigamiento (20,9%): se manifiesta como desprecio, falta de respeto y desconsideración por la dignidad del niño. El odio, la ridiculización, la burla, el menosprecio, los motes, la crueldad, la manifestación gestual del desprecio y la imitación burlesca son los indicadores de esta escala que lo rebajan hasta la humillación.


4.3. Manipulación social (19,9%): se pretende distorsionar la imagen social del niño y poner a los otros contra él presentando una imagen negativa, distorsionada y cargada negativamente respecto de lo que hace o dice, o contra todo lo que no ha dicho ni ha hecho. No importa lo que haga, todo es utilizado y sirve para inducir el rechazo de los otros. A causa de esta manipulación, los demás niños se suman al grupo de acoso de manera involuntaria, percibiendo que la víctima merece el acoso que recibe, incurriendo en un mecanismo denominado “error básico de atribución”.


4.4. Coacciones (17,4%): se busca que la víctima realice acciones contra su voluntad, ejerciendo un dominio y un sometimiento total de su voluntad. El hecho de que haga esas cosas contra su voluntad proporciona diferentes beneficios a los que lo fuerzan, pero sobre todo poder social. Los acosadores son percibidos como poderosos por los demás que presencian el doblegamiento de la víctima. Con frecuencia, las coacciones implican asimismo que el niño sea víctima de vejaciones, abusos o conductas sexuales no deseadas que debe silenciar por miedo a las represalias.


4.5. Exclusión social (16,0%): se ningunea al niño, se lo trata como si no existiera, aislándolo, impidiendo que se exprese y que participe  en juegos creando el vacío social en su entorno.


4.6. Intimidación (14,2%): Agrupa aquellas conductas que persiguen amilanar, amedrentar, apocar o consumir emocionalmente al niño mediante una acción intimidatoria, amenazas, hostigamiento físico intimidatorio, acoso a la salida del centro escolar para inducir el miedo.


4.7. Agresiones (13,0%): ya sea como acciones u omisiones que puedan causar o atentar contra el cuerpo del agredido, aunque puede ser también verbal y gesticular.


4.8. Amenazas a la integridad (9,1%): el niño es amenazado con sufrir daños en su integridad física o la de su familia.


Existen cuatro fases del proceso de acoso escolar que se analizan en el estudio realizado por Piñuel y Zabala y Oñate, sobre la base de las encuestas realizadas a 24.990 alumnos de entre 7 y 17 años pertenecientes a 1.150 aulas de 14 comunidades[29].


La primera fase es la de desencadenamiento del proceso. Un hecho cualquiera como cometer un error, orinarse en clase, sacar una nota alta o baja o incorporarse tarde al colegio o cualquier cosa que le llame la atención al agresor, puede servir para que éste decida convertirlo en su presa.


La segunda etapa se da con el comienzo del hostigamiento. Cuando la víctima ha sido elegida, el acosador comienza a buscar que el resto del grupo también se una al acoso. Le pone motes, realiza caricaturas ofensivas, le grita o lo maltrata ostensiblemente a la vista de todos. Algunos colaboran en el hostigamiento por miedo a que el instigador pueda tomarlos a ellos como las próximas víctimas y la mayoría se deja llevar por el mimetismo de la violencia, burlándose de la víctima, estigmatizándola y apartándose de ella por el simple hecho de que todos lo hacen.


La tercera fase involucra el asesinato psicológico. El niño acosado comienza a creer que todo lo hace mal y que es un desastre. Tiene una visión pesimista de la vida y de los demás e incluso piensa que los que lo acosan tienen razón, lo que provoca su derrumbe psíquico. En contra de lo que podría pensarse, según los especialistas, produce mayores daños psicológicos que le pongan un mote o lo aíslen, que por el hecho de recibir una patada.


En la cuarta fase se producen las manifestaciones psicosomáticas graves. Un 53% de las víctimas presenta síntomas de estrés postraumático (pesadillas, ansiedad, temblores, sudoración, flash back, pérdida de la capacidad de concentración), un 54,8% presenta síntomas de depresión, un 38% de autodesprecio, un 57,2 % padece disminución de la autoestima, un 53% tiene una imagen negativa de sí mismo. El 15% presenta ideas suicidas recurrentes. Ante tal cuadro clínico, no es de extrañar que con frecuencia muchos yerren en el diagnóstico y se confunda a la víctima con un enfermo mental.


La quinta fase es la de expulsión o autoexclusión escolar. Las escuelas no quieren asumir la responsabilidad de proteger a los niños y esperan que las víctimas sean quienes abandonen la escuela.


 


5.- Las partes implicadas


5.1.- Los agresores


Entre los factores individuales que determinan que algunos niños se conviertan en maltratadores o bullies se observa impulsividad, instintivismo, trastornos de negativismo desafiante y los trastornos explosivos intermitente y con alteración mixta de las emociones y el comportamiento, entre otros factores más[30].


Aunque el acosador escolar no tiene por qué padecer ninguna enfermedad mental o trastorno de la personalidad grave, presenta normalmente algún tipo de psicopatología, tales como ausencia de empatía y algún tipo de distorsión cognitiva. La carencia de empatía explica su incapacidad para ponerse en el lugar del acosado y ser insensible al sufrimiento de éste.


La presencia de distorsiones cognitivas tienen que ver con el hecho de que su interpretación de la realidad suele eludir la evidencia de los hechos y trasladar la responsabilidad a otras personas. Así, normalmente responsabiliza de su acción acosadora a la víctima, aduciendo que le habría molestado o desafiado previamente, con lo que no experimenta ningún tipo de remordimiento respecto de su conducta (los datos indican que, aproximadamente, un 70% de los acosadores responden a este perfil).


También se ha observado que el niño mal educado en la familia reproduce en la escuela los hábitos adquiridos. No respeta, ni empatiza con los profesores, ni con sus compañeros. Sus frustraciones quizá le lleven a elegir a alguien para tomarlo de punto o como chivo expiatorio. A menudo será aquel compañero que le haga patentes sus limitaciones y carencias, o que, simplemente, le parezca vulnerable.


Otro aspecto a considerar es que cuando el niño que desarrolla conductas de hostigamiento hacia otros, utiliza el método de «ensayo-error» para obtener el reconocimiento y la atención de los demás, de los que carece, llegando a aprender un modelo de relación basado en la exclusión y el menosprecio de otros. Suele estar rodeado muy rápidamente de una banda, grupo o gang de bullies o matones que se suman de manera unánime y gregaria al linchamiento colectivo a la víctima cuando falta de una autoridad exterior (como por ejemplo, un profesor, un padre o un familiar, etc.) que imponga límites a este tipo de conductas, proyectando el bully principal una imagen de líder sobre el resto de sus iguales seguidores.


El acosador principal es el instigador, el líder negativo de la camarilla de matones, bullies o acosadores. Aquí el factor grupal sirve para la cohesión del grupo, para reforzar los vínculos de amistad que son claves en la adolescencia generando una sensación de impunidad. En los grupos se desarrollan dinámicas de comportamiento o conductas masificadas que desatan persecuciones con resonancias colectivas, donde la obediencia y la desindividuación o pérdida de la conciencia de la propia individualidad de sus componentes son los elementos determinantes  de la formación del gang de acoso[31]. Fuensanta Cerezo-Ramírez explica que los motivos que llevan a un alumno a interactuar con otros, están dados por: 1) el deseo de competencia, logro, eficacia y destreza, para ser considerado “importante” por los compañeros, 2) el deseo de afiliación, se persigue la sensación de ser aceptado y querido por el grupo y 3) el deseo de poder, de controlar las alternativas de conducta de otras personas[32].


Los maltratadores pueden ser más que dos cuando se agrupan en número superior y pueden ser físicamente más fuertes que la víctima elegida. La relación es, pues, asimétrica y distinta de los casos en los que dos adolescentes de fuerzas y condiciones parejas discuten y se enfrentan. De esta manera, la víctima solitaria es acorralada por una multiplicidad de enemigos. Aquí funciona el todos contra uno: la víctima elegida como chivo expiatorio[33].


Como quienes ejercen otras formas de violencia, los victimarios son personas resentidas, frustradas, envidiosas, celosas o egoístas, necesitadas de admiración, reconocimiento y protagonismo y lo que quieren es figurar, ascender o aparentar, aun cuando simplemente deseen hacer daño o anular a otra persona al que pueden sumar el deseo de diversión. Pueden combinar los rasgos propios de un trastorno narcisista de la personalidad, del perverso narcisista descrito por Marie-France Hirigoyen o el del psicópata organizacional que analiza Iñaki Piñuel y Zabala.


Siempre existe un patrón predominante de relación social con los demás siendo la motivación básica del acosador, el deseo de disciplinar, castigar, amenazar intimidar, apocar, reducir, dominar, someter, aplanar, amedrentar y consumir, emocional e intelectualmente, a la víctima, con vistas a obtener algún resultado favorable o satisfacer una necesidad imperiosa de agredir y destruir a los demás canalizando tendencias sádicas. También obtiene como recompensas sociales, el hecho de ser valorado, considerado o temido por sus compañeros.


El placer de agredir y de dañar puede encontrarse en un proceso de victimización anterior de los victimarios y deberse al aumento de la violencia familiar y social. El intimidador en la escuela primaria “se siente superior” y le preocupa lo que puedan pensar los demás de él. En la secundaria, el maltratador dice “divertirse” y piensa que la víctima “se lo merece”[34].


Un investigación confirma la tesis del “victimario feliz”, en cuanto fenómeno emocional en el que las emociones positivas se superponen a las negativas, en el que las emociones de distanciamiento moral superan a las de responsabilidad. Las atribuciones de orgullo e indiferencia se fundamentan en justificaciones de distanciamiento moral denunciadoras de la falta de compromiso moral en el acto de maltratar. Dicho estado emocional de poder y confianza en sí mismos de los bullies, refuerza su estatus en el grupo e inhibe los deseos de terminar con los abusos[35].


La psicología actual advierte que entre los factores familiares que inducen a la violencia y determinan que algunos niños se vuelvan maltratadores de sus iguales, se encuentran en la educación al margen de la sociedad, los pobres o escasos canales de comunicación, las familias disfuncionales y el poco tiempo compartido en familia. En los acosadores escolares la existencia probable de una educación familiar permisiva que les puede haber llevado a no interiorizar suficientemente bien el principio de realidad según el cual los derechos de uno deben armonizarse con los de los demás. La consecuencia es la dificultad para ponerse en el lugar del otro por una carencia de altruismo vinculada a un ego que crece a costa de los demás, que se vuelven meros instrumentos a su servicio, y que tiene un umbral de tolerancia a la frustración muy bajo. Algunos autores denominan a este tipo de niño como niño tirano.


Adelia Setto señala que el niño agresor puede tener un progenitor también maltratador, que naturalizó esa forma de expresión como producto de los tratos que él recibió en su propia infancia o bien puede ser hijo de desempleados, de padres exigentes o descalificados en su hogar.


Los conflictos intraparentales, la violencia doméstica, las rupturas parentales, las familias poco cohesionadas, la victimización entre hermanos y la pertenencia un bajo estrato socioeconómico pueden ser también causas de riesgo de generar agresores[36].


El Dr. Olweus indica que para llegar a convertirse en bullies, los niños pueden haber tenido una educación muy severa o sin límites, provenir de padres divorciados o con conflictos, además del mal ambiente personal y la participación en deportes agresivos como el boxeo, el kick boxing o el full contact que causan un incremento en la agresividad. Hace notar asimismo que el bully está implicado en un círculo de violencia que, con el tiempo puede degenerar en vandalismo, alcohol e inclusive, delito. Destaca que un seguimiento entre 900 individuos desde niños hasta los 24 años, determinó que a los 24 años, el 60% de los que habían sido acosadores escolares tenían al menos una condena judicial. A la misma edad, los que no habían sido acosadores que tenían una condena judicial eran el 20%. Como conclusión, afirma que  hay de tres a cuatro veces más posibilidades de tener una condena de adulto si se ha sido acosador de niño[37].


Piñuel y Zabala y Oñate también analizan lo que sucede con los acosadores tras la vida escolar, advirtiendo que reproducen la violencia y la trasladan al ámbito laboral, familiar o vecinal. Señalan que el 40% de los agresores en los que persisten los desajustes sociales, manifiestan actividad criminal a la edad de 24 años[38].


También hay factores escolares que pueden crear bullies, tales como las políticas educativas que no sancionan adecuadamente las conductas violentas, ausencia de transmisión de valores, transmisión de estereotipos inadecuados en las prácticas educativas, falta de atención a la diversidad cultural, vulnerabilidad psicológica del profesorado, falta de una metodología adecuada para el control de la clase, escaso autocontrol, ausencia de modelo en la figura del maestro y falta de reconocimiento social respecto a la labor del profesorado.


Entre las variables favorecedoras de violencia y de generación de potenciales acosadores se mencionan como factores de riesgo socioculturales, los medios de comunicación y los juegos electrónicos que realizan una labor de adoctrinamiento de conductas y formas de relación que los niños y jóvenes adoptan como modelos en sus interacciones, presentan modelos carentes de valores y sin ningún sentimiento de responsabilidad por ello. Se advierte también baja calidad educativa y cultural de la programación, hay presencia frecuente de contenidos violentos, refuerzo social de juegos violentos, de temor, supervivencia individual y de búsqueda de riesgo, escaso o nulo refuerzo sobre elección de juegos educativos, formativos y cooperativos y tratamiento sensacionalista de las noticias con contenido violento[39].


 


5.2.- Las víctimas


La violencia puede canalizarse socialmente, mediante el mecanismo de regulación de grupos en crisis conocido también como el mecanismo del chivo expiatorio, con el cual se busca destruir al que no es seguidor, al que se resiste, al diferente, al que sobresale, al imbuido de férreos principios morales, etc.


Piñuel y Zabala y Oñate señalan que en el bullying se manifiesta también este mecanismo y cuando estudian a las víctimas hacen hincapié en que no son necesariamente los alumnos carentes de habilidades sociales, arrinconados por los demás por ser gordos, usar anteojos o por ser excesivamente tímidos. El acoso escolar puede recaer sobre cualquiera, incluso sobre niños absolutamente normales, felices y aplicados, que no son violentos y se consideran pasivos, los que tienen gran sensibilidad o son inteligentes o físicamente lindos, o sea, en los que despiertan envidia, pero también pueden ser elegidos los sobreprotegidos o con algún defecto físico o ser cualquier chico en edad escolar.


También se ha descubierto que hay una tendencia al menor éxito escolar  en los agresores, mientras que significativamente hay más víctimas que tienen éxito, es decir, que tienen un alto logro académico[40].


Sara Zusman de Arbiser explica que en el pasado los niños que solían denunciar ser hostigados en el colegio, tenían ciertas características comunes: eran tímidos, estudiosos, con inhibiciones para el deporte o  para participar en muchos juegos. Sin embargo, en la actualidad observa que cualquier niño puede ser acosado, pues los demás  tienden a identificarse con el hostigador y participan de su sadismo o tienen miedo a ser las próximas víctimas si no festejan las agresiones[41].


Adelia Setto explica que entre las víctimas se pueden encontrar chicos con alguna diferencia física respecto de la cual los demás advierten su vergüenza, los niños en estado de pobreza o de desprotección o quienes poseen juegos o bienes inaccesibles para otros, pero que necesitan afecto[42]. Agrega que tanto el agresor como el agredido han sufrido padecimientos a veces fácilmente comprobables, o provenir de una familia sin trabajo, de un hogar en discordia, quizá fueron testigos silenciosos de maltratos de adultos, protagonistas de maltrato físico o psicológico, fueron obligados a cumplir con un patrón social para el que su conformación físico-psíquico-espiritual no concuerda o provienen de un hogar que tiene ciertas tradiciones que hacen naturalizar la crueldad y los castigos o tiene el prejuicio de que los hombres son más fuertes si se comportan con más rudeza[43].


Normalmente, los acosados pueden llegar a experimentar un temor fundado a denunciar la situación que padecen, principalmente, porque consideran que nadie va a dar crédito a sus dichos. Inclusive, pueden llegar a admitir que se merecen lo que le está pasando, pues como el ataque se efectúa precisamente a la propia percepción que tiene de sí mismo, se instala la duda y lo que sigue es un estado de confusión que lo lleva a aceptar que ha causado el proceso[44].


Ahora bien, lo que verdaderamente importa es que las víctimas no son culpables de lo que les pasa ni resultan ser "atractores extraños" del acoso. El mito según el cual tendrían que tener "rasgos de dependencia, escasa asertividad, baja autoestima, preocupación excesiva por la opinión y aprobación de los demás, o paranoicos leves", carece de fundamentación científica alguna[45].


Además, el clima tóxico que genera el bullying tiene la virtualidad de provocar la indefensión de los afectados que soportan pasivamente la tortura al que están siendo sometidos. Como cualquier forma de violencia, el miedo genera un sentimiento de vergüenza en las víctimas, quienes mantienen  la esperanza de que la situación termine, soportando en silencio el hostigamiento[46].


Precisamente, la indefensión de la víctima en esta clase de procesos, encuentra explicación con el concepto del síndrome del “desamparo aprendido[47]” que pone de manifiesto la progresiva mutilación de su instinto de defensa. De no resultar afectado este impulso primario podría enfrentar la situación poniendo límites o actuando en consecuencia.


En cuanto a la resistencia que ofrece el niño acosado por este tipo de violencia insidiosa, si bien al principio puede oponerla según el grado de debilidad que tenga, no percibe el proceso de demolición al que está siendo sometido, a punto tal que admite inconscientemente las descalificaciones, lo que hace que se sienta culpable, acorralado, sometido, avergonzado y débil en medio de un entorno hostil que el acosador va generando lentamente y que lo deja en un estado de labilidad y vulnerabilidad. En esta misma dirección, René Girard destaca que para que la unanimidad del gang de acoso llegue a ser perfecta, la víctima debe participar de ella ofreciendo su sumisión final al veredicto de la multitud[48].


La verdadera causa del problema no se encuentra en quien lo padece o en factores psicológicos constitucionales previos sino en los aspectos situacionales tóxicos que los están causando y que tienen su origen en una agresión externa, continuada y mantenida y no en la imaginación de la víctima.


A su vez, los investigadores han reparado en que con el tiempo el maltratado puede devenir en maltratador, o sea, pasar de víctima a verdugo[49], lo cual debe ser tenido en cuenta por los padres de familia y las autoridades de los colegios.


También se ha puntualizado que es necesario adoptar una perspectiva de género en la prevención del acoso escolar, para analizar las dinámicas de acoso y victimización escolar atendiendo a la influencia de creencias culturales vinculadas al género, que hacen que la agresión se identifique con lo masculino y la victimización con lo femenino[50].


El bullying entre niñas merece asimismo un especial enfoque desde esta perspectiva. El Dr. Olweus indica que se pudo determinar que los chicos son más acosadores que las chicas y que acosan tanto a chicos como a chicas. En cambio, las niñas que acosan lo hacen de forma más sutil e indirecta: difunden rumores o bien provocan aislamiento social en la víctima. Entre las jóvenes víctimas, el 25% dice que sus acosadoras son también chicas[51].


El enfoque de género permite comprender las múltiples causas de la violencia que las niñas ejercen entre ellas atendiendo a la forma de construcción de poder entre los géneros y permite sacar a la luz la rivalidad que está presente entre ellas y se reproduce  en los ambientes escolares, cuyas causas se encuentran en la percepción de las “otras” como rivales o enemigas, la cual tiene origen en el modelo patriarcal y desencadena una enemistad calificada de “histórica” que le es funcional al modelo para que se siga perpetuando. A partir de esa “subjetividad genérica” elaborada por la cultura y las normas, valores y creencias y formas de percibir, sentir, racionalizar y accionar sobre la realidad, ya sea consiente o a través de la recreación cotidiana e inconsciente del mundo patriarcal, las niñas terminan representando una amenaza o una competencia para las otras [52].


El género es una especie de filtro con el que el mundo es interpretado. Mientras se dice que ‘los niños son más brutos pero más nobles’, de las niñas se dice que “son más inteligentes pero más malas’. Este tipo de mensaje responde a los paradigmas sobre los cuales se construyen socialmente los niños y las niñas  sobre la base de estereotipos que se transmiten de generación en generación y que se asimilan o internalizan sin filtro crítico. La construcción cultural de los seres humanos según esos modelos, determina que a las niñas les esté permitido llorar, comportarse irracionalmente, depender de una figura masculina y asumir el cuidado de los demás. En cambio, a los varones se les enseña a contener sus emociones, a ser agresivos y a mostrarse racionales  y se los prepara para la competitividad.


Esta formas de socialización pueden significar la imposición de un destino y llevar a las personas a adoptar comportamientos siguiendo pautas aceptadas y que se consideran adecuadas por el sólo hecho de ser hombre o mujer, es decir,  por pertenecer a uno u otro sexo.


La asimilación de patrones culturales de manera inconsciente, se realiza a través de los juegos y comportamientos infantiles que hacen a la construcción social de las personas. La vida de las niñas y luego, cuando son mujeres, está definida por el poder clasista y patriarcal lo que las lleva a replicar los mecanismos de opresión respecto de las demás, siendo la crítica y la envidia, la consecuencia de la rivalidad social que desarrollan y encuentra explicación y justificación  en las bases mismas de ese entramado cultural.


El bullying entre niñas suele ser de una manera encubierta, dice Enrique Chaux. Incluso la víctima, muchas veces, no sabe quién empezó un rumor o quién está excluyéndola del grupo. Es mucho más difícil para los adultos detectarlo, pues las compañeras sí saben qué es lo que está ocurriendo y podrían tomar un rol activo y decir que eso no está bien[53].


Repasemos algunos casos de niñas agredidas por otras niñas.


Una menor de 11 años, víctima de "bullying", quedó parapléjica luego de que una compañera la empujara con violencia y le causara daños en la médula en la clase de educación física de una escuela de Mercedes, Provincia de Corrientes. La agresora la hostigaba hace tiempo, la increpaba y molestaba porque había sido reina de la primavera y era bonita[54].


Otra chica de 12 años de Oberá, Provincia de Misiones fue atacada a la salida de la escuela por tres compañeras, por el hecho de ser linda y buena alumna. Una de ellas sacó un arma similar a una navaja. Si bien la víctima no llegó a ser lesionada en el rostro como se lo habían anticipado, recibió golpes de puño y patadas en distintas partes del cuerpo hasta quedar casi desvanecida en el suelo. El ataque fue filmado por alumnos de otro colegio que estaban en el lugar y por una de las agresoras[55].


En setiembre de 2013, Alondra, una joven estudiante de 14 años fue salvajemente agredida, por ser linda. Una decena de compañeras la atacó a la salida de una escuela de Quilmes. Provincia de Buenos Aires. No sólo le cortaron el rostro sino que le tiraron piedras y filmaron la agresión con un teléfono celular y el video fue subido a Internet[56].


Las consecuencias que el bullying provoca en las víctimas se manifiestan a través de problemas digestivos y musculoesqueléticos, palpitaciones, migrañas, síndrome de fatiga crónica, síndrome de colon irritable, dolores torácicos, hipertensión, alteraciones dérmicas, variaciones de peso, estrés, ansiedad, fobias, fobia escolar, falta de apetito, trastornos del sueño, insomnio, pesadillas o cambio de ánimo, agresividad, irritabilidad, pánico, ataques de rabia, llanto, depresión, aislamiento.


A nivel cognitivo se observa el temor irracional a exponerse al colegio y se produce una disminución en el rendimiento escolar.


Otra consecuencia negativa es la afectación de la vida de relación, pues se resiente la disposición a vincularse con los demás por el impacto dañoso en la autoestima que producen los procesos de acoso. A ello se puede sumar la incomprensión de los compañeros, de los docentes, de la familia y de los terapeutas lo que puede llevar al aislamiento total de la víctima e inclusive al suicidio.


La afectación de la vida de relación también puede derivar en la imposibilidad del alumno hostigado de continuar con los estudios a consecuencia del aislamiento y la estigmatización que padece. A ello se suman las limitaciones generadas por el daño psíquico que causa dificultades o imposibilidad de estudiar. Puede perder también la capacidad para defenderse por sí mismo, experimentando una perturbación en la vida de relación familiar y social, lo cual repercute en su capacidad intelectual, los afectos y en la creatividad.


El tipo de comunicación hostil y sin ética que se da en estos procesos arrastra al afectado a una posición de indefensión y desvalimiento que da lugar a la evitación y aislamiento traducido en su conducta a través de ausentismo, resistencia a participar en reuniones o a enfrentarse con sus compañeros, o en su actitud emocional desarrollando un autoconcepto negativo y también actitudes negativas hacia la escuela y la vida en general.


Si nos detenemos en el daño al proyecto de vida, creación del jurisconsulto peruano Carlos Fernández Sessarego, veremos que el bullying también implica la pérdida o el grave menoscabo de oportunidades de desarrollo personal en forma irreparable o muy difícilmente reparable[57]. Para Matilde Zavala de González, arrebatar el proyecto de vida puede importar la frustración del destino y tanto más serio es, cuánto menores sean las posibilidades de sustitución[58].


Esta categoría de daños fue reconocida en la jurisprudencia de la Corte Suprema al reconocer que los daños a la personalidad que hacen a lo doméstico, cultural o social pueden frustrar el desarrollo pleno de la vida[59].


Por otro lado, el daño a la vida de relación se entrelaza con el daño existencial pues el bullying perjudica el espacio vital de las víctimas[60], crea desequilibrios existenciales que menoscaban injustamente sus vidas, su red de relaciones familiares, sociales, culturales, etc. y se traduce en la imposibilidad de acceder a actividades que hacen a su realización y que redundan en lo que se conoce como calidad de vida, como el  impedimento a la serenidad familiar, al goce de un ambiente salubre y de una situación de bienestar o al sereno desarrollo de la propia vida[61], tal como sucede con las latentes insidias que están presentes en los nuevos modelos de comportamiento humano[62].


Existe un efecto dominó entre el bullying, la depresión y la ideación suicida. Las conductas de bullying puede generar síntomas depresivos e ideación suicida, los que  termina afectando la autoestima y diversos aspectos de la vida del adolescente, trayendo, en ocasiones, consecuencias irremediables de mayor gravedad como el suicidio consumado[63].


Iñaki Piñuel y Zabala puntualiza que el acosador consigue por fin su objetivo cuando su víctima no ve más alternativa a su ataque que quitarse de en medio, como consecuencia de la situación de estrés continuado e inevitable, de la profunda tristeza y la sensación de abandono (depresión reactiva al acoso), de la incomprensión por parte de su entorno inmediato (desde compañeros, pasando por los amigos y llegando a la familia) y, asimismo, del error en el diagnóstico de las causas del problema, del sentimiento de impotencia y de desesperanza de poder salir o escapar de la situación, como así también por el estado de deterioro en el que se encuentra, la incomprensión de la naturaleza y el verdadero origen del problema y, finalmente, por la atribución a sí mismo de ser la causa del problema.


Con  semejante cuadro no es extraño que las víctimas del “bullying” intenten suicidarse y que, en los casos más extremos, logren consumar la autoagresión mortal en algunos casos. Sin embargo, hay que tener en consideración que los procedimientos autolíticos no son uniformes y, a veces, podrían llegar a adoptar formas encubiertas, como los accidentes repetidos por algunos niños que bien podrían estar manifestando una ideación suicida no declarada.


Entre los casos de suicidio de escolares que han tomado estado público, se encuentra el de Jokin Zeberio, el adolescente de 14 años que se suicidó arrojándose desde lo alto de la muralla de Hondarribia, País Vasco (España), en septiembre de 2004, luego de sufrir el acoso de sus compañeros desde hacía muchos meses. Las incesantes amenazas, humillaciones, insultos, golpes y palizas que sufrió lo llevaron a una depresión profunda y a quitarse la vida.


Tim Ribberink, un joven holandés que  tenía 20 años, se mató por haber sido víctima de un brutal acoso  por Internet durante la mitad de su vida. Sus padres reconocieron que sabían del acoso que sufrió en la escuela primaria, pero desconocían que hubiese sido acosado a través de Internet también durante la secundaria y el inicio de sus estudios de Historia[64].


Amanda Todd fue víctima de bullying durante tres años y cuando se suicidó en el año 2012 tenía 15 años. Su caso conmocionó a Canadá, hasta el punto que el Parlamento decidió iniciar el debate de una ley para enfrentar el acoso escolar y cibernético. Cuando tenía 12 años, a través de un video-chat, un pedófilo la convenció de que le mostrase los pechos. Un año después la volvió a contactar para exigirle que se desnudara completamente a cambio de no distribuir aquellas primeras imágenes (sextorsion). Pese a acceder a eso, el pedófilo armó una página en Facebook con la foto desnuda de Amanda y las imágenes también fueron distribuidas a sus profesores, amigos y familiares.


Otro caso sucedido en Canadá es el de Rehtaeh Parsons, una joven de 17 años, quien en abril de 2013 murió a consecuencia de las heridas que sufrió al intentar suicidarse el mes anterior. Había sido violada por un grupo de cuatro jóvenes cuando tenía 15 años y pocos días después del ataque, alguien empezó a distribuir por Internet una foto de la violación entre sus compañeros de colegio con lo cual la joven sufrió un constante acoso cibernético, desde proposiciones de relaciones sexuales con desconocidos hasta insultos, lo que la obligó a cambiar de colegio y la sumió en una profunda depresión[65].


En setiembre de 2011 James Rodemeyer, quien hacía terapia para salir de la depresión dejó una carta de despedida en Facebook y se suicidó a los 14 años de edad, como consecuencia de las pesadas bromas que soportaba en la escuela y en los foros de Internet por ser homosexual.


Víctor Felleti tenía 12 años, se suicidó en abril de 2012 disparándose con la pistola de su abuelo, por que no pudo soportar las burlas que sufría en la escuela de Temperley, Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires[66].


En setiembre de 2013 Rebecca Ann Sedwick, de 12 años y originaria de Florida, Estados Unidos, se mató de camino al colegio, al saltar de una plataforma en una fábrica de cemento abandonada situada cerca de su casa, tras haber sido fuertemente acosada por Internet durante más de un año por otras compañeras a través de mensajes o aplicaciones de fotos. Más de una decena de chicas fueron identificadas como involucradas en el acoso que se habría iniciado en relación al adolescente con el que había salido algún tiempo[67].


En 2013 se produjo el suicidio de Hannah Smith, una niña de 14 años de la localidad inglesa de Leicestershire, tras sufrir bullying en el sitio social ask.fm, al que accedió en busca de consejos sobre una afección dermatológica[68].


 


5.3.- El entorno


Para poder hostigar a otro ser humano el acosador debe manipular el entorno de la víctima para lograr aliados que colaboren en el hostigamiento o bien para que no haga evidente lo obvio y para ello, lo único que el acosador le pide a sus aliados es que no hagan nada. Así, se convierten en colaboradores tácitos del proceso, buscando aislar a la víctima, creando una imagen despreciable de ella, para que sea rechazada por el grupo, logrando que los testigos sean cómplices del linchamiento moral.


El agresor logra que los demás se identifiquen con el grupo para que se expresen las conductas grupales de exclusión y acoso dentro del esquema dominio-sumisión que es el núcleo central de la dinámica del acoso. Estos fenómenos de identificación pueden estar vinculadas con la dinámica del grupo o con el “fenómeno de masa” en el que desaparecen los rasgos individuales relacionando a un líder negativo con los seguidores, secuaces o colaboradores que se someten a su voluntad[69].


 También hace que el grupo ataque sutilmente a la víctima para desestabilizarla dejándola sin defensas psicológicas, para lo cual manipula el lenguaje para dañarla y desestabilizarla.


Los espectadores se identifican como pro-agresores manifestando indiferencia ante lo ocurrido, lo que hace que el fenómeno se perpetúe y sea percibido por la víctima y por los agresores como una muestra de que la situación goza de la aprobación social del grupo de iguales, dejándola sola y desprotegida[70].


La ausencia en clase o en el centro educativo de un clima adecuado de convivencia puede favorecer la aparición del problema del acoso escolar si los profesores carecen de una formación específica en cuestiones de intermediación en situaciones escolares de conflicto y por la disminución de su perfil de autoridad dentro de la sociedad actual. En muchos casos, el papel del docente se reduce a la transmisión de los conocimientos teniendo escasa intervención fuera de los límites del aula, lo cual deja a las víctimas sin ayuda y es interpretado por los agresores en el sentido de que cuentan con apoyo implícito.


Entre quienes pueden apoyar al agresor encontramos los reforzadores que no acosan de manera directa, pero observan las agresiones y las aprueban e incitan.


Están los ajenos que se muestran como neutrales y no quieren implicarse, pero al callar están tolerando el acoso. El clima hostil y de permanente de tensión, temor y desconcierto que se genera interfiere en los procesos de aprendizaje generando conductas de obediencia, cuando no de sumisión, en la persona atacada y en los demás compañeros que dejan hacer y que no quieren fijarse en lo que ocurre alrededor facilitando o consintiendo, por tolerancia o dejadez o por connivencia, el aislamiento y el "vacío" de la víctima.


Cuando los demás compañeros, los docentes y las autoridades de la escuela, naturalizan las persecuciones y no hacen nada al respecto, se refuerzan las relaciones de poder. Los padres no se enteran lo que los niños sienten pues para ellos es difícil contarles lo que les sucede por temor a decepcionarlos[71].


Iñaki Piñuel y Zabala, cuando estudia el mobbing o acoso laboral, sostiene que quien domina de manera perversa el arte de acosar sabe que lograr testigos mudos, permite posteriormente obtener como efecto secundario, la unanimidad frente el linchamiento[72], para asegurarse la impunidad. En una cultura de silencio como la que vivimos es frecuente la falta de solidaridad y el rechazo de los compañeros, los que, cuando no son partícipes activos del proceso, se transforman en cómplices mudos y colaboradores.


Como contrapartida, los defensores pueden llegar a apoyar a la víctima del acoso pero son los menos. Según una encuesta del Centro Villa Dalcar, el 70% de los chicos no interviene cuando maltratan a un compañero. Siete de cada diez adolescentes admite ser “espectador” del bullying. En cambio, las mujeres se involucran más en defensa de los compañeros hostigados[73].


Cuando se consulta sobre la intervención de las autoridades del colegio, la mitad de los varones cree que “no hacen nada”. En relación a lo que sintieron al ser testigos del maltrato, indicaron temor, tristeza y ausencia de las instituciones.


También advierte que se genera una victimización “institucional” o “secundaria” si el afectado no sólo no obtiene ayuda en la escuela, sino que contribuye a multiplicar los efectos del acoso al adoptar como respuesta comportamientos elusivos que terminan validando el maltrato original. Puede suceder que el niño hostigado cuente con dificultad a sus maestros lo que le está ocurriendo y puede ser acusado de fabulador o mentiroso.


Si los terapeutas ignoran la patología del fenómeno, terminan culpabilizando a la víctima y haciéndola responsable, profundizando más el desamparo en el que está inmersa.


Piñuel y Zabala hace hincapié en el efecto pernicioso sobre la salud psíquica, de las “terapias positivas” de corte “culpabilizador” que no hacen sino cargar las tintas sobre el papel “protagonista” que la víctima tiene en la “fabricación de su propio mal”. Agrega que el error de atribución es uno de los mayores errores a la hora de intervenir. Se busca la causa del acoso en la víctima, produciéndose el demoledor fenómeno de la victimización secundaria. Se le saca de clase para ir a ver al psicólogo, se le señala ante sus padres o demás compañeros como un niño difícil, insociable, agresivo, depresivo, hiperactivo, neurótico que presenta necesidades educativas especiales. O bien, se emiten diagnósticos que constituyen verdaderas estigmatizaciones que no hacen otra cosa que ocultar el fenómeno del acoso, dejando al niño afectado sin recibir una atención eficaz haciéndola responsable de la situación por padecer un síndrome que otros le están causando


Si bien hay supuestos aislados en los que las escuelas y los compañeros reaccionan contra estos ataques y los denuncian, no sucede lo mismo en la mayoría de ellos. Lo que se observa usualmente es la inactividad de los compañeros y de los docentes, como así también de la institución frente las denuncias pues se desentienden del problema y no brindan ayuda efectiva, o lo que es peor, protegen activamente a los acosadores lo que ahonda la sensación de indefensión de la víctima y favorece la estigmatización y revictimización, lo cual puede suceder también en el entorno familiar y social.


Las consecuencias perjudiciales se trasmiten también al propio centro educativo por cuanto además de ver perjudicada su imagen, el proceso desencadena un mayor ausentismo y  pérdida de motivación, no sólo con respecto a las víctimas del bullying sino también respecto de otros compañeros que sufren ese clima psicosocial negativo.


Silvia Calleja advierte, en sentido concordante, que se afectan los procesos de enseñanza y aprendizaje, interrumpiendo o dificultando que la escuela cumpla con sus objetivos de lograr el desarrollo intelectual, social y moral de los escolares[74].


Finalmente, la sociedad no permanece ajena a las consecuencias económicas de los problemas de la salud y que repercuten en los gastos sanitarios asumidos por el sistema de salud.


 


6.- El cine, la televisión, las nuevas tecnologías y el cyberbullying o ciberacoso como variante


El cine y sobre todo la televisión son los grandes vertebradores de la cultura[75].


Así se observa que el mensaje implícito de determinadas películas o programas televisivos de consumo frecuente, tales como las series y los reality shows que están basados en la ridiculización, el menosprecio, el insulto y la crítica mordaz, exponen a los menores a aprender a establecer relaciones nocivas entre iguales o entre pares. Puede resultarles muy divertido reírse de otros y ser una forma de llamar la atención y de obtener un reconocimiento social hostigando o intimidando a los otros pues los valores que se ensalzan dan prioridad al maltrato como una forma aceptable para obtener reconocimiento social o para pasar el tiempo.


También los expertos coinciden en que los actos de violencia que difunden los medios de comunicación tienen efectos sobre la violencia real, sobre todo entre niños, mediante la imitación (efecto mimético directo) y el efecto insensibilizador (efecto indirecto). Se ha dicho también que la exposición repetida a las imágenes agresivas provenientes de la televisión y de otros medios es una de las causas del riesgo de la implicación de niños y adolescentes en conductas agresivas[76].


La televisión argentina  tiene 67,6% de programas de ficción con escenas violentas y en los noticieros, la violencia ocupa el 43,2% de las notas[77].


A la creciente propagación del bullying que advierte en todo el mundo se suma una nueva forma de acoso, insospechada hasta no hace tanto tiempo, que se ha abierto con el uso abusivo de las nuevas tecnologías por los/as niños/as nativos digitales, a través de mensajes vía SMS, o por la exhibición de los niños en Internet como objeto de burlas o agresiones físicas o a través de las vías de propagación que ofrecen las redes sociales como Facebook o Ask.fm.


Así, el maltrato entre iguales ha cambiado. Internet y el uso irracional de las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones, han desplegado en el espacio simbólico virtual o ciberespacio[78], el problema emergente del ciberacoso, también llamado cyberbullying por su traducción al inglés, o acoso virtual, "acoso electrónico," "e-acoso," "acoso sms", "network mobbing", "acoso móvil" "acoso en línea", "acoso digital", "acoso por internet", "acoso en internet" o "internet acoso". Esta nueva forma de maltrato se lleva a cabo con el uso irresponsable del medio electrónico, es siempre voluntaria y causa un daño recurrente y repetitivo. Desafortunadamente, este tipo de violencia ejerce un atractivo entre los jóvenes que la toman como una forma de diversión[79].


El término ciberacoso fue usado por primera vez por el educador canadiense Bill Belsey, en tanto que el psicólogo Peter K. Smith  acuñó el término cyberbullying en 2006 para describir este uso abusivo de la tecnología informática como herramienta para el acoso. El fenómeno se ha incrementado a partir del fácil acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación, donde existen factores propios que no están presentes en el bullying presencial tales como el anonimato, la ausencia inmediata de consecuencias y efecto desinhibidor por falta de responsabilidad, ausencia de claves contextuales, miradas, lenguaje corporal y culpabilidad[80].


Este problema caracteriza por ser una especie de bullying no presencial, porque no se ejerce cara a cara sino mediante el uso de información electrónica y medios de comunicación, tales como sitios personales, comunidades virtuales, sitios o salas de chat para entablar relaciones, correo electrónico, redes sociales, blogs, mensajes de texto instantáneos, MSN, ICQ, mensajes anónimos de teléfonos móviles sin registro y websites difamatorias para injuriar, calumniar, perjudicar y acosar a un individuo o grupo, mediante ataques personales u otros medios[81].


También hay amplitud de la potencial audiencia, el contenido digital es imperecedero, existe la expansión rápida de lo que se difunde, la fuerza física o el tamaño no importan, el acosador digital puede  no ser un marginal pues entabla buenas relaciones con los docentes[82].


En cuanto a los padres, sólo el 5% conocen las actividades que realizan sus hijos en la red y los sitios que visitan, por ello se recomienda que apliquen herramientas de seguridad que ayuden a protegerlos[83].


Recientes estudios sugieren que niños de entre 12 y 17 años de edad, de nivel socioeconómico medio-alto que cuentan con dispositivos móviles, acceso abierto a redes sociales y correo electrónico, son los más vulnerables a este tipo de acoso que ha contribuido a incrementar de modo exponencial las formas del maltrato y de intimidación, que aumenta en las escuelas, ya que éstas son un punto de acceso frecuente a Internet para los menores. Inclusive, 7 de cada 10 profesores son víctimas de cyberbullying, por lo que prefieren evitar relacionarse con sus alumnos a través de las redes sociales.


Las redes sociales son muy comunes en la sociedad actual y además de socializar, estrechar lazos y hacer amigos, pueden dar lugar al ciberacoso o cyberbullying entre jóvenes e incluso en niños pequeños, quienes tienen cierta confusión sobre la privacidad y publicidad de estos espacios. Según los datos del eurobarómetro, el 42% de los niños de 6 años están en alguna red social, aunque éstas tienen prohibida la entrada a menores de 14 años.


En la Provincia de Buenos Aires, el bullying, acoso físico y psicológico que sufre 1 de cada 3 chicos en la escuela, se incrementa cuando el hostigamiento utiliza las redes sociales. El Ministerio de Salud bonaerense ha advertido que si bien no hay cifras certeras sobre la cantidad de afectados sabemos que es un problema que afecta a muchísimos chicos y que repercute en su salud mental y física. A su vez, las autoridades sanitarias bonaerenses advirtieron que en los últimos tiempos el bullying está convirtiéndose en una pesadilla de 24 horas, ya que dejó de reducirse al ámbito de la escuela para colarse en los hogares a través de las redes sociales y las nuevas tecnologías[84].


El perfil genérico del ciberacosador es el de una persona fría, con poco o ningún respeto por los demás, es un depredador que puede esperar pacientemente conectado a la red, participar en chat o en foros hasta que entabla contacto con alguien que le parece susceptible de molestar, generalmente mujeres o niños; y que disfruta persiguiendo a una persona determinada, ya tenga relación directa con ella o no. Disfruta y muestra su poder persiguiendo y dañando psicológicamente a esa persona, cuya vulnerabilidad se eleva a límites exponenciales con la sensación de simultaneidad y de omniubicuidad que le da Internet al depredador “en línea” (on line predator)[85]. La invisibilidad le permite lograr  una posición de poder constituyéndose en un observador invisible, en un cobarde que se oculta tras el aparente anonimato que le conceden los seudónimos y la falsificación de identidad que puede obtener en Internet lo cual lo hace sentir seguro de no sufrir reprimendas.


Durante un tiempo el ciberacosador va recopilando toda la información posible acerca de su víctima, su vida privada y sus movimientos en la Red, mediante el uso de buscadores, foros, chats, y más recientemente, a través de redes sociales como Facebook, Tuenti, Habbo, MySpace, Flickr, Skype, Twitter, Sonico, Linkedin, Xing, etc.


La cantidad de información que recopile de la víctima dependerá principalmente de la inocencia de su presa a la hora de manejar sus datos y de su obsesión por ella, ya que cuanto más esté obsesionado, mayor interés pondrá en buscar en foros de hackers y en aprender los conocimientos informáticos necesarios para conseguir información sobre su presa. Si ésta tiene conexión a Internet buscará el modo de conectar con ella, ya sea a través de las redes sociales, de clientes de mensajería instantánea, o mediante el envío de correos electrónicos infectados. Una vez que consiga acceder a su correo, procederá al robo de todos sus contactos y toda su información privada. Monitorizará su ordenador mediante el uso de rootkits y registradores de teclas. Si desconoce su ubicación, irá rastreando la IP desde donde se conecta la víctima para hallar su ubicación.


Para obtener más información, o si no puede contactar con la víctima, el ciberacosador buscará información personal de ella usando el mismo método pero a través de sus amigos, familiares, compañeros, vecinos, etc.


Una vez obtenida la información inicia su proceso de acoso motivado por la obsesión amorosa, el odio, la envidia, la venganza o la incapacidad de aceptar un rechazo[86].


El colaborador manipulado por el ciberacosador puede mencionar algún tema personal o incluso información privada y confidencial sobre la víctima, por ejemplo, enviando correos difamatorios con información falsa, instando a los testigos/colaboradores que indaguen sobre ello.


Los agresores y los colaboradores y/o los testigos del ciberacoso normalmente relativizan o infravaloran las consecuencias de sus acciones, considerándolas como una "broma pesada", que “no pasa nada”, que es divertido. A su vez, los espectadores son los que sostienen el proceso por cuanto sólo puede continuar si lo toleran.


El ciberacosador puede enviar e-mails a alguien que ha dicho que no quiere permanecer en contacto con el remitente o en amenazas o intimidaciones o tener connotaciones sexuales, etiquetas peyorativas (p.ej., discurso del odio).


La violación de la intimidad del acosado se produce por la usurpación de la clave de correo electrónico para cambiarla de forma que su legítimo propietario no lo pueda consultar, la lectura de los mensajes de la víctima, el robo de fotos, vídeos, audios, datos personales, tarjetas de crédito, contraseñas, archivos, contactos del entorno de la víctima y de sus familiares.


A título ilustrativo, y sin agotar las infinitas posibilidades del uso irracional de los medios electrónicos, el ciberacosador puede calumniar o injuriar de diferentes maneras: 1) accediendo de forma ilegal a la cuenta de correo electrónico, red social, red de mensajería instantánea, suplantando la identidad de la víctima e insultar a sus contactos, 2) enviando e-mails tanto de forma anónima (fácil con los e-mail gratuitos, en los que se puede falsear la identidad), o manipulados para indicar que lo envió el acosado poniéndolo en una difícil situación en la que su credibilidad quedaría en duda (flaming), 3) realizando comentarios ofensivos en foros o participando agresivamente en chats haciéndose pasar por la víctima de manera que las reacciones vayan posteriormente dirigidas a ella cuya personalidad ha usurpado, 4) manipulando fotografías del acosado retocándolas y subiéndolas a la Red con el único objetivo de herirlo y asustarlo, 5) colgando en la red una página dedicada a la víctima con contenidos personales sensibles, ofensivos y /o pornográficos para asustarla y conseguir lo que desea o una imagen comprometida (real o efectuada mediante fotomontajes), cosas que pueden perjudicarla o avergonzarla y difundiéndolos a sus relaciones siendo las fotos, vídeos, o audios previamente robadas de su ordenador (outing), 6) haciendo circular rumores en los cuales se imputa a la víctima un comportamiento reprochable, ofensivo o desleal, de forma que sean otros quienes, sin poner en duda lo que leen, ejerzan sus propias formas de represalia o acoso, 7) dando de alta, con foto incluida, a la víctima en un web donde se trata de votar a la persona más fea, a la menos inteligente y cargarle de “puntos” o “votos” para que aparezca en los primeros lugares, 8) creando un perfil o espacio falso en nombre de la víctima (suplantación de persona), donde escribe a modo de confesiones en primera persona determinados acontecimientos personales, demandas explícitas de contactos sexuales, que son difundidas en el entorno de la víctima para que sea humillada y no obstante no esté al tanto de lo que sucede, a pesar de ser la protagonista, 9) enviándole menajes amenazantes por e-mail o SMS, persiguiéndola o acechándola en los lugares de Internet en los se relaciona de manera habitual para agobiarla, 10) usando al celular para el bombardeo de llamadas o realizando llamadas ocultas a horarios inoportunos, llamadas silenciosas  o amenazas graves que incluyen insultos, gritos o mensajes intimidatorios, 11) dando de alta la dirección de correo electrónico de la víctima en determinados sitios para que sea destinataria de spam, de suscripciones, de contactos con desconocidos, 12) saturando los buzones con diferentes técnicas, tales  como el mail bombing que consiste en un envío masivo de un mensaje idéntico a una misma dirección, el mail spamming o bombardeo publicitario a miles de usuarios hayan estos solicitado el mensaje o no, o el junk mail o correo basura, muy parecido al anterior, es una propaganda indiscriminada y masiva a través del correo.


Entre los casos de suicidios por ciberacoso ya hemos mencionado anteriormente los de Tim Ribberink, Amanda Todd, James Rodemeyer, Phoebe Prince, Rehtaeh Parsons, Rebecca Ann Sedwick y Hanna Smith. Lamentablemente, no son los únicos, pues también han sucedido otros casos dramáticos como los de Megan Meier[87], Ryan Halligan[88] y Tyler Clementi[89] que se informan en la web y día a día se suman más casos lamentables.


Existen nuevas formas de acoso que se dan actualmente a través de los medios electrónicos y son los siguientes: 1) el texting que es el uso del texto ofensivo, 2) el sexting o sexteo que es el uso de lenguaje sexual o el envío de contenidos eróticos o pornográficos por medio de telefonía móvil que se puede replicar en redes sociales, 3) el grooming que es el acoso a menores de edad por un adulto creando un ámbito de confianza para atentar contra su integridad sexual[90].


También se exponen las imágenes de maltrato y peleas en páginas web y en sitios de Internet.


El alcance y magnitud del contenido ilegal de Internet ha dado lugar a la creación de la Internet Watch Foundation (IWT) fue fundada en 1996 por los estados miembros de la Unión Europea y empresas relacionadas con Internet con el fin de poder denunciarlo.


Asimismo, las redes sociales como Facebook, Tuenti y Myspace permiten denunciar una página, grupo, perfil, o mensaje de forma anónima y proporcionan un correo o formulario de contacto para informar abusos.


Algunas de ellas han establecido medidas para verificar la edad, como por ejemplo la de Tuenti, aunque no es de las más efectivas. My Space ha creado una guía específica para el menor, pone todos esos perfiles en configuración privada por defecto y ha puesto en marcha una web dónde pueden acudir los padres si están preocupados. Estados Unidos tiene una ley específica de protección del menor en Internet que obliga a que los padres a que envíen una autorización firmada por correo o dar los datos de su tarjeta de crédito para registrarse en las páginas y tienen derecho a solicitar información al operador. También prohíbe que a los menores se les solicite su teléfono o su dirección.


 


7.- Los bienes jurídicamente tutelados de los niños y/o adolescentes que resultan lesionados por el fenómeno del bullying y/o el cyberbullying


La Convención sobre los Derechos del Niño adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989 supone una nueva concepción del niño como sujeto de derechos humanos.


Invocando los principios inspiradores de la Carta de las Naciones Unidas y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que consideran que el respeto de los derechos humanos es el fundamento de la paz en el mundo, la Convención se apoya en que “el niño debe estar plenamente preparado para una vida independiente en sociedad y ser educado en el espíritu de los ideales proclamados por la Carta de las Naciones Unidas” si bien teniendo en cuenta que “por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidados especiales” (lo que señala reproduciendo la Declaración de Derechos del Niño adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959).


En su art. 2.2 establece el deber de los Estados partes de tomar las medidas correspondientes para garantizar la no discriminación de los menores.


En su art. 3.1 consagra el interés superior del niño como eje fundamental de las medidas que deban tomar las instituciones intervinientes, cualquiera sea su carácter y función.


A su vez, el artículo 2 en su inc. 2, plasma el compromiso asumido por los estados partes a asegurar al niño la protección y el cuidado que sean necesarios para su bienestar, como así también de adoptar todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual.


La Constitución Nacional, además de incorporar con jerarquía constitucional los Tratados Internacionales en el art. 77, inciso 22, consagra en el artículo 14 los derechos a enseñar y aprender y en el artículo 16 el derecho a la igualdad. A su vez, el artículo 75 inciso 19, tercer párrafo, establece que el Congreso debe proveer lo conducente a la participación de la familia y la sociedad, la promoción de los valores democráticos y la igual de oportunidades y posibilidades sin discriminación alguna, entre otras.


La ley 26061 de Protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes establece los principios, derechos y garantías de éstos y un sistema de protección integral de éstos.


La Ley de Educación Nacional 26.206 consagra asimismo el respeto irrestricto a la dignidad e intimidad de las personas y el respeto a los derechos y responsabilidades de cada persona, la resolución no violenta de conflictos, el respeto y la aceptación de las diferencias (arts. art.8 y127, inc.c) y el rechazo explícito a toda forma de discriminación, hostigamiento, violencia y exclusión en las interacciones (arts. 11, inc. e y f, y 126, inc.d), lo cual también es postulado por la Ley contra la Discriminación 23.592 (arts. 1 y 2).


 


8.- La regulación legal del problema


En tanto el derecho es básicamente un instrumento para resolver problemas[91] y toda vez que también debe rescatar necesariamente los valores, la legislación específica de este nuevo flagelo que es el bullying viene a ser una prioridad.


En el ámbito provincial la ley 10151 de la provincia de Córdoba, promulgada el 7.6.13 dispone incorporar a los diseños curriculares de los niveles primario y secundario la enseñanza de la problemática relacionada con el acoso y la violencia entre los escolares. Ordena la confección de un cuadernillo sobre el tema y formar una base de datos para elaborar estadísticas, analizar casuísticas y diagramar estrategias tendientes a diagnosticar, prevenir y disuadir esta problemática.


            La ley 7245 de la Provincia del Chaco, promulgada el 5.7.13, crea el programa de detección, prevención y tratamiento del acoso escolar o bullying y del cyberbulling para asesorar y formar a los padres y a los menores en las nuevas tecnologías y en sus consecuencias dañosas.


En la provincia de Corrientes, la ley 6212, promulgada el 24.6.13 crea la figura del Comité de Convivencia Escolar a los efectos de prevenir toda forma de violencia escolar y toda manifestación hostil conocida como bullying y exhorta el Ministerio de Educación a dictar un Código de prevención del bullying y la violencia escolar.


En el orden nacional, el Congreso aprobó el 11.9.13 una ley para prevenir la conflictividad en las escuelas, no sólo el bullying, promoviendo la creación de equipos especializados para la prevención e intervención. Indica que los equipos de diagnóstico tienen que estar atentos a cómo está cambiando la violencia escolar a partir de la masificación de las nuevas tecnologías.


La nueva norma prevé la creación de instancias de participación donde docentes, padres y alumnos puedan prevenir y solucionar situaciones violentas. Los alumnos tendrán un espacio donde puedan plantear sus problemas, los docentes podrán intervenir y los padres no se quedarán afuera: pasan a tener un rol activo en la resolución de conflictos.


Y también dispone que haya sanciones para el bullying que serán educativas, graduales y progresivas, atendiendo el contexto y garantizando el derecho a la educación, por lo cual las autoridades de la escuela tendrán que buscarle otro establecimiento donde estudiar al acosador, si como medida extrema se decide su expulsión. El Ministerio de Educación ya está trabajando en una guía con pautas claras para que los docentes. Y también deberá habilitar una línea telefónica gratuita para que aquellos que no se animan a contar lo que les pasó o sientan que la escuela no los escucha[92].


 


9.- La responsabilidad


9.1.- De los padres


            Se ha declarado que las consecuencias del temperamento del menor díscolo deben ser sufridas por los padres y no por los terceros ajenos a su vigilancia y educación. En tal caso, los padres responden aún a pesar de haber acreditado una total vigilancia, porque en el artículo 114 del Código Civil subyace la idea de una obligación de garantía por los defectos del carácter del hijo[93]. Este criterio bien puede ser aplicado a los casos de bullying.


            No obstante, en un caso en el que el niño acosado sufrió graves agresiones (se le debió extirpar un testículo), cuando fue llevado a la terraza del colegio contra su voluntad, encerrado y golpeado fuertemente, se juzgó que los padres no debían responder porque habían transferido la guarda a la autoridad escolar. Para el Dr. Carlos Parellada, en esta hipótesis no cesa la responsabilidad de los padres, pues ello tampoco ocurre cuando los hijos están al cuidado de parientes o de personal doméstico. Añade que la responsabilidad de los progenitores por los daños causados a terceros es objetiva y se funda en el ejercicio de la patria potestad ya que han engendrado al hijo y conducido sus primeros pasos, contribuyendo en mayor o menor medida a formar su responsabilidad. El carácter restrictivo de la interpretación de los hechos que llevan a configurar como eximente la transferencia de la guarda se justifica por cuanto las víctimas no pueden terminar soportando las consecuencias de la desorganización familiar. Concluye el Dr. Parellada que la escuela no asume la guarda jurídica del menor sino una guarda transitoria asumiendo sólo su custodia material[94].


En sentido concordante, en otro pronunciamiento se ha responsabilizado a los padres por la infracción a sus deberes de buena educación y vigilancia activa de sus hijos menores[95]. En cuanto a estos deberes se puntualizó que tienen caracteres y características espaciales, temporales y modales que pueden presentarse en tantas variaciones como la vida misma[96].


Entre los fallos extranjeros, se destaca el dictado por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, con fecha el 8.2.11, en el cual se absolvió de responsabilidad al centro escolar donde estudiaba el menor de 14 años Jokin Zeberio quien se suicidó por haber sido acosado por siete compañeros. En cambio, condenó a los padres de los agresores a pagar una indemnización por el daño moral causado a los progenitores de la víctima. El tribunal consideró que no obstante que el niño fue víctima de bullying, el colegio había actuado como es debido y que los "problemas" que sufría no se producían sólo allí, sino también fuera del ámbito escolar[97].


 


9.2.- De los establecimientos educativos


El deber de garantía que emerge de la obligación de seguridad en cabeza de las instituciones educativas, el cual es de resultado debido a que se refiere en concreto a asegurar la indemnidad psicofísica del niño o adolescente que concurre a la entidad. Como el artículo 1117 del Código Civil regula como único supuesto de eximición de responsabilidad los casos en que "los propietarios de los establecimientos educativos probaren el caso fortuito", de nada le valdrá a la institución que se demande que trate de certificar que su personal obró con la mayor diligencia en el evento; su responsabilidad se le impondrá de todos modos ya que no es la culpa o negligencia la que fundamenta la obligación de responder sino el deber de garantía objetivo. La responsabilidad de los establecimientos educativos que establece el citado artículo 1117 del Cód. Civil (reformado por la ley 24.830), comprende a los privados o estatales sin efectuar distinción alguna. Se refiere a todos los supuestos en que la enseñanza se imparte a personas menores de edad a través de una organización de tipo empresarial que supone control de una autoridad. Con la nueva redacción de dicha norma se ha consagrado un caso de responsabilidad objetiva instaurando una suerte de garantía fundada en el riesgo de la empresa pero no se ha entendido que la educación constituya una actividad riesgosa y peligrosa, sino que se contempla que aquél que brinda el servicio educativo de modo organizado, tiene el deber de prestarlo sin producir daños. La ley ha virado pues, de la culpa al deber de garantía, mediante el cual -acontecido el perjuicio- se enrostra como regla la obligación de responder a los propietarios de esos entes educativos; más allá de toda idea de reproche subjetivo a la conducta de éstos o a la que pudieron haber desplegado alguno de su docentes o auxiliares dependientes[98].


Se ha declarado que el incumplimiento de la obligación de seguridad abarca los hechos que suceden fuera del establecimiento en tanto tienen su causa dentro de él[99], sin que corresponda atenerse a horarios fijos[100].


En general, se ha dicho que el cumplimiento de este deber comprende los sucesos que entran en el desarrollo de la vida escolar[101], tales como los que ocurren como consecuencia de la relajación de la disciplina o por insuficiente vigilancia[102], cuando media falla en la autoridad y en el cuidado que debía proveer el director lo que obstó a que el daño pudiera ser impedido[103].


Se ha puntualizado asimismo que no se puede alegar que existió una causa ignorada y caso fortuito cuando los daños sufridos por el menor se debieron a la golpiza que otro le propinó, pues el hecho demuestra que la diligencia en la educación no fue eficiente[104].


La Cámara Civil y Comercial de Mar del Plata, Sala III, en el fallo dictado en la causa “S., C.J. c. M., D. E. y otra” del 20.11.12 condenó al gobierno bonaerense como propietario del establecimiento educativo a pagar una indemnización a un alumno que fue herido durante una pelea, por cuanto, según se expresó en el fallo, en tiempos violentos como los actuales, la escuela  ya no sólo es un ámbito exclusivo para enseñar sino que debe ser también un lugar de “contención social”.  El hecho sucedió el 16.5.00, cuando dos alumnos discutieron a la salida de la clase de química y uno de ellos cortó con una trincheta el cuello del otro, la cual era una herramienta de uso escolar. Según el tribunal es absolutamente previsible que un niño o adolescente cometa un acto de indisciplina mientras este se encuentra sujeto a la autoridad escolar y sus acciones no son ajenas o extrañas al establecimiento que lo tiene bajo cuidado”. Para el tribunal la pelea no se trató de un “caso fortuito” y dejó en claro que no había dudas acerca de la responsabilidad que tuvieron las autoridades del colegio. En el pronunciamiento se dijo que desde hace bastante tiempo se ha operado un cambio en la dinámica escolar. La masividad, la inconducta ay los hechos de violencia y el escaso acompañamiento familiar son datos que requieren nuevas formas de prevención[105].


Entre los fallos extranjeros, cabe mencionar el dictado por la Audiencia Provincial de Álava (España) en junio de 2005, mediante el cual se confirmó la condena impuesta a la escuela por el acoso "grave" y "continuado" que sufrió una alumna de 13 años durante el curso 2001-2002 por parte de un grupo de compañeros de su misma aula, por cuanto la dirección del establecimiento no había actuado diligentemente cuando tuvo noticias por parte de la alumna de lo que pasaba[106].


En diciembre de 2006 un juzgado de Écija (Sevilla, España) condenó a un colegio a indemnizar a una menor que durante tres cursos soportó agresiones psicológicas "reiteradas y constantes" por parte de sus compañeros de clase, las cuales tuvieron relación directa con sus padecimientos (depresiones, insomnio y vómitos, entre otros). Se consideró que existió falta de diligencia del centro educativo para evitar el acoso al que estaba sometida[107].


En el año 2009 la Audiencia Provincial de Madrid (España) responsabilizó al Colegio Suizo y lo condenó a indemnizar a la familia de un niño acosado de 10 años, por cuanto  el establecimiento y los profesores incurrieron en negligencia. El escolar había sido objeto de vejaciones por parte de sus propios compañeros de clase. Uno de estos episodios tuvo lugar en 2006, cuando al niño lo filmaron durante el recreo en el momento en el propinaban con la mano y con un estuche blando hasta 21 golpes en la cabeza, la nuca, las piernas y la espalda. El vídeo fue usado por el padre del menor para sostener la denuncia[108].


En abril de 2011 el Juzgado n° 44 de Madrid (España) condenó a la Congregación Hermanas del Amor de Dios, como titular del centro educativo, a indemnizar a los padres de un alumno acosado desde los 8 años por un grupo de compañeros de forma "continuada, colectiva y reiterada en el tiempo" cuando cursaba la primaria[109].


El Juzgado de 1ª Inst. Nº 2, de Vitoria (España), el 1.2.05, declaró responsable al establecimiento por los daños morales sufridos por las alumnas a consecuencia de las agresiones físicas y psíquicas que les infligieron sus compañeros (vejaciones, insultos, golpes, tocamientos y amenazas). Durante los intervalos que mediaban entre clase y clase aprovechaban que no había un profesor dentro del aula para atacarlas, apostándose uno de ellos en la puerta para vigilar que no viniera nadie. El tribunal juzgó que existió negligencia por parte del colegio pues no actuó a pesar de que recibió una denuncia, la cual, desde un primer momento, tenía una relevante gravedad[110].


La Sala Civil 2° del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal (México) condenó a una escuela privada al pago de la indemnización de los daños sufridos por un menor de 12 años que fue atacado por otro de 15 años con una silla, provocándole lesiones. También participó el hermano mayor del agresor, de 17 años, quien golpeó a la víctima produciéndole heridas severas por las cuales tuvo que ser hospitalizado. El tribunal consideró que el colegio no garantizó un espacio libre de violencia, pues no mantuvo el orden dentro de sus instalaciones y el incidente sucedió por omisión y falta de acción de las autoridades del colegio[111].


En agosto de 2013 el Tercer Juzgado de Familia de Cusco (Perú) condenó al director y a dos profesores del Colegio Salesiano a indemnizar el daño moral sufrido por un alumno por haber omitido acciones preventivas y correctivas ante un caso de acoso escolar o ‘bullying’ que sufrió cuando algunos compañeros lo agredieron físicamente, insultaron, se burlaron de él, lo amenazaron y le quitaron sus cosas. Los padres del menor informaron de lo ocurrido a la dirección y  los profesores, en vez de velar por la integridad del estudiante, no le prestaron la debida atención, vigilancia y cuidado para evitar el acoso[112].


La 13° Cámara Civil del Tribunal de Justicia de Rio de Janeiro (Brasil) condenó al Colegio de Nuestra Señora de la Piedad a indemnizar el daño moral a la familia de una alumna que sufrió bullying. En 2003 había sido agredida físicamente y verbalmente por parte de sus compañeros sufriendo fobia escolar, insomnio, terror nocturno, síntomas psicosomáticos como jaquecas y dolores abdominales. La Cámara consideró que el daño moral debía ser reparado por la escuela por cuanto en ausencia de los padres, estaba obligada a mantener la integridad física y psíquica de los alumnos.


El 9° Juzgado Civil de Santiago (Chile) declaró que el establecimiento educacional era responsable por el daño moral sufrido por la familia de la menor, en tanto denunció el bullying sostenido y constante del cual era víctima desde que cursaba séptimo básico en ese lugar. Se acreditó una serie de ataques sicológicos por parte de compañeras de curso de la niña, e incluso un episodio de violencia física en su contra propinado por uno de los padres de las presuntas agresoras, quien la había  zamarreado[113].


 


9.3.- De los profesores, docentes y agentes de la educación


La doctrina sostiene que cuando se les quiere imputar responsabilidad por el hecho personal, se requiere la prueba de la culpa personal[114].


En sentido concordante, se ha resuelto asimismo que la obligación del establecimiento de otorgarle seguridad física de los menores no debe ser trasladada sin más al docente encargado del curso, por cuanto debe existir a su respecto un factor de atribución subjetivo de conformidad con lo normado por el art. 1109 del Código Civil[115].


Por el contrario, un fallo de un tribunal italiano declaró que la culpa de la maestra había consistido en estar ausente cuando debió estar presente, lo cual motivó que no controlara la pelea que se había desatado en cuyo transcurso un alumno arrojó a otro un objeto contundente, lo que motivó que perdiera un ojo, el tribunal descartó que el hecho fuese sorpresivo e inevitable[116].


 


9.4.- Del Estado


La ley 26.061 de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes  consagra, en su artículo 5, la responsabilidad gubernamental por la formulación y ejecución de políticas públicas estableciendo como prioridad absoluta la protección y auxilio en cualquier circunstancia. Agrega en el artículo 7 que debe asimismo asegurar políticas, programas y asistencia apropiados para que la familia pueda asumir adecuadamente la responsabilidad en el cuidado, desarrollo y educación integral de sus hijos y para que los padres asuman, en igualdad de condiciones, sus responsabilidades y obligaciones[117].


Además, el Estado debe brindar una capacitación permanente sobre las problemáticas socioafectivas del aula y no sólo sobre cuestiones pedagógicas, ya que no puede dejar de intervenir cuando la violencia aparece en cualquier área amenazando la vida y la salud de las víctimas y los derechos humanos, cuya promoción no puede soslayar. Debe promover la prevención, movilizar los interlocutores sociales, fomentar la investigación, desarrollar los programas y publicar los estudios que recomienden las prácticas a seguir.


En definitiva, la prevención del fenómeno por parte del Estado debe estar basada en la posibilidad de lograr un substancial cambio cultural de los valores, actitudes, expresiones verbales y maneras de interacción en los ámbitos escolares, el cual, como proceso a largo plazo, puede ser favorecido por esfuerzos combinados dirigidos a crear conciencia y a despertar la percepción clara e individual del fenómeno.


 


9.5.- De los menores


En 2006 un Juzgado de Menores de Jaén (España) condenó a un año de libertad vigilada a cuatro menores por acosar y dar una paliza a un compañero de 14 años.


En noviembre de 2007, también en Andalucía (España), tres ex compañeros de un joven acosado fueron condenados, dos de ellos a pasar ocho fines de semana en un centro de reforma y, al tercero, a 70 horas de prestaciones en beneficio de la comunidad[118].


En marzo de 2013, el 5° Juzgado de Familia de Lima (Perú) impuso una pena socioeducativa a un menor de edad que ejerció ‘bullying’ en contra de su compañero de 12 años. El agresor fue declarado coautor de la infracción a la ley penal contra la vida, el cuerpo y la salud y se le impuso la pena de libertad asistida por el período de cuatro meses, que será cumplida en el Servicio de Orientación al Adolescente en donde iba a recibir una terapia psicosocial[119].


 


10.- Las estrategias de abordaje


Los casos de agresión entre los estudiantes, ya sea en el ámbito escolar o virtual aumentan considerablemente y de manera exponencial por cuanto la violencia se aprende y se desarrolla en la interacción social, lo que requiere el compromiso de los padres y de las autoridades escolares para lograr una intervención eficaz no sólo en la prevención sino en la transformación de los modelos conductuales.


La prevención es esencialmente un mecanismo neutralizador de perjuicios no causados o minorador de los efectos nocivos de los que están en curso de ejecución y tiene un justificativo ético (la preservación de la vida y la integridad psicofísica de los trabajadores), económico (evitación de los costos laborales) y sociológico (conformación de una mentalidad cultural dinámica que genere un quehacer activo solidario y cooperativo)[120].


Se estima que la intervención simultánea sobre factores individuales, familiares y socioculturales, es la única vía posible de prevención del acoso escolar que se puede realizar en distintos niveles.


La prevención primaria es responsabilidad de los padres (apuesta por una educación democrática y no autoritaria), de la sociedad en conjunto y de los medios de comunicación (en forma de autorregulación respecto de determinados contenidos). La información y la capacitación de los niños y adolescentes en derechos humanos son prioritarias como así también la protección de ellos contra toda forma de maltrato, acoso, abuso y discriminación en la escuela, el establecimiento de códigos de conducta y buenas prácticas en las relaciones interpersonales, el apoyo a campañas informativas y la articulación de procedimientos y fórmulas para recibir denuncias, investigarlas y sancionar a los agresores, pero también para solucionar las eventuales situaciones de violencia o acoso escolar de cualquier naturaleza antes de que se causen daños.


La prevención secundaria consiste en adoptar las medidas concretas sobre la población de riesgo, esto es, los adolescentes (fundamentalmente, promover un cambio de mentalidad respecto a la necesidad de denuncia de los casos de acoso escolar aunque no sean víctimas de ellos), y sobre la población directamente vinculada a esta, el profesorado (a través de la formación en habilidades adecuadas para la prevención y resolución de conflictos escolares) y los padres quienes en su mayoría no tienen suficiente diálogo con ellos y desconocen las actividades que sus hijos realizan en la red y los sitios que visitan, por lo que se les recomienda estar más atentos a los cambios que experimentan en sus comportamientos y a aplicar herramientas de seguridad para protegerlos e informarse sobre estos nuevos medios[121].


El camino de las soluciones reclama una intervención integral aunando la acción de los padres, la escuela y el contexto social. Los adultos y los menores de edad deben aprender a anticiparse a los conflictos. Importa el fortalecimiento emocional de los adolescentes, de su capacidad empática de saber ponerse en el lugar de otros y de aprender a afrontar situaciones ingratas y superarlas. Lo inaceptable es que padres, docentes y autoridades ignoren o marginen de toda consideración una cuestión de este relieve, que puede dejar marcas gravísimas en la salud física y mental de los chicos[122].


Por último, una prevención terciaria serían las medidas de ayuda a los protagonistas de los casos de acoso escolar.


Pilar Arroyave Sierra destaca que según la Unesco, la educación debe modificarse, debe cambiar su foco del énfasis académico a una apertura integral, basándose no solamente en lo académico si no en las virtudes del estudiante y trabajando para la aceptación de la diferencia entre las diferentes posturas y, además, debe desarrollar en el ser humano la capacidad de convivir en ambientes de respeto y seguridad para cada uno. Esta educación debe iniciarse desde los primeros años de crecimiento del niño con entrenamiento en asertividad y manejo del enojo, entre otros aspectos. Se debe hacer una intervención en habilidades sociales, que muchas veces solo son instauradas en niños con dificultades de comportamiento pero no en niños con fobias o tímidos que estarían más expuestos a la victimización. Con respecto al fenómeno del bullying, en particular, es fundamental poner en evidencia el papel del testigo y el rol que este juega en la perpetuación del acoso. Todo esto es importante, porque cuando no se tienen en cuenta, se deja al agredido en silencio, sin permitirle resignificar este evento y convirtiéndose en un secreto a voces[123].


Los estudios de percepción de estudiantes deben enfocarse en detectar el sentido y manifestaciones de la violencia; en realizar las investigaciones ligadas al campo de la convivencia y el clima escolar, que se crucen con temáticas relacionadas con la normatividad y disciplina escolar; e investigar el vínculo entre violencia escolar y delincuencia y en analizar las creencias (preconcepciones) y las relaciones emergentes entre niños, padres y docentes como principales actores del proceso de socialización del niño. La educación impartida por los padres o responsables desde el supuesto saber de adulto, pretende hacer valer a través de su autoridad y tiene una actitud en ocasiones represora y en otras, demasiado condescendiente. Con ello se libera de la obligación del verdadero cuidado abandonando la comprensión de las necesidades de los menores, de sus reales intereses[124].


Otra forma de intervención sería a través del dictado de medidas cautelares o de protección como la dispuesta por la Corte Constitucional de Colombia, con fecha 30.11.11 que hizo lugar a la acción de tutela interpuesta por los padres a favor de la hija en tanto se le vulneraron los derechos fundamentales a la dignidad y a la educación. Ordenó al Ministerio de Educación Nacional para que, en coordinación con otros organismos estatales, formule una política general que permita la prevención, la detección y la atención de las prácticas de hostigamiento, acoso o “matoneo escolar”, que sea coherente con los programas actuales y que constituya una herramienta básica para la actualización de todos los manuales de convivencia.


Si bien la mediación no es efectiva para reducir el bullying por que hay víctimas que se deben proteger[125], el método de resolución de conflictos podrían aplicarse sólo como medio para prevenir la violencia y para mejorar la convivencia educativa, a través de la formación acerca de pensar, dialogar y negociar en caso de discrepancias o desacuerdos. Un posible método de resolución de conflictos debe tener en cuenta la definición del conflicto, el establecimiento de los objetivos y su ordenación según su importancia, el diseño y elección de las posibles soluciones y llevarlas a la práctica, la valoración de los resultados obtenidos y, si no son los deseados, repetir todo el procedimiento para tratar de mejorarlos.


Los especialistas Piñuel y Zabala y Oñate cuestionan la eficacia de las comisiones de convivencia, mediadores o especialistas en resolución de conflictos, pues se le retira la autoridad al profesor para corregir y reprochar conductas, derivándola a esas comisiones que tardan días o semanas en decidir. El agresor no aprende a tiempo que su conducta es reprobable porque el mensaje le llega 25 días después. Para los expertos convendría crear un Plan integral de intervención en materia de acoso que apueste por el protagonismo de los profesores y les devuelva la posibilidad de actuar inmediatamente a través de “Protocolos de buen trato”, una dinámica de creación de normas de comportamiento contra la violencia y el maltrato que los propios alumnos elaboran y que el colegio asume como propias.


María Jesús Irurtia, José Mª Avilés, Víctor Arias y Benito Arias hacen referencia a la intervención integral y ecológica con la participación de los agentes implicados. Las víctimas deben ser entrenadas en habilidades sociales (alfabetización emocional) y asertividad, para proporcionarles estrategias efectivas para defender sus derechos, protegerse a sí mismas, favorecer su integración en el grupo, expresar de forma eficaz y socialmente aceptable sus emociones y deseos, mejorar sus habilidades de comunicación, e incrementar su autoestima y confianza en sus propias destrezas y capacidades. El programa de entrenamiento debe ser personalizado, y sus características dependerán de los resultados obtenidos en la evaluación anterior. Las técnicas de modificación de conducta como el contrato conductual y el modelado debe involucrar tanto a víctimas como a bullies para abordar el cambio de actitudes con técnicas de corte cognitivo. A su vez, los agresores deben entrenarse en autocontrol, en el modelado de la conducta social apropiada y en técnicas de modificación de conductas. Respecto de la clase cuanto al trabajo con el resto de compañeros de la clase, las actitudes de los mismos pueden ser de aprobación o rechazo hacia la conducta del agresor; al mismo tiempo, el comportamiento de los espectadores hacia la agresión puede ser activo o pasivo. Dado que el comportamiento predominante entre los espectadores es el pasivo, uno de los objetivos de la intervención ha de ser desplazar tanto actitudes como conductas hacia el sector activo-desaprobador, a fin de crear en el aula un clima de rechazo activo hacia la agresión que se convierta en un instrumento más para controlar la conducta del bully. Trabajamos sobre una intervención ardua si se desean obtener resultados efectivos y duraderos; es por ello fundamental la colaboración del profesorado a la hora de controlar posibles brotes de comportamiento agresivo y co-dirigir de forma eficaz el proceso de cambio de actitudes dentro del grupo[126].


Otros métodos que se mencionan son el Programa Multicomponente Aulas en Paz, el Proyecto Sevilla Anti Violencia Escolar (SAVE), y el Olweus Bullying Prevention Programm, además del Método Pikas[127].


A su vez, el método de preocupación compartida que proponen Manuela Jiménez, Melisa Castellanos y Enrique Chaux tiene cinco pasos que involucran: 1) conversaciones individuales con los intimidadores, 2) conversaciones con la víctima, 3) preparación para una reunión entre intimidadores y la víctima, 4) reunión entre intimidadores y la víctima en la cual el interventor compensa el desbalance del poder y 5) seguimiento del caso[128].


En cuanto al ciberacoso, los aspectos nucleares y la naturaleza común que presenta con el bullying presencial, las estrategias de prevención e intervención pueden ser comunes. En cuanto a las específicas es conveniente formar a los estudiantes en cuanto a un uso racional y adecuado de las nuevas tecnologías y sobre el uso de información privada que se facilita en la red, con códigos de buenas prácticas aceptados y mecanismos de supervisión y acompañamiento a los chicos/as. Además, se debe intervenir para sensibilizar a través de folletos y campañas, formar a la comunidad educativa que incida en los potenciales peligros, aprender a reconocer los signos en los implicados, el impacto del cyberbullying, sus efectos y por qué algunas personas usan por qué algunas personas usan esos medios para intimidar a otras y sobre cómo defenderse. También sobre el uso de instrumentos específicos para su evaluación y alcance en los contextos educativos. También medidas preventivas comunes con el bullying tradicional, que combatan los procesos de dominio y abuso de unos sobre otros. La educación moral debe ser establecida como base de las relaciones interpersonales presenciales o virtuales, el trabajo en la ayuda y la amistad como antídotos del bullying, la adquisición de competencias sociales y actitudes prosociales en las relaciones de aula, la mejora del clima escolar en las dinámicas relacionales entre el alumnado, la resolución de los conflictos de forma colaborativa o la posibilidad de vías de comunicación entre el alum-nado con los adultos cuando haya dificultades en la convivencia grupal[129].


Finalmente, no se puede soslayar la importancia de la respuesta judicial que esté acorde con la resonancia social del problema a través de la comunicación de un mensaje de valores y principios, en armonía con las exigencias colectivas pues la misión del Poder Judicial encierra una intervención fuertemente preventiva y tutelar[130].


Esta respuesta ha sido explicitada en la sentencia dictada el 15.7.05 en el caso de Jokin Zeberio por la Audiencia Provincial de Guipúzcoa, que declaró que frente a los comportamientos de crueldad que los compañeros ejercieron sobre el adolescente se requiere: 1) ratificar la importancia del respeto a la dignidad y la salud de todos los menores que se integran en el medio escolar, 2) desaprobar la conducta vejatoria y lesiva protagonizada mediante la trasmisión de un mensaje explícito de reprobación del comportamiento perceptible por el destinatario de la medida, 3) reconocer la significación del sufrimiento infligido a la víctima y a su entorno familiar y 4) crear un marco de contención educativo que, a través de la responsabilización por la conducta desarrollada, evite que los menores vuelvan a humillar, vejar y dañar.


 


Reflexiones finales


El creciente desarrollo del estudio, en la primera etapa de percepción y comprensión del bullying y del ciberbullying, nos muestran que para superar la acuciante realidad actual que se vive en los ambientes escolares, se debe instrumentar un cambio superador de los modelos relacionales entre iguales para encontrar las respuestas éticas y las estrategias de intervención y de control más adecuadas.


Partiendo de la base de que la ética de la responsabilidad, de la solidaridad y del cuidado debe nutrirse de virtudes y de las más altas cualidades, las autoridades educativas  deben estimular el diálogo y la reflexión entre los alumnos a través de un aprendizaje participativo que permita atender también a la compleja realidad global y tener en cuenta las inquietudes que genera esta patología y la deshumanización de las relaciones que produce.


Las medidas preventivas deben implementarse cuando se identifican riesgos de que las dinámicas grupales puedan desembocar en comportamientos violentos, aun antes de que se manifiesten, ya que la prevención es una respuesta dinámica a la violencia. Se debe apuntar asimismo a la supresión de los factores predisponentes y en la evaluación a largo plazo de cada intervención.


Los esfuerzos de la comunidad educativa enderezados a construir espacios de convivencia y de aprendizaje de valores en las escuelas, deben ser acompañados por los de los padres y los de los profesionales de la salud mental.


Además de las tareas de difusión y concientización acerca del bullying y del ciberbullying, el Estado debe regular el problema, no sólo para establecer las sanciones correspondientes, sino también para implementar políticas públicas para cumplir los tratados de derechos humanos y para fomentar programas y medidas de índole cultural y educacional para la promoción y protección de tales derechos.


Es importante -y también urgente- crear entornos escolares libres de violencia informando, concientizando, sensibilizando y previniendo estas sociopatologías.


 






[1] SANMARTÍN, JOSÉ, La violencia y sus claves, Ed. Ariel, Barcelona, 2001, ps. 70/71.




[2] Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud, año 2002, http://www.who.int/violence_injury_prevention/violence/world_report/en/abstract_es.pdf, página visitada el 13.9.13




[3][3] BRINGIOTTI, MARIA INÉS, KRYNVENIUK, MARTA y LASSI, SILVIA, p.25 de la obra colectiva Violencia y escuela, Propuestas para comprender y actuar, compilada por Gerardo Averbuj y otros, Ed. Educared, Buenos Aires, 2007.





[5] AZEVEDO, JEFFERSON CABRAL, MIRANDA, FABIANA AGUIAR DE, MANHÃES, FERNANDA CASTRO y SOUZA, CARLOS HENRIQUE MEDEIROS DE, O ciberbullying e suas relações com as estruturas psíquicas, www.dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3988625.pdf‎, página visitada el 16.9.13




[6] SANMARTÍN, JOSÉ, La violencia y sus claves, Ed. Ariel, Barcelona, 2001, p. 19.




[7] http://www.elpais.com.uy/informacion/la-envidia-laboral-es-la-principal-causa-de-acoso.html




[8] www.cordis.lu/tmr/home.html, página visitada el 12.9.13




[9] JAGER, THOMAS y AMADO, JOAO, Visionary. A European Internet Portal on violence prevention in schools, http://www.oecd.org/edu/country-studies/34739283.pdf, página visitada el 12.9.13




[10] Bullying, un maltrato que merece mayor prevención, http://www.lanacion.com.ar/1612490-bullying-un-maltrato-que-merece-mayor-prevencioninShare, página visitada el 12.9.13




[11] 10 tips para prevenir el bullying, Hospitales Angeles Última actualización: 16-11-2011,http://www.salud180.com/jovenes/10-tips-para-prevenir-el-bullying página visitada el 12.9.13




[12] JIMÉNEZ, MANUELA, CASTELLANOS, MELISA y CHAUX, ENRIQUE, Manejo de casos de intimidación escolar: Método de Preocupación Compartida, Rev. Pensamiento Psicológico, Vol. 6, N°13, 2009, pp. 69-86, disponible en http://portales.puj.edu.co/psicorevista/components/com_joomlib/ebooks/PS13-5.pdf página visitada el 16.9.13




[13] ARROYAVE SIERRA, PILAR, Factores de vulnerabilidad y riesgo asociados al bullying, Revista CES Psicología, Volumen 5 Número 1 Enero-Junio 2012 pp. 116-125, disponible en http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3977327 página visitada el 16.9.13




[14] Advierten que las redes sociales potencian los riesgos de “bullying”, http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/educacion/advierten-que-redes-sociales-potencian-riesgos-bullying%E2%80%9D página visitada el 12.9.13




[15] Aseguran que el hostigamiento se multiplica con el uso de las redes sociales,  http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/advierten-que-redes-sociales-amplifican-bullying página visitada el 12.9.13





[17] Acosados y sin protección legal. http://www.lavoz.com.ar/editorial/acosados-sin-proteccion-legal página visitada el 9.9.13




[18] Bullying, un maltrato que merece mayor prevención, artículo de La Nación citado




[19] Una historia de bullying sacada de una película de terror, http://www.infobae.com/2013/09/08/1507345-una-historia-bullying-sacada-una-pelicula-terror pagina visitada el 20.9.13




[20] Bullying, un maltrato que merece mayor prevención, artículo de La Nación precitado




[21] GIRARD, RENE, cita de la obra “Veo a Satán caer como el relámpago, Anagrama, Barcelona, 2002, mencionada en el libro de PIÑUEL Y ZABALA, IÑAKI, “Neomanagement, Jefes tóxicos y sus víctimas”, Ed. Debolsillo, Barcelona 2006, p. 14.




[22] RECUPERO BRUNO, GIOVANNI, ”Il danno existenziale nel contesto del danno risarcible” cit. por Mendeliwicz, J. D., El daño existencial: alcances de la doctrina y jurisprudencia italiana, LA LEY, Supl. Act. 30.9.04.-




[23] CERVANTES BENAVIDES, LAURA ELIZABETH y ESTRADA OLGUÍN, ROBERTO, Una propuesta para identificar, clasificar y tipificar el Bullying (Acoso Escolar), Revista Iberoamericana para la Investigación y el Desarrollo Educativo ISSN 2007 – 2619 Publicación N° 10 Enero – Junio 2013 RIDE, disponible en http://www.ride.org.mx/docs/publicaciones/10/derechos_humanos_fundamentales_nuevas_tecnologias/A06.pdf página visitada el 20.9.13




[24] GALLEGO, JUAN PABLO, Niñez maltratada y violencia de género, Ed. Ad Hoc, Buenos Aires, 2007, p. 46.




[25] VERNIERI, MARÍA JULIA, Violencia escolar ¿Se puede hacer algo?, Ed. Bonum, Buenos Aires, 2012, p. 20.





[27] BLEICHMAR, SILVIA, Violencia social – Violencia escolar. De la puesta de límites a la construcción de legalidades, Ed. Noveduc, Buenos Aires, 2012, p. 50.




[28] FERREIRÓS, ESTELA, La discriminación como forma de violencia y de agravio a la inherente dignidad humana, RDLSS 2007-2-100





[30] IRURTIA, Mª JESÚS, AVILÉS, JOSÉ Mª, ARIAS, VÍCTOR y ARIAS, BENITO, El tratamiento de las víctimas en la resolución de los casos de bullying, Amazonica - Revista de Psicopedagogia, Psicologia Escolar e Educação, Ano 2, Vol 2, Nº 1, http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4030100 página visitada el 20.9.13




[31] ALCOVER DE LA HERA, CARLOS, Procesos grupales y sociales en las conductas agresivas y de acoso “bullying”, cit. por PARÉS SOLIVA, MARINA, Procesos grupales y sociales en el bullying, http://www.acosomoral.org/pdf/bullying2007.pdf página visitada el 16.9.13




[32] CEREZO-RAMÍREZ, FUENSANTA, Bullying a través de las TIC, Boletín Científico Sapiens Research, Vol. 2(2)-2012, ps. 24-29, http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3973451 página visitada el 16.9.13




[33] GIRARD, RENÉ, La ruta antigua de los hombres perversos, Ed. Anagrama, Barcelona 2002, p. 37.




[34] Siete de cada diez participan como "espectadores", http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/siete-cada-diez-participan-como-%EF%BF%BDespectadores, página visitada el 20.9.13




[35] CAURCEL CARA, MARÍA JESÚS, Estudio evolutivo del maltrato entre iguales desde la percepción y el razonamiento sociomoral de los implicados, tesis doctoral Universidad de Granada, Facultad de Ciencias de la Educación, http://www.yumpu.com/es/document/view/14033770/estudio-evolutivo-del-maltrato-entre-iguales-desde-la-percepcion-y-el- página visitada el 20.9.13




[36] ARROYAVE SIERRA, PILAR, artículo citado




[37] ALVAREZ, RAFAEL J. y GRAS, RAQUEL Dan Olweus, padre del término "bullying", El Mundo de Baleares. 09-10-2005, http://arcoatlantico.balearweb.net/post/6773 página visitada el 14.9.13




[38] ARROYAVE SIERRA, PILAR, artículo citado




[39] IRURTIA, Mª JESÚS, AVILÉS, JOSÉ Mª, ARIAS, VÍCTOR y ARIAS, BENITO, artículo citado




[40] AVILÉS MARTÍNEZ, JOSÉ MARÍA, Éxito escolar y ciberbullying, http://www.uv.es/seoane/boletin/previos/N98-5.pdf, página visitada el 20.9.13




[41] ZUSMAN DE ARBISER, SARA, Claves para entender el acoso escolar. Los acosados ya no son los chicos "débiles", como ocurría habitualmente. http://www.lavoz.com.ar/suplementos/salud/claves-para-entender-acoso-escolar página visitada el 12.9.13




[42] Siete de cada diez participan como "espectadores", artículo del diario La Voz precitado




[43] El bullying es cosa de grandes, http://www.lavoz.com.ar/opinion/%EF%BF%BDbullying-es-cosa-grandes página visitada el 12.0.13




[44] PIÑUEL Y ZABALA, IÑAKI, Mobbing, estado de la cuestión, Barcelona 2008, p.132




[45] PIÑUEL Y ZABALA, IÑAKI, La personalidad de las víctimas del mobbing. (Sobre el caso de El Pequeño David); http://mobbingopinion.bpweb.net/artman/publish/article_748.shtml




[46] TSJ de Cataluña, Barcelona, 6.6.01, Sala de lo Social, sentencia  4847/2001




[47] Este término es conocido en inglés como “learned helplesness”. Fue estudiado por Martin Seligman en 1960 y explica el mecanismo de cómo la persona puede pensar que no puede controlar su ambiente, lo cual le impedirá asimismo alcanzar otras metas en otras situaciones.




[48] GIRARD, RENÉ, La ruta antigua de los hombres perversos,  cit., p. 50.




[49] El bullying es cosa de grandes, artículo del Diario La voz precitado




[50] NAVARRO OLIVAS, RAÚL, Factores psicosociales de la agresión escolar: la variable género como factor diferencial, Cuenca 2009, ed. De la Universidad de Castilla-La Mancha, https://ruidera.uclm.es/xmlui/handle/10578/1005 página visitada el 20.9.13




[51] RAFAEL J. ALVAREZ y RAQUEL GRAS, Dan Olweus, padre del término "bullying", El Mundo de Baleares. 09-10-2005, http://arcoatlantico.balearweb.net/post/6773 página visitada el 14.9.13




[52] LAGARDE, MARCELA, Enemistad y sororidad: hacia una nueva cultura feminista, Fin de siglo, género y cambio civilizatorio, Ediciones de las Mujeres N° 17, 1992, Isis Internacional, p.92




[53] http://www.larepublica.pe/22-03-2013/el-bullying-entre-ninas-se-da-de-manera-encubierta







[57] FERNÁNDEZ SESSAREGO, CARLOS,“El daño al proyecto de vida en una reciente sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos”, Revista de Responsabilidad Civil y Seguros, Ed. La Ley, Año 1999, p.210; del mismo autor, “Nuevas reflexiones sobre el daño psíquico”, Revista de Responsabilidad Civil y Seguros, Año 2000, p. 135.




[58] ZAVALA DE GONZÁLEZ, MATILDE, Daño a proyectos de vida, LA LEY 04/07/2005, 1 y RCyS 2005-IV, 1 




[59] C. S., 1/12/92, "Pose c. Pcia. de Chubut", LL, 1994-B-434




[60] MENDELEWICZ, JOSÉ D., El daño existencial. Alcance de la doctrina y jurisprudencia italiana, A LEY, Supl. Act., 30.9.04.




[61] MENDELEWICZ, JOSÉ D.  El daño existencial. Alcance de la doctrina y jurisprudencia italiana, LA LEY, Supl. Act., 30.9.04.




[62] RECUPERO BRUNO, GIOVANNI, artículo precitado




[63] ROMAN LEAL, YACKELINE y SOSA PEREZ, ANA DANIELA, Relación entre los agentes involucrados en el bullying (víctimas y agresores) y los niveles de depresión e ideación suicida en adolescentes del Edo Lara, disponible en http://bibhumartes.ucla.edu.ve/DB/bcucla/edocs/repositorio/TEGBF637B85R452012%20.pdf página visitada el 16.9.13









[69] OSORIO, FERNANDO, Bullying. Matón o víctima. ¿Cuál es tu hijo?, Bs. As. 2011, ps. 67 y ss.




[70] CAURCEL CARA, MARÍA JESÚS, artículo citado




[71] ARROYAVE SIERRA, PILAR, art´ciulo citado




[72] PIÑUEL Y ZABALA, IÑAKI, Neomanagement, jefes tóxicos y sus víctimas, precit. p.65




[73] Siete de cada diez participan como "espectadores", artículo del diario La Voz precitado




[74] ¿Por qué un niño agrede? http://www.lavoz.com.ar/analisis/que-nino-agrede página visitada el 20.9.13




[75] SANMARTÍN, JOSÉ, La violencia y sus claves, precit., p. 113




[76] NAVARRO OLIVAS, RAÚL, artículo precitado




[77] CASTRO SANTANDER, ALEJANDRO  y VARELA TORRES, JORGE, Depredador social: bully y ciberbullying, Ed. Bonum, Buenos Aires, 2013, p. 62.




[78] AZEVEDO, JEFFERSON CABRAL, MIRANDA, FABIANA AGUIAR DE, MANHÃES, FERNANDA CASTRO y SOUZA, CARLOS HENRIQUE MEDEIROS DE, artículo precitado




[79] CEREZO-RAMÍREZ, FUENSANTA, artículo citado




[80] AVILÉS MARTÍNEZ, JOSÉ MARÍA, artículo precitado


[80] ZUSMAN DE ARBISER, SARA, artículo del Diario La Voz precitado




[81] AZEVEDO, JEFFERSON CABRAL, MIRANDA, FABIANA AGUIAR DE, MANHÃES, FERNANDA CASTRO y SOUZA, CARLOS HENRIQUE MEDEIROS DE, artículo precitado




[82] CASTRO SANTANDER, ALEJANDRO  y VARELA TORRES, JORGE,  op. cit., p. 147.




[83] VARAS, JANET T., Acoso psicológico por Cyberbullying, http://www.salud180.com/jovenes/acoso-psicologico-por-cyberbullying, página visitada el 12.9.13




[84] Aseguran que el hostigamiento se multiplica con el uso de las redes sociales, advirtió hoy el Ministerio de Salud bonaerense, http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/advierten-que-redes-sociales-amplifican-bullying página visitada el 12.9.13




[85] CEREZO-RAMÍREZ, FUENSANTA, artículo citado




[86] CHACÓN MEDINA, ANTONIO, "Una nueva cara de Internet: El acoso, , http://www.ugr.es/~sevimeco/revistaeticanet/Numero1/Articulos/NUEVACARADEINTERNET.pdf, página visitada el 14.9.13




[87] http://www.meganmeierfoundation.org/, página visitada el 30.9.13




[88] http://www.ryanpatrickhalligan.org/, página visitada el 30.9.13




[89] http://www.tylerclementi.org/, página visitada el 30.9.13




[90] TOMEO, FERNANDO, El impacto en las redes sociales en el año 2011, LA LEY, Supl. Actualidad del 3.5.12




[91] LORENZETTI, RICARDO L., Teoría de la decisión judicial, Fundamentos de derecho, Ed. Rubinzal, Buenos Aires, 2006, p.11 y nota 2.




[92] http://www.clarin.com/sociedad/Acoso-escolar-bullying-cambia-nueva_0_992301065.html




[93] C.Civ. y Com., San Isidro, sala I, Feola, Norma c. Di Pietrantonio A., D.J. 1992-1-856.




[94] C.Nac. Civ., sala I, G., R.M. v. Instituto Inmaculada Concepción de Ntra. Señora de Lourdes, comentado por C. A. Parellada, La violencia en el ámbito educativo. La responsabilidad de los padres y la de los dueños de los establecimientos educativos, J.A. 2012-III, p. 705.




[95] SCJBA, 21.4.98, E.D. 183-368.




[96] C.Civ. y Com., San Nicolás, 5.7.83, Peroni, Fernando E. c. Ordoñez, Néstor R.




[97] La sentencia está publicada in extenso en http://mobbingopinion.bpweb.net/artman/publish/article_1786.shtml página visitada el 16.9.13




[98] C.Nac. Civ., Sala B, 10/11/2010, C., A. E. v. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ABELEDO PERROT Nº: 70067965




[99] BELLUSCIO, AUGUSTO C. y ZANNONI, EDUARDO, Código Civil y leyes complementarias, comentado, anotado y concordado, t.8, p. 1141 y fallo mencionado en la nota 87




[100] BELLUSCIO, AUGUSTO C. y ZANNONI, EDUARDO, op. cit., p. 1139 y fallo mencionado en la nota 84




[101] BELLUSCIO, AUGUSTO C. y ZANNONI, EDUARDO, op. cit., p. 1138




[102] C.Civ. y Com., San Isidro, Sala I, septiembre de 1997, R.V.  c. Dirección de Escuelas Pcia. de Buenos Aires, causa 72625




[103] SCJBA, 6.4.93, D.J.B.A., 144-251




[104] C. Civ. y Com. San Isidro, Sala I, 31.10.96, C.J.M. c. G.M.G.





[106] http://elpais.com/elpais/2009/01/05/actualidad/1231147024_850215.html




[107] Íd. anterior




[108] Íd. anterior









[114] BELLUSCIO, AUGUSTO C. y ZANNONI, EDUARDO, op. cit., p. 1145




[115] C.Nac. Civ., sala M, 20/05/11, causa S., R. C. y O. v. D., I. B. y O., ABELEDO PERROT Nº: 20110886




[116] BELLUSCIO, AUGUSTO C. y ZANNONI, EDUARDO, op. cit., p. 1146 y fallo citado en la nota 107




[117] BUSTOS, MARÍA JOSÉ, Situación legislativa de la violencia escolar, LA LEY,  supl. Actualdiad del 7.2.13






[120] SAUX, EDUARDO I., “La acción de daño temido como mecanismo preventor del perjuicio todavía no cuasado”, J.A, 1994-III-705.




[121] VARAS, JANET T., artículo precitado




[122] Bullying, un maltrato que merece mayor prevención, artículo de La Nación precitado




[123] ARROYAVE SIERRA, PILAR, artículo citado




[124] ¿Por qué un niño agrede?, artículo del Diario La Voz precitado




[125] CASTRO SANTANDER, ALEJANDRO  y VARELA TORRES, JORGE,  op. cit., p 161.




[126] IRURTIA, Mª JESÚS, AVILÉS, JOSÉ Mª, ARIAS, VÍCTOR y ARIAS, BENITO, artículo citado




[127] CASTRO SANTANDER, ALEJANDRO  y VARELA TORRES, JORGE, op. cit., p. 162 y ss.




[128] JIMÉNEZ, MANUELA, CASTELLANOS, MELISA y CHAUX, ENRIQUE, artículo precitado




[129] AVILÉS MARTÍNEZ, JOSÉ MARÍA, artículo precitado




[130] MORELLO, AUGUSTO M., "Un nuevo modelo de justicia", LA LEY 1986-C-800; La reforma de la justicia, Ed. Abeledo-Perrot, Buenos Aires 1991, p. 414, TINANT, EDUARDO L., ¿Inactividad material administrativa o abandono de persona? (¿o un tertius genus: abandono de deber?), JA 2001-I-464