La indefensión de la víctima del mobbing, por Patricia Barbado


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 El hecho por el cual aquellos que padecen el acoso psicológico en el trabajo no puedan defenderse tiene explicación.


Una de las preguntas más usuales es la de por qué no se defiende la víctima del acoso psicológico en el trabajo, fenómeno llamado también mobbing. Los especialistas coinciden en que esto no sucede porque sea vulnerable, apocada, “desajustada”, loca, masoquista o porque le guste el sufrimiento.


Por el contrario, la respuesta se encuentra en la propia perversión del proceso que le impide entender este tipo de comportamientos. Una vez instaurada una pseudosituación de dominio mediante palabras de seducción y de amenaza simultáneas, el agresor consigue hacer dudar al agredido de su propia percepción y la confusión que le genera lo paraliza, le impide defenderse.


La víctima no puede creer que el hostigador busque su destrucción. Intentará entonces encontrar explicaciones y procurará disolver el conflicto que no logra identificar, explica la célebre experta francesa Marie France Hirigoyen.


Tampoco hay posibilidad de enojo porque no hay un problema visible: solo señales difusas que capta y le dan una idea vaga de que hay algo latente que la está afectando. Su constante sentimiento de frustración le impide recuperarse de cada microataque porque el agresor le impide que pueda comprender lo que sucede, manteniéndolo en la incertidumbre. Y cuando todo parece haberse calmado, otro ataque se manifiesta. Que el agredido advierta este mecanismo patológico no le conviene al acosador ya que reaccionaría y saldría del juego destructor.


La naturalización de la violencia psicológica


El entorno y la propia víctima, tal como sucede con las mujeres golpeadas, consideran naturales los comportamientos violentos, como parte de la vida, que es lo que siempre sucede. Se alude a “internas”, a “conflictos personales” y se buscan las más variadas justificaciones que solo contribuyen a mantener invisibilizadas las prácticas de violencia psicológica


Esto se explica con el concepto del síndrome del “desamparo aprendido” que pone de manifiesto la progresiva mutilación del instinto de defensa que experimenta la víctima. De no resultar afectado este impulso primario, podría enfrentar la situación poniendo límites o actuando en consecuencia. Los propios agredidos son los que encubren la violencia al negarse a hablar, con lo cual el miedo y el silencio se erigen en los cómplices perfectos para enmascarar a los acosadores en la atmósfera de confusión que también crean.


Cómo afrontar el acoso laboral


El punto de partida es considerar que la violencia laboral y, en especial el acoso psicológico, constituye la causa de uno de los dramas humanos más devastadores ocasionados en el nuevo escenario en el que se desenvuelve el entorno sociolaboral de nuestros días. También permite identificar a los verdaderos autores, pero por sobre todo, hace posible hacerles frente.